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La infancia de Javier Ambrossi marcada por el 'bullying': «Me decían que daba asco por ser homosexual»

El director señala que fue a un colegio religioso donde su orientación sexual se convirtió en blanco de acoso escolar

La infancia de Javier Ambrossi marcada por el ‘bullying’: «Me decían que daba asco por ser homosexual»

Javier Ambrossi | Gtres

Pocos podrían imaginar, al ver hoy la trayectoria de Javier Ambrossi, que hubo un tiempo en que este madrileño malvivía sirviendo mesas en un bar sin que ningún casting le abriera las puertas. Su nombre artístico, Ambrossi —tomado de sus apellidos compuestos—, fue una elección estratégica: presentarse como Javier García le hacía uno más entre la multitud, y él sabía desde joven que necesitaba distinguirse. Su nombre completo, Francisco Javier García de la Camacha Gutiérrez-Ambrossi, recoge raíces diversas: una abuela vasca, un abuelo andaluz y familia repartida por Galicia, con el segundo apellido artístico que procede de Génova.

Ambrossi estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y se formó en Dramaturgia en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. Su debut televisivo llegó en 2004 con un papel menor en El comisario, y con el paso de los años acumuló participaciones en series como Amar en tiempos revueltos, Sin tetas no hay paraíso, Cuéntame cómo pasó, Arrayán y Ciega a citas. Sin embargo, el trabajo escaseaba y las facturas no esperaban. Fue precisamente en esa etapa de frustración y jornadas dobles —el día de camarero, la madrugada de escritor— cuando nació lo que cambiaría su vida.

Hoy, con más de treinta y cinco años de vida y cinco nominaciones a los Goya en su haber —además de un premio Feroz—, el propio Ambrossi reconoce con cierta paradoja que su plenitud llegó justo cuando abandonó el sueño de la actuación: «He llegado a mi plenitud cuando he dicho adiós a mi sueño de pequeño, es triste, pero es precioso», confesó en el programa El novato. Fue al soltar esa presión cuando la escritura tomó el mando y empezaron, según él mismo, «las cosas buenas de la vida».

Javier Ambrossi y Javier Calvo. Gtres

Una infancia marcada por el ‘bullying’ en un colegio religioso

Detrás del creador exitoso hay un niño que lo pasó muy mal. Ambrossi creció en un colegio religioso donde su orientación sexual, que él mismo descubrió siendo muy pequeño, se convirtió en blanco de acoso escolar. Le decían que daba «asco» por ser homosexual, que sus sentimientos eran pecado. Décadas después, el director admite que aquel ambiente todavía le persigue: «Tengo casi 40 años y todavía me da miedo cuando voy por la calle y veo un grupo de chicos adolescentes», confesó durante la presentación de La mesías en El hormiguero.

«Este proyecto ha sido sanador para mí. Nunca me he recuperado de haber ido a una escuela en la que te señalan y te dicen que tus deseos dan asco. Escribir y dirigir me ayuda a estar más ligero, pero todavía no tengo una relación sana con el sexo y tengo una tormenta interior potente», declaró con una honestidad poco habitual en el mundo del espectáculo. La escritura y la dirección, insiste, son también una forma de terapia.

Javier Ambrossi. Gtres

Fue viendo un episodio de Farmacia de guardia —concretamente el capítulo titulado No se lo digas a nadie, emitido en enero de 1995— cuando, con apenas diez años, reconoció en un personaje lo que él mismo sentía. Esa misma noche habló con su madre. Su familia fue su refugio en un entorno escolar que no lo era. A pesar del apoyo en casa, Ambrossi lamenta no haber pedido ayuda fuera: «Ojalá la hubiera pedido. Me habría ido mejor», dijo en El Diario Vasco. Hoy lanza un mensaje claro a quienes sufren situaciones similares: hay que contarlo, buscar ayuda y, si es necesario, denunciarlo.

La familia, su hermana Macarena y la separación de sus padres

La infancia de Ambrossi estuvo marcada también por la separación de sus padres, Javier García de la Camacha y Sofía Gutiérrez-Ambrossi. Su madre tenía solo 18 años cuando él nació, estudiaba Derecho y tuvo que reorientar toda su vida. El director ha reconocido que todas sus «movidas mentales» tienen origen en aquella ruptura familiar. Sofía, años después, también haría su propia reinvención: dejó dos décadas en la banca para dedicarse al pilates, poniendo la felicidad por delante de la estabilidad económica.

En ese contexto difícil, su hermana Macarena García se convirtió en su persona más cercana. Aunque de pequeños se peleaban constantemente, hoy son inseparables. Macarena ha participado en todos y cada uno de los proyectos de Ambrossi: La llamada, Paquita Salas, Veneno y La mesías. Fue él quien la acompañó en la gala de los Goya de 2013 cuando recibió el premio a Mejor Actriz Revelación por Blancanieves. «Mi hermana es una estrella de verdad, es cálida, convierte cualquier proyecto en algo mejor», ha dicho de ella.

‘La llamada’: de las tres de la mañana al Festival de Berlín

La historia del nacimiento de La llamada es tan cinematográfica como la propia obra. Ambrossi y Javier Calvo, entonces su pareja sentimental y también frustrado actor tras el éxito de Física o química, decidieron que no podían seguir esperando a que alguien les diera una oportunidad. Ambrossi escribía al terminar sus turnos en el bar, con frecuencia hasta el amanecer, sin un euro en el bolsillo, según relató en El Diario Vasco. El texto nació también, en parte, como un gesto de afecto hacia una compañera de trabajo: la actriz Belén Cuesta, que compartía con ellos las mismas penurias laborales. Su hermana Macarena García lo contó en El hormiguero: Ambrossi le prometió a Belén que le escribiría un papel que la sacaría de allí.

La obra se estrenó en el hall del Teatro Lara para apenas cuatro funciones y se convirtió en un fenómeno: pasó al escenario principal, giró por toda España y llegó hasta Moscú. Después dio el salto al cine, llevó a Los Javis a las nominaciones del Goya y fue seleccionada por el Festival de Málaga y la Berlinale. Una historia sobre la libertad, la fe y el respeto que, según Ambrossi, los representaba a la perfección: «Queríamos hablar de la libertad, del respeto total incluso a cosas que están muy alejadas de nosotros, como las creencias religiosas».

Tras el éxito de La llamada llegaron Paquita Salas, Veneno y, más recientemente, La mesías, el thriller para Movistar+ que supone su mayor giro de registro: siete episodios sobre el trauma de una familia religiosa aislada del mundo. Un proyecto que, según confesó Ambrossi, removió heridas propias de las que todavía no se ha recuperado del todo.

Javier Ambrossi. Gtres

El fin de una era: la ruptura con Javier Calvo

Durante más de doce años, Javier Ambrossi y Javier Calvo fueron prácticamente sinónimos. Los Javis: la pareja que se conoció cuando ambos buscaban trabajo como actores, que empezaron a escribir juntos de madrugada y que construyeron uno de los proyectos creativos más sólidos del audiovisual español contemporáneo. También fueron pareja sentimental, con una propuesta de matrimonio pública en septiembre de 2017 durante la presentación de La llamada. La boda nunca llegó a celebrarse —«por falta de tiempo y porque para hacer una fiesta ya las hago», bromeó Ambrossi en su momento— y la relación, que parecía indestructible, ha terminado.

En su momento de mayor visibilidad juntos, cuando presentaron los premios Goya 2024 junto a Ana Belén, Ambrossi había descrito su vínculo con Calvo como el de dos mitades de un mismo cóctel: complementarios e imprescindibles el uno para el otro. «Si no llegamos a encontrarnos no habríamos hecho nada de nada», llegó a decir. Lo que queda ahora es la incógnita de qué será capaz de construir cada uno por separado —y si el legado de Los Javis como marca creativa sobrevivirá a la ruptura personal.

Lo que sí parece claro es que Ambrossi seguirá trabajando: mezclando registros, géneros y emociones, fiel a su lema de lanzarse a la piscina antes de comprobar si hay agua. Ese chico que escribía de madrugada después de fregar vasos lleva tatuado en el brazo: Lo hacemos y ya veremos. Aunque ahora tendrá que verlo solo.

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