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Anna María Iglesia: “Me niego a decir que el feminismo sea un boom”

El primer libro de la periodista se titula "La revolución de las flâneuses" en donde se reivindica el caminar como acto de insubordinación

Foto: Ariana Basciani | The Objective

El 8 de marzo de este año millones de mujeres salieron a manifestar por sus derechos, ocuparon la calle y la convirtieron en su territorio. Cada mujer lo hace diariamente al ir al trabajo, la universidad, el gimnasio, al hacer la compra, al salir a la casa de un amante, ir a tomar una copa con alguna amiga o simplemente al pasear. Las mujeres paseamos sin necesidad de tener una meta.

Para hablar de este tema, me encuentro con la filóloga y periodista cultural Anna María Iglesia (1986), sentadas en un café, sin pasear pero yendo y viniendo entre preguntas y respuestas. Conversamos sobre su primer libro La revolución de las flâneuses publicado por la editorial Wunderkammer a principios de mayo. Un ensayo que nace de la curiosidad y reflexión de la autora al escribir su tesis doctoral sobre la flânerie: “En mi tesis no me centraba en la figura de la flâneuse, pero había una base teórica previa acerca de la figura del flâneur que me ha servido para investigar el papel de la mujer y que he profundizado al escribir este libro”.

Iglesia afirma que la gran tradición sobre el tema se centra en la figura masculina, el flâneur: “No hay una tradición tan potente en torno a la flâneuse. Hay una desproporción pero no me atrevería hablar de vacío en cuanto al tema”. Para la autora reflexionar acerca de la flâneuse es importante en la actualidad porque se reivindica la presencia y participación de la mujer en la esfera pública: “…no solamente como caminante, sino el caminar como ejercicio crítico y de intervención social, es muy importante porque implica a la mujer como sujeto, no como objeto”.

Las prostitutas: ¿otro tipo de flâneuse?

En muchas de las páginas del ensayo se repite la dualidad objeto vs. sujeto, ese cuerpo que puede ser comprado y vendido en la calle, y que está representado por la prostituta. “La prostitución pone sobre la mesa el concepto de libertad que yo discuto bastante porque si no tienes dinero y estás obligada a prostituirte, no eres libre. En desesperación económica no se puede hablar de libertad.” Para la autora las propuestas de algunos partidos políticos con respecto a la gestación subrogada es el vivo ejemplo de prostitución, de mercantilización del cuerpo de la mujer para ser vendido “sin importar nada la persona está detrás. Todavía hay gente que justifica desde el punto de vista ético la cosificación de la mujer”.

Todavía hay gente que justifica desde el punto de vista ético la cosificación de la mujer

La figura de la prostituta es el tótem del debate de la flânerie femenina. Fueron las primeras mujeres que tomaron la calle y que fueron observadas desde el anonimato por escritores como Baudelaire. “La prostituta es la mujer de la calle y el hombre de la calle es alguien que camina con normalidad. La prostituta en su descripción es una forma de degradación de la mujer que transita. Hay un desprecio tanto a la prostituta como a la mujer que aparece en el espacio público” afirma Iglesia. La figura de paria de la prostituta es usada por la burguesía porque la consume pero luego rechaza. “Una paria social, una mujer que vende su cuerpo es lógico que esté en la calle. Pero desde mi punto de vista es muy complicado coger esta realidad para luego sostener que la prostituta es el concepto de la flâneuse libre porque no es así, está en la calle obligada”.

La mercantilización del cuerpo y la doble moralidad son los vértices del debate, el caminar de la prostituta para ver y ser vista, para exhibirse y para ser comprada. Aunque a la autora le parezca evidente que a la prostituta no le importa la moralidad, insiste en que si ejerce la resistencia en la calle es por el hecho de la mercantilización de su cuerpo debido a la desigualdad económica, que requiere de la venta de sus servicios como única vía para salir de la necesidad. “Cuando no tienes las herramientas materiales necesarias para tomar decisiones no eres libre en términos generales”.

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La revolución de las flâneuses: un manifiesto literario y feminista. | Imagen: Editorial Wunderkammer.

Prostitutas o no: ¿no todas estamos bajo el sistema patriarcal?

La falta de oportunidades laborales o de libertad económica no solo aplica a las mujeres que ejercen la prostitución, también al resto de mujeres, explica la autora.

La prostituta, la trabajadora o la mujer aburguesada que puede permitirse no trabajar se encuentran bajo el mismo sistema de poder. “La mujer trabajadora ha sido clave al entrar en el mundo laboral y abrió camino a poder ganarse la vida por sí sola, aunque eran trabajos donde determinados parámetros patriarcales intervenían directamente y no eran ajenos a ellas. Si tu consigues trabajar y creas una independencia económica, tendrás autonomía en otros aspectos” confirma la autora.

El problema con la prostitución es pensar que por ser trabajadoras tienen autonomía y no es así: “ellas están ahí forzadas por las circunstancias y si esas circunstancias implican marginación social o económica se anula toda posibilidad de libertad y no hay emancipación posible. La emancipación es posible cuando hay una elección previa y derechos para trabajar dignamente” afirma Iglesia, quien termina alegando que deben acabarse con las mafias de trata de mujeres, y educar para hacer entender la gravedad de la acción, el consumo del cuerpo de una mujer.

Las mujeres en la calle: de las manifestaciones de 8M a La Manada

Si las flâneuses son las paseantes que se apropian del espacio público, España sabe muy bien qué significa el término desde hace año y medio. Casos como el 8M o las críticas hacia las manifestantes en contra de la sentencia de La Manada hicieron levantar la voz de muchas y escozores en algunos señores e instituciones de poder. “La gente que criticó las manifestaciones en contra de la sentencia de La Manada no las entiendo. La base de la democracia es el derecho a manifestación y a expresar una idea contraria a propuestas que plantean los distintos órganos de poder. Aunque alguien pueda criticar los argumentos de la protesta cómo puede condenar la protesta, no es lógico teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad democrática” afirma la periodista.

Aunque las críticas a las manifestaciones tenían que ver con la injerencia de la opinión pública en las decisiones judiciales e institucionales, para Anna María Iglesia la hipocresía viene de esos mismos críticos: “No debe haber injerencia política pero la hay. La misma hipocresía. Está la protesta contra las manifestantes que están en contra de una sentencia judicial pero no veo a esos mismos que critican a las manifestantes saliendo a la calle cuando hay determinadas injerencias políticas en la justicia.”

Compartir los espacios de poder y de resistencia

En el siglo XIX, la ópera fue un espacio de intercambio de poder. Un lugar donde se hacían negocios y se acordaban matrimonios. Los espacios de poder han sido y siguen siendo territorio masculino; no solo en el siglo XIX: “el matrimonio era un intercambio económico, se vendía al hijo y a la hija por puros intereses familiares y se juntaban a dos personas que no tenían nada que ver, que ni se amaban por pura conveniencia, algo que sigue pasando fuera de Europa”.

El matrimonio actual en Occidente, aunque se haya convertido en un pacto de amor, continúa siendo un contrato. “Tu vas a un notario y pactas los estatutos de cómo vas a dividir el patrimonio con tu pareja y hemos avanzado muchísimo pero el elemento contractual del matrimonio creado por el poder que pertenece al hombre, sigue existiendo”.

“Los nuevos retos de la masculinidad es replantearse también su propio rol. Debe haber una mirada crítica del hombre y qué implica ser hombre hoy.”

De todas formas, para la autora la resistencia también viene desde el poder y el territorio varonil con las nuevas masculinidades. “Los nuevos retos de la masculinidad es replantearse también su propio rol. Debe haber una mirada crítica del hombre y qué implica ser hombre hoy.” El cambio para Iglesia no surge de intercambiar el relato hegemónico, sino de hacer un contrarrelato que se oponga y que haga resistencia al relato del poder. “No es cuestión de suplantar. La mirada crítica viene de subvertir el relato hegemónico. La respuesta no es yo quiero ser el relato hegemónico o formar parte de él. Ahí entra la revolución del feminismo porque viene de una mirada crítica. El relato de la flâneuse me interesa porque critica, porque si eliminamos ese elemento crítico, la flâneuse se convierte en una mera pieza de intercambio. Se trata de que como mujer y, por lo tanto, como sujeto con derechos y legitimidad, cuestiona ese poder. El cuestionamiento es la clave”.

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“Lo que a mí más me interesa es la mujer que pasea como sujeto crítico” | Foto: Ariana Basciani

¿Feminismo como boom?

“Me niego a decir que el feminismosea un boom. El feminismo es un movimiento de la liberación de la mujer, tiene que ver con unas reivindicaciones sociales, económicas y de género. Es un movimiento, una filosofía, una corriente de pensamiento resistente. Pero creo que hemos hecho mal al definir el feminismo como boom”. La periodista hace este inciso al reflexionar sobre cómo el mercado se ha apoderado y banalizado el término, desde el mundo editorial hasta los medios de comunicación.

“Que en el 2018 se haya concienciado a la ciudadanía y se haya roto el silencio con los movimiento #Metoo y #YoTeCreoHermana, no quiere decir que el feminismo sea un boom, porque el feminismo ha estado mucho antes y seguirá presente. Le hacemos un mal favor al feminismo cuando lo reducimos a un boom”.

Iglesias habla sin pausa, reflexiona sobre el mercado y le molesta la banalización de la cultura, sean las camisetas de Frida Kahlo o las camisetas de Pablo Escobar. El mercado termina convirtiendo todo en merchandaising y no profundiza en líneas críticas de pensamiento. “El mercado es caníbal pero lo que me irrita es que se pone el foco en el mercado para desprestigiar todo lo demás. Las dinámicas del mercado son una cosa pero el feminismo, afortunadamente, es otra cosa con una importancia histórica, política, social y artística incuestionable”.

¿Revolución?

Para Anna María Iglesia la resistencia continúa con la desmitificación de los roles. La autora está embarazada, de una niña, y me comenta sorprendida una obviedad que representa el pensamiento hegemónico: cuando va a una tienda a comprar ropa para bebé, todo está dividido por roles. “Si es una niña, todo el universo se convierte en rosa. Ahora tu y yo estamos hablando del rol masculino y femenino pero hay muchos roles más. Y lo estoy viviendo ahora cada día por el simple hecho de estar embarazada. Los roles se están redefiniendo, sí, pero no es algo superado”.

La revolución de la flâneuses es una reivindicación de la figura de la flâneuse en el siglo XIX. Sin embargo, la autora no cree que todo deba pasar por una revolución. “Yo hablo de la revolución de las flâneuses, pero actualmente me gusta pensar más allá del cómo es la flâneuse contemporánea en cómo y cuál es el papel de la mujer en cuanto a sujeto crítico en la esfera pública. Eso es lo que a mí me interesa y más aún si lo miras a través de la acción del caminar, porque tiene que ver con la ocupación del espacio público que no se acaba nunca”.

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