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'El día de la revelación': Steven Spielberg y la fe en los extraterrestres

La película, en línea con 'Encuentros en la tercera fase', presenta a los alienígenas como redentores de la humanidad

‘El día de la revelación’: Steven Spielberg y la fe en los extraterrestres

Escena de 'El día de la revelación', de Steven Spielberg. | Universal Pictures

Entretener y emocionar. Son los dos primeros mandamientos de la biblia cinematográfica de Steven Spielberg. Después se sumarían otros, como la mirada humanista, la fe en el heroísmo individual del humilde ciudadano y la defensa del sueño americano y la democracia… Spielberg es un descendiente directo de Frank Capra que se ha estudiado a fondo la narrativa visual de Alfred Hitchcock.

Ahora, cuatro años después de la autobiográfica Los Fabelman, llega a las pantallas, con fanfarria de blockbuster veraniego, El día de la revelación. Rodada a sus muy lozanos 79 años, es la cuarta incursión en un tema que le apasiona: los extraterrestres, y llega después de Encuentros en la tercera fase, E.T. y La guerra de los mundos.

Spielberg lleva toda la vida aprovechando cada entrevista en que le sacan el tema para proclamar su fe en la existencia de los extraterrestres y sus visitas a la Tierra. Y como es un hombre de espíritu optimista, los ve como salvadores de la humanidad. Su credo al respecto quedó expresado en 1977 en Encuentros en la tercera fase, con la que El día de la revelación tiene muchas conexiones y similitudes. E.T. forma parte de la misma liga de alienígenas benévolos, mientras que la única pieza discordante es La guerra de los mundos, que hay que leer como su respuesta a través de la ciencia ficción al horror del 11-S. En este caso, los invasores alienígenas eran tan despiadados como los terroristas islamistas. Y el rostro cubierto de ceniza de Tom Cruise en una escena era una referencia directa a las imágenes de la multitud huyendo de las Torres Gemelas.

En El día de la revelación regresan los extraterrestres afables. Los protagonistas son dos humanos que no se conocen entre sí, pero cuyos destinos están unidos por algo que les sucedió en la infancia. Uno de ellos es un hacker (Josh O’Connor, en modo héroe íntegro prototípico de Spielberg), que al salir de la cárcel fue contratado por una empresa que guarda bajo siete llaves las pruebas de la presencia extraterrestre en la Tierra. La otra es una meteoróloga de un canal local (estupenda Emily Blunt, entre el dramatismo y la juguetona ironía) que de pronto se pone a hablar sin ningún esfuerzo en varias lenguas que no conoce, como el ruso y el coreano.

A estos dos personajes destinados a encontrarse los persiguen los agentes de la mencionada empresa secretista (comandados por Colin Firth en un raro papel de malvado) y los protegen unos conjurados (cuyo líder es Colman Domingo, un actor que pone cara de buena persona como nadie).

Episodio de ‘Expediente X’

Unos quieren hacer pública la presencia de extraterrestres en nuestro mundo, que el Gobierno lleva 79 años ocultando. Y los otros pretenden evitar a toda costa que este secreto salga a la luz. La idea de las conspiraciones para ocultar este asunto dio pie a una mítica serie de los años noventa del siglo pasado, Expediente X, que contaba con dos frases que se hicieron celebérrimas: «Quiero creer» y «La verdad está ahí fuera». Spielberg, como el agente Mulder al que interpretaba David Duchovny, quiere creer y El día de la revelación podría ser un episodio de Expediente X.

La película gira alrededor de una pregunta ya clásica: ¿Está la gente preparada para conocer la verdad? A la que Spielberg, poniéndose trascendente, añade otra: si existen los extraterrestres, ¿en qué lugar queda Dios? Para esta segunda cuestión es relevante el personaje de la novia del hacker, una exnovicia (Eve Hewson) que acude a su antigua madre superiora en busca de refugio. De todos modos, no se lleven a engaño, El día de la revelación está a años luz de las complejidades metafísicas de La llegada de Villeneuve o Interstellar de Nolan, no digamos ya del 2001 de Kubrick.

Spielberg y su guionista David Koepp —en su quinta colaboración con él— meten en la coctelera de la trama el incidente de Roswell (la madre de toda la conspiranoia relacionada con los ovnis), dibujos extraños en campos de cultivo (un clásico de los ufólogos), grabaciones secretas con Nixon (el presidente al que siempre le tocan los papeles turbios), posesión mental (casi en modo posesión diabólica de El exorcista), animales creados con CGI que miran raro (y que en realidad no son animales) y hasta el cuento de Hansel y Gretel (suena a disparate, pero al final encaja). Y como telón de fondo, un conflicto entre las dos Coreas que amenaza con desencadenar la Tercera Guerra Mundial.

Para valorar El día de la revelación creo que es pertinente abordar por separado dos aspectos. En primer lugar, en cuanto a su funcionamiento como narración cinematográfica, Spielberg sigue siendo el rey del mambo, trono que ocupa desde Tiburón. Su nueva película dura 145 minutos que pasan volando, porque todo el metraje es una persecución que no da tregua y que contiene algún morceau de bravoure, como una escena en la que están involucrados dos trenes y un coche.

Visión optimista

En segundo lugar, está el mensaje —o más bien los mensajes— que se van introduciendo conforme avanza el metraje. Y aquí ya depende de si el espectador se deja llevar por su yo infantil y traga con lo que le echen, o si le sale el adulto quisquilloso. En este caso, la última media hora se le puede atragantar. Por un lado, Spielberg está empeñado en la ingenua idea de que, si un día descubriéramos que no somos los únicos seres inteligentes en el universo, el impacto sería tal que olvidaríamos nuestras trifulcas, nos uniríamos como humanidad y se acabarían todos los conflictos. No lo veo yo tan claro, la verdad.

Por otro lado, su visión presenta a unos seres humanos elegidos y tocados por la gracia extraterrestre, lo cual suena un poco mesiánico. Vivimos tiempos en que hay ansia de fe —«Quiero creer»—, como se ha podido comprobar en la reciente visita del Papa. Lo de Spielberg en El día de la revelación tiene algo de sucedáneo de la religión, con extraterrestres redentores.

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