Vic y Tana Rivera conquistan de amazonas la Feria de Abril: el detalle con el que homenajean a su familia
Dos jóvenes con raíces profundas en Sevilla protagonizan uno de los momentos más recordados

Victoria Federica y Tana Rivera | Gtres
La Feria de Abril regresa un año más como escenario de glamour, historia y apellidos con peso. Entre los nombres propios que han marcado esta edición, dos destacan por encima del resto: Victoria Federica de Marichalar y Tana Rivera. Ambas eligieron aparecer como amazonas en el Real, montadas a caballo y ataviadas con trajes que combinan técnica, tradición y personalidad. Lejos de optar por el camino más transitado —el traje de flamenca con volantes—, las dos jóvenes demostraron que vestirse de amazona es una declaración de intenciones. No es una elección improvisada ni superficial: exige conocimiento de las tradiciones, una postura impecable y una personalidad capaz de sostener el conjunto sin que parezca un disfraz.
Dos herederas de un legado sevillano
Victoria Federica, sobrina del rey Felipe VI e hija de la infanta Elena, no es una recién llegada a la Feria. Su vínculo con Sevilla y con el mundo ecuestre viene de lejos, forjado desde la infancia en una familia que ha hecho de estas tradiciones parte de su identidad. Nieta de don Juan Carlos y doña Sofía, la joven apareció serena y segura sobre su montura, luciendo un traje cordobés que fue uno de los estilismos más comentados del primer día. Su entrada en el Real no pasó desapercibida para nadie.
Tana Rivera también ocupa un lugar destacado entre las protagonistas de esta edición. Hija de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera, Tana forma parte de esa generación que ha crecido con la Feria como telón de fondo de su vida. Habitual en casetas, corridas y encuentros familiares durante estos días, su presencia en el recinto ferial es ya algo que el público da por descontado —y que cada año espera con renovado interés.

El peso de las mujeres que las precedieron
Lo que hace especialmente significativa la imagen de estas dos jóvenes no es solo lo que ellas representan hoy, sino el eco de las figuras que las han precedido. En el caso de Victoria Federica, su aparición en Sevilla inevitablemente evoca a su madre y a su abuela. La infanta Elena, apasionada de los caballos y de las costumbres españolas, ha desfilado en numerosas ocasiones por el Real con faralaes y una elegancia discreta que la ha caracterizado siempre. La reina Sofía, por su parte, también protagonizó visitas memorables a la Feria, integrándose con naturalidad y cercanía en una celebración que es mucho más que una fiesta popular.
El legado de Tana Rivera no es menos poderoso. Su madre, Eugenia Martínez de Irujo, es una de las figuras más asociadas a la Feria de Abril en las últimas décadas. Duquesa de Montoro, Eugenia no falla a su cita con Sevilla y cada año presenta estilismos flamencos cargados de personalidad. Pero detrás de Eugenia hay otra figura imposible de ignorar: la inolvidable Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, cuyas apariciones en el Real se convirtieron con el tiempo en parte de la memoria colectiva de la fiesta. Espontánea, carismática y profundamente enamorada de Andalucía, la duquesa transformó cada visita en una celebración en sí misma. Ese amor declarado por Sevilla sigue vivo hoy en su hija Eugenia y en su nieta Tana.

Dos visiones de la elegancia ecuestre
Más allá del simbolismo familiar, el primer día de la Feria 2026 ofreció también un interesante contraste de estilos entre las dos jóvenes amazonas. Tana Rivera apostó por la sobriedad. Su propuesta giró en torno a una chaquetilla negra entallada, de líneas limpias y ejecución impecable. El negro, lejos de ser una elección conservadora, funcionó aquí como una afirmación estética: disciplina, clasicismo y respeto por la tradición sin necesidad de adornos innecesarios. Un detalle especialmente significativo fue que la chaquetilla perteneció a su abuela, la duquesa de Alba, lo que convertía el conjunto en algo más que un estilismo: era un homenaje. Sobre una camisa blanca con botones rojos, la chaquetilla lucía borlas y detalles en las solapas que estilizaban la silueta sin romper la armonía del conjunto.
Victoria Federica, en cambio, eligió un registro más elaborado, firmado por Amazonia Sastrería. Su chaquetilla en terciopelo fino, en tonos tierra que iban del ocre al teja, introducía una paleta cromática en sintonía con las tendencias actuales. Los bordados y la pasamanería en negro aportaban contraste y profundidad, mientras que un chaleco a juego completaba el estilismo. Un fajín de flores geométricas —que desde la distancia podía evocar un print paisley— marcaba la cintura y añadía un punto de teatralidad sin caer en el exceso. El resultado era un look construido en capas, que se descubría poco a poco y que dialogaba con el presente sin traicionar sus raíces.
Una competición simbólica sin perdedoras
Comparar ambos estilismos es, en el fondo, observar dos maneras distintas de entender y habitar la elegancia. Tana Rivera reivindica la neutralidad y la fidelidad a lo atemporal. Victoria Federica introduce matices, variaciones y guiños a las tendencias del momento. Ninguna de las dos se equivoca; simplemente hablan idiomas estéticos diferentes. Si hubiera que señalar a la amazona con mayor resonancia en esta primera jornada, muchos apuntarían a Victoria Federica: no por eclipsar a su compañera de protagonismo, sino por haber sabido incorporar la actualidad —tejidos, bordados, paleta cromática— sin perder de vista la tradición que da sentido a todo en la Feria de Abril.
