El refugio de Boris Izaguirre en Barcelona: «Es un cinco estrellas con unas vistas maravillosas»
El colaborador de televisión suele viajar mucho a la ciudad condal donde tiene su lugar favorito y donde siempre se aloja

Boris Izaguirre, en una imagen de archivo. | Gtres
Boris Izaguirre es un apasionado de los viajes. El colaborador de televisión, y ahora juez en Mask singer, ha conseguido hacer de Madrid, su ciudad. Es aquí donde se estableció hace muchos años y donde ha encontrado su refugio, su lugar favorito, porque es donde está «su marido, Rubén». Pero además de la capital, Boris tiene otros lugares favoritos que, sin duda alguna, han marcado su día a día. Tal y como contó en una entrevista con la Revista Repsol, Izaguirre confesó que un hotel, para que le apasione, tiene que tener «solera y silencio». Algo que encuentra siempre en la ciudad condal, donde no le importa repetir.
Boris aterrizó definitivamente en Madrid a finales de marzo de 1992, justo el día después de que la película Belle Époquede Fernando Trueba ganara el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Al llegar y ver la ciudad en plena celebración, Boris —con su optimismo característico— sintió que ese Oscar era también una señal de bienvenida para él. No vino a Madrid directamente, sino que primero pasó un tiempo en Santiago de Compostela para escribir el guion de una serie que nunca se estrenó —Compostela, sol y luna—. Sin embargo, fue en Madrid donde encontró su verdadero escenario.
El refugio favorito de Boris Izaguirre está en Barcelona

Boris no llegó como un desconocido total. Ya tenía una amistad previa con Miguel Bosé, a quien había conocido años antes. Sus primeros tiempos en España estuvieron muy ligados a la casa de la familia Bosé en Somosaguas. Lucía Bosé se convirtió en su madre italiana en España, y Miguel fue el puente que le abrió las puertas de la vida cultural madrileña. Poco después de llegar a España en 1992, conoció a Rubén Nogueira en Galicia. Se mudaron juntos a Madrid y desde entonces Rubén ha sido su ancla, su pareja y el fotógrafo de sus primeros momentos en la ciudad.
En sus primeros años en Madrid, Boris trabajaba en la sombra como guionista —colaboró en programas como La noche por delante con Pepe Navarro—. Su vida cambió radicalmente cuando Javier Sardá lo llamó para Crónicas marcianas. Pasó de ser un intelectual venezolano que escribía guiones a convertirse en el rostro más transgresor de la televisión española, famoso por sus análisis de la jet set y su absoluta falta de complejos. Treinta y cuatro años después de aquella llegada en 1992, Boris es una institución en Madrid. Su vida actual se concentra en el barrio de Salamanca, que se ha convertido en su zona de confort. Vive en un piso que es una extensión de su personalidad —el famoso piso de las paredes azules y el suelo turquesa que mencionamos antes—.
«Llegué huyendo del golpe de Estado de 1992 en Venezuela»

Tras un susto de salud hace un par de años —una intervención coronaria—, Boris confesó que al salir a esta calle y mirar los árboles, sintió que finalmente era un madrileño de verdad. «Llegué huyendo del golpe de Estado de 1992 en Venezuela y Madrid me acogió con los brazos abiertos. Yo no conquisté a Madrid, Madrid me permitió ser yo mismo», ha contado, en alguna que otra ocasión. Como decíamos, Barcelona se ha convertido en su refugio. Concretamente, el Hotel Majestic, «un cinco estrellas con unas vistas desde su piscina al Paseo de Gracia maravillosas», relató a la Guía Repsol.
Si Madrid es su casa, Barcelona fue su fábrica de estrellas. A finales de los 90 y principios de los 2000, Boris pasaba gran parte de su tiempo en Barcelona —concretamente en los estudios de Gestmusic en San Just Desvern— grabando el mítico programa Crónicas Marcianas. En aquella época, Boris sentía que Barcelona era la ciudad más transgresora de España, el lugar perfecto para sus míticos streaks y sus análisis de la prensa rosa que rompieron moldes. La conexión de Boris con Barcelona es, sobre todo, editorial. Al ser la sede del Grupo Planeta, la ciudad ha sido el escenario de sus mayores triunfos como escritor. En 2007, en el Palau de Congressos de Catalunya, vivió uno de los momentos más importantes de su vida al quedar finalista del Premio Planeta con su novela Villa Diamante.
El Hotel Majestic, su oasis de paz en Barcelona
Boris es un enamorado confeso de la fiesta del 23 de abril. Ha dicho en varias ocasiones que no hay nada más elegante y civilizado que una ciudad volcada en los libros y las rosas. Es habitual verlo firmando ejemplares en las Ramblas o el Paseo de Gracia, disfrutando del contacto con el público catalán. Como decíamos, cada vez que puede intenta refugiarse en el Hotel Majestic. Este se ubica en el número 68 del Paseo de Gracia, es mucho más que un alojamiento de lujo; es el epicentro del glamour de Barcelona y el refugio favorito de Boris Izaguirre en la ciudad. Inaugurado en 1918, es un símbolo de la burguesía catalana y del estilo neoclásico francés.
El Majestic ha sido, desde hace más de un siglo, el lugar donde se cruzan la cultura, la política y la moda. Por sus habitaciones han pasado desde Ernest Hemingway y Antonio Machado —que pasó allí sus últimos días en España— hasta artistas como Joan Miró. Para Boris, el Majestic representa esa «Barcelona europea y sofisticada». Le encanta su capacidad para mantener el lujo clásico sin resultar rancio. Es habitual verlo en su terraza o en el hall, que él considera una de las mejores «pasarelas» de la ciudad. Uno de los grandes orgullos del hotel es su oferta culinaria, supervisada por el chef con estrellas Michelin Nandu Jubany.Ha sido premiado en diversas ocasiones como el mejor desayuno de hotel de Europa. Es un festín de productos locales, bollería artesana y cocina en vivo que Boris ha elogiado repetidamente.
El bar es el lugar perfecto para tomar un cóctel rodeado de pianos y obras de arte. Es el sitio ideal para las tertulias literarias que tanto le gustan a los escritores durante la semana de Sant Jordi. Ubicada en la décima planta, La Dolce Vitae es una de las azoteas más icónicas de Barcelona. Ofrece una panorámica de 360° donde se puede ver perfectamente la Sagrada Familia, la Casa Batlló y el mar. Es el lugar donde se celebran las fiestas más exclusivas de la ciudad. Boris suele decir que ver atardecer desde allí con una copa de champagne es «la definición misma de la civilización». El hotel alberga una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes en manos privadas dentro de un establecimiento hotelero. Cuenta con más de 1.000 piezas de artistas como Tàpies, Saura o Llimós. Pasear por sus pasillos es, literalmente, visitar una galería de arte.
