Ministra Morant: han sido los extraterrestres
«Cualquier cosa menos asumir responsabilidad, matices o, Dios no lo quiera, que Zapatero pueda ser un auténtico delincuente»

Ilustración generada con IA.
Resulta admirable («¡sarcasmo!, ¡sarcasmo!», diría Sheldon Cooper) la capacidad de ciertos cargos públicos para combinar una licenciatura STEM con la mentalidad de un foro de medianoche. La ministra de Ciencia, Diana Morant, ha conseguido en unas pocas declaraciones lo que parecía imposible: convertir el Ministerio de Ciencia e Innovación en una sucursal de la «teoría de la conspiración» con presupuesto oficial. Ante la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, Morant ha desplegado un arsenal argumentativo que avergonzaría a cualquier estudiante de primero de metodología científica. Trump está detrás, vaticina. Claro. Who else? Uno pensaría que quien ostenta la cartera de Ciencia recordaría, al menos por decoro profesional, el principio más elemental del pensamiento racional: la correlación no implica causación. Que dos sucesos ocurran a la vez no significa que uno sea causa del otro. Pero no. Ante cualquier problema que salpique al expresidente, la explicación es automática, rotunda y profundamente científica: es una operación orquestada desde Mar-a-Lago. O desde dondequiera que resida el mal absoluto según el manual de la izquierda española. Que los hechos, las pruebas o la cronología no cuadren es un detalle menor. Lo importante es mantener el relato.
La imagen que proyecta un Ministerio de Ciencia capitaneado por una vulgar conspiranoica es, sencillamente, desoladora. No se trata de defender o atacar a Zapatero; se trata de que la máxima responsable de fomentar la evidencia, el método y el escepticismo racional en España responda como un internauta de QAnon con la cuenta verificada. ¿Qué mensaje envía a los investigadores que pelean por fondos, a los profesores que intentan enseñar estadística básica o a los jóvenes que aún creen que la ciencia es algo más que un eslogan en un mitin? Pedro Duque, astronauta real y ministro de Ciencia anterior, tenía sus limitaciones políticas, como todo el mundo. Pero cuesta imaginarlo arrastrando el ministerio al fango de las teorías de la conspiración para salvar a un compañero de partido. Duque, al menos, había pisado la Estación Espacial Internacional. Aunque vete a saber: también nos hacemos cruces con Marlaska.
Morant parece haber aterrizado directamente en el universo paralelo donde todo lo malo que le ocurre al PSOE tiene sello made in USA. O en China. O donde toque según el guion del día. Es especialmente irónico que sea precisamente una ministra socialista quien ignore lo que Michael Shermer, Steven Pinker o Richard Dawkins han repetido hasta la saciedad: las teorías de la conspiración son la seudociencia de la política. Ofrecen explicaciones sencillas y reconfortantes a fenómenos complejos. Requieren fe porque no hay evidencia. Y suelen decir mucho más del creyente que de la supuesta trama. Si cambiamos Trump por extraterrestres, el patriarcado por los illuminati o el IBEX por el diablo, el esquema mental es idéntico. Solo cambia el merchandising.
La degradación de los cuadros del PSOE es notable. Hubo un tiempo en que presumían de ser el partido de la modernidad, la educación y el progreso técnico. Hoy una de sus ministras más visibles parece creer que la judicatura española actúa por órdenes directas de un presidente americano (otra cosa es que Donald pueda estar encantado, como yo). Y lo dice sin sonrojo. En un Ministerio que debería defender la racionalidad frente a la superstición, la seudociencia y el pensamiento mágico. Resulta patético el contraste.
Mientras los laboratorios españoles compiten por fondos europeos exigiendo rigor metodológico, excelencia y reproducibilidad, su ministra titular recrea el mismo tipo de razonamiento que critica cuando viene de la derecha o de los «negacionistas». Cualquier cosa menos asumir responsabilidad, matices o, Dios no lo quiera, que Zapatero pueda ser un auténtico delincuente. Porque si algo demuestra este patético espectáculo es que no basta con tener una licenciatura STEM. Hace falta, sobre todo, haber entendido de qué va la ciencia y haberla interiorizado como hábito mental, no solo como un título para el currículum. España se merece un Ministerio de Ciencia dirigido por personas que defiendan la evidencia, aunque sea incómoda. No por personas que conviertan el cargo en un ejercicio de militancia conspirativa. Que, en el fondo, les dé igual si la conspiración viene de EEUU o de Raticulín. Lo que diga quien manda.