El Madrid se somete al Bernabéu: 39 días de suplicio para la afición más exigente del mundo
El desgaste deportivo y el juicio del público marcan el tramo final de una temporada sin redención posible

El público del Bernabéu Vinicius Junior reaccionan a una jugada del Real Madrid. | Alberto Gardin (Zuma Press)
El de esta noche contra el Alavés es el típico partido al que los futbolistas tienen pavor. Especialmente los del Real Madrid, a quienes no les queda más remedio que saltar delante de sus desencantados aficionados sin nada en juego, pero con 39 días de competición (los que van desde la eliminación de la Copa de Europa el pasado 15 de abril hasta el 24 de mayo) aún por delante, que se pueden hacer eternos.
Un suplicio ganado a pulso durante una temporada desastrosa, en la que se empezó perdiendo la Supercopa de España en Arabia contra el Barça, se continuó cayendo frente a un segunda como el Albacete en la Copa del Rey y donde la semana pasada se dijo adiós a la Champions tras claudicar (honrosamente, eso sí) frente al Bayern de Múnich.
Ya sólo queda una catástrofe más para certificar oficialmente la temporada en blanco. Será en la Liga y llegará tarde o temprano porque la diferencia con el FC Barcelona es de 9 puntos, quedando 21 por disputar. Una tan temprana como categórica hecatombe que, teniendo en cuenta los precedentes, el Bernabéu hará pagar a sus jugadores.
Arbeloa pide clemencia
Arbeloa conoce perfectamente a su afición y, ya en enero, tuvo que presenciar (en la que era su puesta de largo en el banquillo de Chamartín) un doloroso juicio público para sus chicos. Quizás por eso el salmantino pedía ayer clemencia en la previa: «Espero un Bernabéu en familia, unido y orgulloso. No me preocupan los pitos. El sentimiento en la calle es que nos privaron de estar en semifinales. El madridismo está con el equipo».
Tiene razón Álvaro en eso de que el aficionado valora positivamente la eliminatoria contra los alemanes y que se siente ultrajado con el arbitraje, pero intuyo que la reacción del estadio va a englobar muchos más factores y va a empezar a pedir responsabilidades.
En el precedente contra el Levante del 17 de enero, el socio apuntó a tres líderes. Vinicius y Bellingham en un primer escalón, con los que la dureza fue extrema, y en un segundo nivel contra Fede Valverde, que por entonces andaba fatal en lo futbolístico y cuya relación con Xabi Alonso había trascendido como bastante lejana a lo idílico.
Tampoco se libraron de los pitos Huijsen, Mastantuono y Camavinga. El que sí salió indemne fue Kylian Mbappé. Veremos esta vez, pero el devenir del encuentro, el no bajar los brazos y el competir con orgullo hasta que las matemáticas digan que es imposible, marcarán la dureza del respetable.
Será algo así como un esbozo de lo que está por venir, ya que quedan otros dos encuentros en casa (Oviedo a mediados de mayo y Athletic para cerrar la temporada) en los que los sentimientos van a estar a flor de piel.
Especialmente el de la fecha contra los ovetenses, que será tres días después de El Clásico en Cataluña (10 de mayo), donde el FC Barcelona tiene la posibilidad de ganarte el título en la cara o, en el peor de los casos, podrías tener hasta que hacerles el pasillo por ser ya campeones. Una pesadilla que nadie por la ‘casa blanca’ se quiere ni plantear y que haría inviable la ya casi imposible continuidad de Álvaro Arbeloa al frente del conjunto merengue.
¿Quién arregla esto?
La sensación en el club es que Arbeloa ha demostrado maneras de buen entrenador (sobre todo las noches importantes), que conoce bien la institución y que lo ha sabido comunicar, pero también son conscientes de la exigencia que implica el Real Madrid. Para empezar, es difícil vender una continuidad si no has conseguido ningún título, por complicadas que hayan sido tus circunstancias. Para continuar, necesitas, tras un segundo año natural sin trofeos (2025 y 2026), un técnico que, por lo menos sobre el papel, te garantice resultados inmediatos por encima de prometedoras pinceladas.
Esto nos lleva a una lista de nombres que ya empieza a sonar para ocupar el banquillo y que, en general, comparten un común denominador: son expertos en lidiar con vestuarios repletos de tótems. Klopp sería el más deseado, pero también el más complicado de conseguir. Vive de cine en su ‘retiro dorado’ en los despachos factoría Red Bull y habría que concederle plenos poderes.
Pochettino, el más sencillo. Del gusto de Florentino desde hace tiempo y conocedor de la Liga española, estaría encantado de asumir los mandos de la nave merengue tras el Mundial de este verano, donde va a dirigir a la selección de los Estados Unidos. Deschamps es otra opción. No le asusta manejar un vestidor complicado como el de Francia; conoce perfectamente a Kylian Mbappé y, tras la cita mundialista, queda libre para, en teoría, dejar su puesto a Zinedine Zidane.
El último nombre que se baraja por Concha Espina es el de Allegri, al que, en el pasado, se le ha llegado a preguntar por su situación. El italiano es uno de esos entrenadores experimentados que infunden respeto con sólo cruzar el umbral de la puerta. Una quiniela de expertos directores técnicos llamada a poner fin a la sequía más larga en castellana de los últimos tres lustros, si no lo soluciona milagrosamente Arbeloa antes…
