
Ejecución capital
No se trata de prevenir futuros crímenes horrendos, sino de proclamar que hay límites que no pueden ser traspasados.

No se trata de prevenir futuros crímenes horrendos, sino de proclamar que hay límites que no pueden ser traspasados.
Unos meses después de lo de Arizona, frente al Consejo de Ministros, los periodistas españoles hubieron de recordar aquel viernes remoto en que Rajoy anunció una "línea de financiación" en lugar de un rescate. Es el realismo mágico español. Porque aunque en la práctica era un rescate, igual que en la práctica es una muerte en Utah, la cuestión gramatical modifica el mensaje.



Son nada menos que 187 niñas y llevan desaparecidas desde hace quince días en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria. Fueron secuestradas por un grupo de terroristas islámicos del bárbaro grupo de Boko Haram.

La historia la hemos visto en las películas americanas en infinidad de ocasiones. A última hora, momentos antes de ejecutar a un condenado a muerte, llega una llamada de la autoridad competente, se suspende la ejecución, y el reo vuelve a su celda.

El pentotal de sodio induce a la inconsciencia, el bromuro de pancuronio relaja los músculos para evitar los espasmos y el cloruro de potasio paraliza el corazón provocando la muerte. Así funciona el macabro cóctel de la inyección letal.


Un ex boxeador japonés, condenado a muerte en 1968 por el asesinato de cuatro personas, se enfrentará a un nuevo juicio tras pruebas irrefutables de ADN que muestran que el verdadero responsable del crimen es otra persona.

Si uno como yo mismo- está contra la pena de muerte, está contra el aborto: esa condena sin juicio de los más débiles entre los débiles.

El Gobernador de Texas, Rick Perry, debe estar contento. Ha firmado otra condena de muerte este año que acaba de empezar, la del mexicano Edgar Tamayo. Una condena llena de irregularidades.

La pena de muerte jamás puede ser una opción justa en una sociedad civilizada. Incluso las personas halladas culpables de las más horrendas atrocidades contra la Humanidad conservan su condición de seres humanos...
Pero por fin India, el país más poblado del mundo, está mirándose la cara en el espejo más atroz