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Economía

Barcelona lidera la inversión hotelera en Europa por la prohibición de Colau de construir más

La dificultad para abrir nuevos hoteles en la Ciudad Condal se ha convertido en el mejor aliado de los inversores

Barcelona lidera la inversión hotelera en Europa por la prohibición de Colau de construir más

Varios turistas junto a la Sagrada Familia de Barcelona. | David Zorrakino (EP)

Los hoteles en Barcelona se han convertido en objeto de deseo de los inversores del sector. La capital catalana se ha situado como la ciudad más atractiva de Europa para invertir en establecimientos hoteleros, superando a destinos tradicionalmente dominantes como París o Ámsterdam. Detrás de este liderazgo no solo está el auge del turismo o el crecimiento de los viajes de negocios, sino un factor mucho más determinante para el capital internacional: la escasez. Las restricciones impuestas durante los últimos años a la construcción de nuevos hoteles por el Ayuntamiento de Ada Colau, han reducido drásticamente las posibilidades de ampliar la oferta en una de las ciudades más demandadas del continente.

El resultado es un mercado en el que cada activo disponible gana valor a medida que resulta más difícil desarrollar nuevos proyectos. Así lo refleja el último informe de CBRE sobre intenciones de inversión hotelera en Europa analizado por THE OBJECTIVE. Este informe sitúa a Barcelona en la primera posición del ranking continental, compartiendo liderazgo con Londres. Madrid ha escalado hasta el tercer puesto, consolidando el peso de España como uno de los mercados favoritos para los grandes inversores.

La situación de Barcelona es especialmente singular. Desde la aprobación en 2017 del Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), la ciudad ha limitado la apertura de nuevos establecimientos en gran parte de su territorio. Este plan, impulsado en el mandato de Colau, regula la implantación de establecimientos de alojamiento turístico, así como de albergues de juventud, viviendas de uso turístico y hogares compartidos. A ello se suma la creciente presión regulatoria sobre el alojamiento turístico y la escasez de suelo disponible para nuevos desarrollos.

Efecto rebote

«Cuando un activo se convierte en escaso, aumenta su valor», explican fuentes del sector consultadas por este periódico. Al igual que está ocurriendo con la vivienda. En el caso de Barcelona, los hoteles existentes se han transformado en una especie de producto refugio dentro del mercado inmobiliario europeo, especialmente para fondos internacionales que buscan activos capaces de mantener rentabilidades elevadas en el largo plazo.

La fortaleza de la demanda turística refuerza esta tendencia. Barcelona continúa siendo uno de los principales destinos urbanos de Europa, tanto para el turismo vacacional como para el segmento de congresos y eventos corporativos. La combinación de elevada ocupación, tarifas al alza y ausencia de nueva oferta genera un escenario especialmente atractivo para la inversión. El fenómeno también se refleja en las cifras. El sector hotelero concentró cerca de 934 millones de euros de inversión inmobiliaria en Cataluña durante 2025, el mejor dato de la serie histórica y un 51% más que el año anterior, según CBRE.

Madrid gana terreno con el lujo

Mientras Barcelona capitaliza la escasez, Madrid continúa creciendo apoyada en la transformación de su planta hotelera. La llegada de grandes cadenas internacionales y el desembarco de marcas de lujo han convertido a la capital en uno de los mercados más dinámicos de Europa. El reposicionamiento de numerosos establecimientos y la mejora de la rentabilidad han impulsado el interés de los fondos por una ciudad que hace una década apenas figuraba en los principales radares de inversión hotelera.

La capital ocupa ya la tercera posición europea en atractivo inversor, solo por detrás de Barcelona y Londres, según el estudio de CBRE. El protagonismo de ambas ciudades explica en buena medida por qué España encadena tres años consecutivos como el destino más atractivo de Europa para invertir en hoteles. El país concentró alrededor del 18% de toda la inversión hotelera europea durante 2025 y sigue beneficiándose de la fortaleza de su industria turística.

La apuesta de los inversores llega además en un momento de creciente incertidumbre económica internacional en medio del conflicto de Ormuz. Sin embargo, el sector hotelero se ha consolidado como uno de los segmentos inmobiliarios más resistentes gracias al crecimiento del turismo global y a la capacidad de los operadores para trasladar parte de la inflación a los precios. En ciudades como Barcelona, donde levantar un nuevo hotel es cada vez más complicado, esa resistencia se ha convertido en un factor adicional de atractivo. La escasez, paradójicamente, se ha transformado en el principal motor de inversión.

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