Las mafias abandonan el robo de cobre y ponen el foco en furgonetas y maquinaria de obra
Seis de cada diez profesionales de la construcción en España consideran que la delincuencia en las obras ha aumentado

Edificio en construcción.
El robo en las obras españolas está cambiando de patrón. Tras años con el cobre y el cableado en el punto de mira de los delincuentes, las constructoras alertan ahora de un desplazamiento hacia activos móviles y de mayor valor, como furgonetas, vehículos de empresa y maquinaria pesada. La tendencia, detectada por el último informe de BauWatch analizado por THE OBJECTIVE, refleja cómo las bandas y los ladrones oportunistas están adaptando sus métodos a medida que aumentan las medidas de protección sobre los materiales tradicionales.
El estudio, elaborado a partir de encuestas a 500 profesionales del sector en España, muestra una caída significativa en el robo de cobre, que pasa del 62,2% al 50,8% en un año. También disminuyen los robos de cableado, del 53% al 39,8%, y los de herramientas, que caen hasta el 43%. Sin embargo, la mejora coincide con un fuerte incremento del robo de vehículos y maquinaria. Los robos de furgonetas y coches de empresa se duplican prácticamente, al pasar del 4,6% al 9,6%, mientras que los de maquinaria pesada suben del 6,1% al 9,4%.
El informe describe este fenómeno como una «gran migración del robo», evidenciando la rápida capacidad de adaptación del crimen en el sector de la construcción. Cuando un activo se vuelve más difícil de sustraer o pierde rentabilidad, los delincuentes desplazan su atención hacia otros objetivos más accesibles o lucrativos. «El ladrón de cobre ya no es el principal temor de las constructoras», concluye el documento, que alerta de que los delincuentes buscan ahora bienes «más móviles y de mayor valor».
Preocupación por los robos
La transformación preocupa especialmente al sector porque estos activos no solo tienen un mayor coste económico, sino que resultan esenciales para mantener la actividad diaria de las obras. La pérdida de una excavadora, una furgoneta o determinados equipos puede paralizar trabajos durante días y generar retrasos en cadena. El problema ya está teniendo consecuencias directas sobre los proyectos. Según el informe, el 44,8% de las obras en España sufrió retrasos derivados de incidentes delictivos durante 2026, un porcentaje superior a la media europea.
La percepción de inseguridad también continúa creciendo. Más de seis de cada diez profesionales de la construcción en España consideran que la delincuencia en las obras ha aumentado, situando al país por encima de la media europea. Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que España presenta un perfil distinto al de otros países europeos. Frente a la idea de grandes redes criminales altamente organizadas, el informe concluye que en España predomina sobre todo la delincuencia oportunista. El 43,8% de los encuestados identifica el «delito oportunista externo» como el crimen más habitual en las obras, muy por encima del crimen organizado tradicional.
Fallos de seguridad
Eso significa que muchas sustracciones se producen aprovechando fallos básicos de seguridad: accesos mal protegidos, maquinaria sin vigilancia o materiales almacenados sin control. «El delito suele producirse cuando surge la oportunidad, más que como resultado de una planificación compleja», sostiene el informe. Precisamente por ello, las empresas de seguridad consideran que la mejora de la protección del cobre y del cableado ha empujado a los delincuentes hacia objetivos más rentables.
Las obras han incrementado en los últimos años las medidas específicas sobre estos materiales debido al auge del robo de metales tras la crisis energética y el encarecimiento de las materias primas. Sin embargo, el estudio advierte de que reforzar la seguridad en un solo ámbito ya no es suficiente. «A medida que mejora la protección en un área, la actividad delictiva se adapta y se desplaza a otra», señala el documento.
El sector también observa con inquietud una creciente sofisticación de las técnicas empleadas por los delincuentes. El 61,8% de los profesionales cree que el crimen en las obras es cada vez más avanzado y difícil de detectar. Entre las amenazas emergentes aparecen el uso de drones para vigilar emplazamientos, intentos de hackeo de sistemas de seguridad, phishing y fraude apoyado en inteligencia artificial. Más de la mitad de las empresas asegura haber tenido exposición a incidentes relacionados con la ciberseguridad.
A ello se suma otro fenómeno especialmente delicado: la presión para contratar supuestos «servicios de protección». El 50% de las compañías encuestadas afirma haber sido contactada en relación con este tipo de prácticas, mientras que un 17,2% reconoce haber llegado a pagar. El informe concluye que la seguridad en las obras ya no puede considerarse un coste secundario. La combinación de robos, retrasos, amenazas híbridas y pérdidas operativas está convirtiendo la delincuencia en un problema estructural para la construcción española.
