The Objective
El buzón secreto

Cómo pillaron al agente del CNI que trabajaba para la CIA

Las diferencias con el caso de Roberto Flórez, al servicio de Rusia, son muy importantes

Cómo pillaron al agente del CNI que trabajaba para la CIA

Logotipo del Centro Nacional de Inteligencia. | Eduardo Parra (Europa Press)

¿Por qué conocimos desde el momento de su detención la identidad del espía que se había convertido en agente doble al servicio del espionaje ruso y cerca de tres años después se mantiene en secreto la del que fuera jefe del Área de Rusia que trabajó para la CIA estadounidense? ¿Por qué el primero estuvo en la cárcel hasta el día del juicio y el segundo lleva tiempo en libertad?

Son solo dos de los misterios que emergen al comparar los casos de los dos únicos agentes dobles que ha habido en España en este siglo y permiten dibujar dos formas de robar documentos y dos formas de ser tratados por los altos mandos del servicio de inteligencia, el CNI, para el que trabajaron.

Lo primero es desvelar la forma en la que el servicio secreto llegó hasta J.A.P., el colaborador de la CIA. En el caso de Flórez, el MI6, el espionaje exterior británico, alertó a La Casa de que tenían un topo, responsable de la filtración al espionaje ruso de la identidad de su doble agente Sergei Skripal, captado en un primer momento por un agente del CNI en Madrid. Después pasaron dos años de investigación interna sin resultado hasta que una filtración procedente del exterior permitió dar con la pista que les llevó hasta Flórez —para quien quiera conocer su amplísima y apasionante historia, la cuento en el libro No me llames traidor—.

Por el contrario, ningún servicio extranjero alertó de la presencia del topo de la CIA en el espionaje español. Todo se inició por una investigación rutinaria sobre su ayudante en la traición, un cachas que estaba llevando a cabo una campaña para promocionar un negocio privado. El Servicio de Seguridad le sometió a un control integral de relaciones, que supone husmear en su vida 24 horas al día. Ahí apareció su amistad especial con el jefe del Área de Rusia y tirando del hilo, descubrieron las actividades no permitidas del alto mando del servicio secreto. Si su colaborador hubiera llevado una vida discreta, la CIA seguiría teniendo un agente doble en el CNI.

¿Es lo mismo traicionar con EEUU que con Rusia?

Otra diferencia clara entre los dos es que Flórez, según la sentencia judicial que le condenó a 9 años, se ofreció a colaborar con los rusos, mientras J.A.P. fue engatusado por la CIA con una táctica de acercamiento y captación que acabó con el ofrecimiento de dinero, según la versión defendida por La Casa.

Los muros de la cárcel de Estremera acogieron a los dos agentes dobles con algo más de 15 años de diferencia, aunque el colaborador de la CIA consiguió salir de allí para esperar el juicio en libertad, privilegio denegado a Flórez. Unido a otros aspectos del caso, pienso en la posibilidad de que en España podamos asistir a una situación curiosa: que no sea lo mismo traicionar con los rusos que con los estadounidenses, es decir, venderse a un enemigo que a un aliado. Y no lo digo por los jueces, sino por los que acusan.

Hay muchas definiciones de traición; transcribo dos, la de la RAE: «Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener» o «Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria». Como se ve, no se especifica que la traición dependa de con quién seas. Me temo que la capacidad de la CIA y Estados Unidos para presionar a favor de quien trabajó para ellos es inmensamente mayor que la de Rusia. De ahí mis preguntas del inicio sobre la protección de la identidad del jefe de la Armada que trabajó para la CIA frente a la publicidad dada al guardia civil relacionado con los rusos. O la diferencia del trato carcelario. Esperemos a ver el desarrollo del juicio que queda; entonces ya sacaremos conclusiones. No mandemos un mensaje a la CIA de que cuando alguien traiciona a España con ellos es menos delito que cuando lo hacen con los rusos. Ellos no actúan así: Jonathan Pollard era un espía americano que traicionó a Estados Unidos con Israel; la condena en 1987 fue, sin compasión, a cadena perpetua. 

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