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Política

Tezanos ve en PP y Vox paralelismos con Trump, Hitler y Mussolini

El presidente del CIS apunta que «los analistas han visto paralelismos entre el fascismo europeo y el trumpismo»

Tezanos ve en PP y Vox paralelismos con Trump, Hitler y Mussolini

El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos.

El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, considera que PP y Vox tienen los «mismos enfoques» políticos que el presidente de EEUU, Donald Trump, y sostiene que es un planteamiento político que «cada vez se parece más» al que tuvieron Hitler y Mussolini.

Tezanos hace esta reflexión en el número de marzo de la revista Temas, que él dirige y en la que cada mes incluye un artículo de análisis. En el número de marzo, el presidente del CIS titula su reflexión «Trumpismo y fascismo» y en el artículo apunta que «hace tiempo que los analistas han visto paralelismos entre el fascismo europeo de los años veinte y treinta del siglo pasado y el trumpismo». Sostiene que lo ocurrido con la actuación de los agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), que han matado a varias personas, deja «pocas dudas de que dichos paralelismos son mayores de lo que algunos pensaban».

A este respecto, el sociólogo señala que «por eso, y por muchas otras razones, estremece ver cómo está actuando Trump, cómo está nucleando y financiando por todo el mundo a partidos con sus mismos enfoques –como Vox y también el PP en España–, y cómo cada vez se parece más a lo que fueron –e hicieron– Hitler y Mussolini en Europa en las primeras décadas del siglo XX».

Falange y Gil Robles

Tezanos se pregunta si «la historia se repite», ya que «la misma manera en la que ha emergido el ‘trumpismo’ y la forma en la que se apoyan y articulan sus socios, lacayos y simpatizantes en el mundo, recuerda demasiado a la forma en la que Hitler y sus camisas pardas llegaron al poder en Alemania en 1933».

Indica que «algo parecido ocurrió entonces en otros países europeos, incluida España, donde en las elecciones de febrero de 1936 el partido más netamente fascista –Falange– ni siquiera obtuvo un escaño (…)».

Sin embargo, destaca que La Falange «pronto se convirtió en la formación que nucleaba al fascismo español, incluida la mayoría de las Juventudes de la CEDA (las JAP), que gustaban de desfilar uniformadas y corear consignas de exaltación al Jefe». Añade que los Estatutos de la JAP decían que «los Jefes nunca se equivocan», al tiempo que expresaban su «apoyo total» al líder de la formación, José María Gil Robles.

También se refiere a que hay «cinco rasgos caracterizadores del proceder de los fascismos que, una vez más, están llevando a ‘helar el corazón’ de muchas personas de buena voluntad, que se declaran –nos declaramos– herederos del ‘espíritu de la Ilustración’ y de los principios propios del Estado de derecho y las políticas de bienestar social que han llegado a caracterizar a los pueblos europeos».

Según Tezanos, son «posiciones y actitudes desde las que tenemos que ser capaces de levantar un muro defensivo ante el envite del fascismo del siglo XXI que representan Trump y sus aliados».

Culto al líder y expansionismo

Según Tezanos, el «trumpismo» comparte con los fascismos históricos el uso del Ejército como arma política y la creación de cuerpos paramilitares leales al líder. Sostiene que ambos fenómenos exhiben un expansionismo territorial agresivo. El «espacio vital» nazi frente a las pretensiones sobre Groenlandia o Canadá del presidente norteamericano. El presidente del CIS también incluye el culto exacerbado a la figura del jefe y la aspiración a perpetuarse en el poder mediante la intimidación y el control de las redes sociales.

Para el director de Temas, tanto el trumpismo como el fascismo clásico impugnan la separación de poderes y el racionalismo ilustrado. Ambos fenómenos también coinciden en el control de los medios de comunicación como instrumento de dominación social; el rechazo a la independencia judicial; y el alineamiento con la extrema derecha.

También apunta que el trumpismo sustituye la raza por el victimismo narcisista y la demagogia populista como herramientas de movilización. No obstante, afirma que, al igual que el nazismo, construye un «enemigo interior» que aglutina al electorado y justifica la represión.

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