España tiene las pensiones menos rentables del mundo y paga un 25% más de lo sostenible
La hucha de la Seguridad Social obtiene un retorno relativamente bajo porque solo invierte en deuda del Estado

Una concentración de pensionistas el pasado mes de diciembre. | EP
Una nueva propuesta de reforma de las pensiones públicas de jubilación plantea tres pilares para garantizar la sostenibilidad del sistema: un modelo de cuentas nocionales, un sistema de capitalización ocupacional obligatorio e incentivos para fomentar el ahorro individual voluntario y complementario. De esta forma se permitiría además mejorar la transparencia, ya que cada trabajador podría conocer fácilmente cuánto lleva cotizado, con el objetivo de que lo reembolsado no superase lo aportado, aunque la demografía cambie o la esperanza de vida aumente como ocurre actualmente, según los autores del informe Cómo reformar el sistema de pensiones: una propuesta de transición hacia un modelo de tres pilares, los profesores de la Universidad de las Hespérides Daniel Fernández y Santiago Calvo. El estudio incluye también un análisis diagnóstico que analiza problemas como la escasa rentabilidad de la hucha de la Seguridad Social, que sitúa como la peor entre todos los países analizados, o el aumento de costes por la jubilación de la generación del baby boom.
En su parte propositiva, pone sobre la mesa reformas desde «una transición gradual y predecible» que comparten objetivos con otras iniciativas como la presentada la semana pasada por Atenea o la que hace años defendieron numerosos economistas a través de Fedea. Esta última sugería tanto ajustes en las cotizaciones como cálculos automáticos en función de la evolución económica y demográfica, algo parecido a la remodelación que en su día intentó impulsar el exministro José Luis Escrivá, que finalmente fue modificada tras las manifestaciones masivas de pensionistas hasta el punto de que numerosos expertos alertan de que los nuevos mecanismos incrementan las cantidades a cotizar para los trabajadores y empresas sin llegar a garantizar la sostenibilidad de las prestaciones ni un reparto intergeneracional de la solución a este desafío.
El análisis del Centro Ruth Richardson de la universidad canaria parte de datos del Instituto Nacional de Estadística, el Ageing Report de la Comisión Europea, el Instituto de Actuarios Españoles, la Airef, Eurostat y publicaciones académicas internacionales, entre otros, y constata que en España el crecimiento en la rentabilidad del pensionista es el doble que el crecimiento económico esperado. «Una TIR del 2,61% frente a un crecimiento del 1,22% implica que el sistema promete pensiones aproximadamente un 25% superiores a las que serían actuarialmente sostenibles», advierte el documento. Además, constata que «en los últimos 20 años, España ha tenido la peor rentabilidad real de los fondos públicos de pensiones». En concreto, un 0,3%, inferior a la de Polonia (1%), Estados Unidos (1,1%), Francia (2%), Luxemburgo (2,5%), Finlandia (3,5%), Corea (3,7%), Japón (4%), Suecia (entre 4,7% y 6,8%), Noruega (4,9%), Canadá (entre 5% y 5,9%) y Nueva Zelanda (7,2%).
Según Fernández, esto ocurre porque, en comparación con los fondos de jubilación de otros países, en España la hucha de las pensiones «se invierte de mala manera», ya que la parte del capital que se acumula obtiene una «rentabilidad bajísima» porque «solo se invierte de deuda pública». Es decir, «el Estado con una mano le presta al Estado con otra mano». Aun así, teniendo en cuenta que «apenas tenemos activos en el sistema de pensiones», el «problema grave es que somos un sistema de reparto muy generoso y no tenemos nada en el sistema público ni en el privado de ahorro de previsión para la vejez, tenemos activos privados que cubren el 10% del producto interior bruto, que no es nada. Chile tiene el 62% y Suecia el 150%».
Con la intención de que la reforma sea «realista», «posibilista» y fácil de aplicar, la propuesta se fija en el sistema de cuentas nocionales, que «parece que funciona bastante mejor y ya implementó Suecia». De este modo, «se vincula la capacidad de pago del sistema de pensiones al pago real que reciben los pensionistas». Esto «permite visualizar al pensionista exactamente cuánto dinero ha aportado y este es el dinero que se le promete recibir a lo largo de toda su jubilación», teniendo en cuenta la esperanza de vida y un «tipo de interés nocional» que intenta revalorizar las pensiones para compensar la inflación, pero está sujeto al crecimiento económico para que el gasto no sea excesivo. Si la economía crece rápidamente y el Estado tiene ingresos extraordinarios, se puede actualizar el saldo a un ritmo alto; si no hay mucho crecimiento, este tipo se reduce para cuadrar los gastos e ingresos del sistema.
