Lo de Plus Ultra estaba claro… y faltan Air Europa y Duro Felguera
Los primeros rescates de la SEPI en pandemia olían a corrupción desde el principio

Carteles de la compañía aérea en una terminal. | EP
Otra semanita de aúpa, con la destitución —que se veía venir— de José Vicente de los Mozos en Indra y la detención del hijo de Isak Andic como sospechoso de su asesinato (eso da para una serie de Netflix, al tiempo). Pero, obviamente, el tema de la semana y de muchas semanas más es la imputación de Zapatero por sus tejemanejes en el rescate de Plus Ultra y en otras cuantas operaciones malolientes. Y ojo, que nos faltan otros rescates con más miga aún que terminarán por judicializarse: Air Europa y Duro Felguera.
Lo de Plus Ultra estaba claro desde el principio. En un país con la actividad económica totalmente parada por la pandemia, con 2,6 millones de trabajadores en ERTE, con 1,2 millones de empresas que tuvieron que pedir un crédito ICO para no cerrar y, por tanto, desesperadas por conseguir cualquier ayuda pública, que la primera empresa rescatada fuera una aerolínea venezolana desconocida, con un solo avión y una cuota de mercado ridícula era una red flag escandalosa, como se dice ahora.
Además, ese rescate se hizo deprisa y corriendo (como confirma el auto del juez Calama en palabras de ese directivo de la SEPI que dijo lo contrario en el Senado, José Ángel Partearroyo) y sin esperar a sacar a concurso los asesores legales y financieros del fondo de rescate (Fasee). ¿Por qué esa empresa y por qué tanta prisa? Las sospechas iniciales eran que se trataba de favorecer a la dictadura de Nicolás Maduro y que alguien debía de estar intermediando. Ahora ya sabemos quién era ese alguien, lo cual no era difícil de adivinar viendo su trayectoria de lobista para blanquear dictaduras socialistas en Iberoamérica y China.
Lo de Plus Ultra va todavía más allá. Para empezar, la empresa incumplía flagrantemente las dos condiciones fundamentales para acceder a las ayudas públicas. La primera era ser viable y tener problemas únicamente derivados de la pandemia, cuando la aerolínea estaba quebrada y podía haber entrado en concurso de acreedores en 2020, como ha reconocido en el Senado su auditor esta semana. Se salvó por el famoso crédito participativo de Panacorp, pero, además, el plan de viabilidad emitido a la SEPI reconocía que iba a seguir en pérdidas al menos hasta 2023. Vamos, que no había por dónde cogerlo.
¿Plus Ultra estratégica?
La segunda era ser estratégica y, en fin, con un solo avión y una cuota del 0,01% tirando por lo alto, ustedes me dirán. La Abogacía del Estado salvó este obstáculo posteriormente con el argumento de que ese criterio era cualitativo y podía aplicarse al sector aéreo, no a las empresas individuales: chúpate esa, Teresa.
La norma del Fasee es bien clara y en ningún momento habla de sectores, sino de empresas individuales: «Para poder resultar beneficiaria de alguno de los instrumentos financieros de apoyo a la solvencia del Fondo, la empresa tendrá que reunir las siguientes condiciones: […] Justificar que un cese forzoso de actividad tendría un elevado impacto negativo sobre la actividad económica o el empleo, a nivel nacional o regional». El impacto de cerrar Plus Ultra habría sido tendente a cero.
Hay una tercera condición que pudo haber incumplido: «Hallarse al corriente a 31 de diciembre de 2019 en el cumplimiento de las obligaciones tributarias o frente a la Seguridad Social», puesto que tenía una deuda de 452.000 euros con el ministerio que entonces ocupaba José Luis Escrivá, quien, curiosamente, se reunió con Zapatero por esas fechas. Aquí la polémica reside en que Plus Ultra obtuvo un aplazamiento de esa deuda y si eso se entiende como estar al corriente de pago o no. En todo caso, la SEPI tampoco hizo ningún informe interno y dio la información que quiso a los asesores, Deloitte y Daiwa, porque la orden de rescatar a Plus Ultra venía de arriba y el holding público debía limitarse a justificar la operación.
Dolores Delgado la salvó, de momento
Como la cosa apestaba desde el primer momento, Vox y el PP pusieron sendas querellas que investigó el Juzgado de Instrucción número 15 de Madrid. Su titular, Esperanza Collazos, también vio que hay había algo irregular, y frenó la segunda parte del rescate, los 34 millones del crédito participativo (el ordinario de 19 se le dio al día siguiente de que aprobara el rescate del Consejo de Ministros).
Pero llegó agosto, doña Esperanza se fue de vacaciones y su sustituto provisional, Jaime Serret Cuadrado, liberó el dinero a instancias de la Fiscalía, a la que Dolores Delgado (entonces fiscal general del Estado) obligó a cambiar de criterio. Eso puso como unas pascuas al citado Partearroyo, que se lo comunicó a sus ¿amigos? de Plus Ultra y les pidió hacer una nota de prensa, según el auto de Calama. Y después no prorrogó la instrucción a tiempo, con lo que la aerolínea ganó un recurso en la Audiencia Provincial que impidió seguir aquella causa, pero no la actual de la Audiencia Nacional.
Ya se ha publicado casi todo lo que contiene este demoledor auto, así que no vamos a insistir en ello; pueden leerlo con todo lujo de detalles en THE OBJECTIVE. Ahora bien, tenemos otros dos rescates que también apestan a la legua, y es difícil creer que una trama tan bien diseñada como la de Zapatero solo interviniera en un rescate y, además, el más pequeño, ¿verdad? Nos quedan Air Europa (475 millones de dinero público, que ya ha devuelto) y Duro Felguera (126 millones que no va a devolver jamás, como Plus Ultra).
Y nos quedan Air Europa y Duro Felguera
Ninguna de estas dos empresas cumplía las mencionadas condiciones de ser estratégica (si desaparecían, el impacto negativo no era elevado, aunque la SEPI se agarró al impacto regional en el caso de la ingeniería asturiana), ni que sus problemas derivaran únicamente de la covid —aunque Air Europa ha demostrado ser una empresa viable y Duro Felguera no, pendiente ahora mismo de si un juez aprueba de forma inminente su enésimo plan de salvación o va a concurso—.
En el primer caso, como es sabido, están las relaciones de Begoña Gómez con la familia Hidalgo en la famosa cátedra del IE y también andaba por allí un tal Ábalos. Pero Duro Felguera no se queda atrás: el importe del rescate coincidía sospechosamente con la deuda impagada que tenía Venezuela con la empresa española; el omnipresente Víctor de Aldama preparó la célebre visita de Delcy Rodríguez a Madrid incluyendo una reunión con el CEO de Duro Felguera; Ábalos utilizó el pago de esta deuda para que Pedro Sánchez autorizara la visita de la vicepresidenta venezolana (cosa que Sánchez hizo), a pesar de que la empresa asturiana no la había cobrado… ni la ha cobrado nunca, ni la va a cobrar; y el círculo se completa con que en su consejo se sentaban los exministros de Zapatero Valeriano Gómez y Jordi Sevilla. ¿Alguien da más?
