La realidad tras las joyas que ahora vende Corinna Larsen: «El lujo, cuando sale de la tienda, es 'lujo usado'»
La alemana ha puesto en venta varias de sus pertenencias más especiales, que podrían perder valor en el mercado

Corinna Larsen, en una imagen de archivo. | EP
Corinna Larsen se convirtió, hace mucho tiempo, en uno de los nombres con más ruido mediático en nuestro país. La alemana, en los últimos años, ha roto su silencio sobre la relación que mantuvo con el rey Juan Carlos, a quien, como ella misma ha contado, conoció en una cacería. Durante sus años de amistad, el Emérito le regaló a Corinna —según su testimonio— diferentes joyas que, ahora, ha decidido poner a la venta. Tal y como explican desde La Razón, el deseo de la alemana siempre fue llevar esta transacción en silencio, algo que, finalmente, no ha podio ser. En el pack que Corinna ha puesto a la venta, nos encontramos con distintos modelos que van desde una pulsera de diamantes hasta un anillo de ocho quilates.
Una serie de joyas que tienen un valor de varios millones de euros, pero que, a la hora de ponerse a la venta, este podría devaluarse. Pero ¿por qué sucede esto? Desde THE OBJECTIVE hemos hablado con Rubén de Gracia, economista e inversor. «Una joya tiene una virtud peligrosa; parece dinero sólido porque no es como una acción, que sube y baja en una pantalla ni es como una criptomoneda, que puede desplomarse mientras uno duerme», explica el especialista. Y es que una joya se «toca, pesa, prilla, tiene oro, diamantes, esmeraldas o rubíes y puede guardarse en una caja fuerte o lucirse en una cena».
Corinna Larsen pone en venta su joyero personal

Es por eso que mucha gente la mira y piensa: «Esto siempre valdrá» y el problema es que «el mercado no siempre piensa lo mismo». «La reciente información sobre Corinna Larsen y la venta de joyas que habrían sido regalos de Juan Carlos I sirve como punto de partida perfecto para entenderlo. No tanto por el personaje, sino por la confusión que rodea a este tipo de piezas: cifras altas millonarias, procedencias llamativas, titulares espectaculares y una pregunta que casi nunca se responde con claridad. ¿Cuánto vale realmente una joya?», se pregunta De Gracia.
Y es que las joyas no bajan de precio «por accidente», lo hacen porque «se compraron mal desde el principio». «Cuando alguien compra una joya nueva en una boutique de lujo, cree que está comprando oro, piedras preciosas y diseño. En realidad está comprando también otra cosa; impuestos, margen comercial, alquiler de la tienda, publicidad, seguridad, escaparate, marca, caja bonita, bolsa elegante y la sensación de haber entrado en un mundo exclusivo», apostilla el experto en joyas. Todo eso lo paga el primer comprador y el segundo, normalmente, «no quiere pagarlo». Sobre todo cuando el primer comprador se convierte en «vendedor» y tiene una urgencia «de vender».
El valor de las joyas en el mercado, según Rubén de Gracia
«Una joya de 100.000 euros comprada en tienda no equivale necesariamente 100.000 euros de valor recuperable. Contiene una parte de activo vendible y una parte de experiencia de lujo disfrutable, que igual que quién disfruta una cena en un gran restaurante, no se puede recuperar», cuenta De Gracia. En España, además, una joya nueva lleva un «21% de IVA». Es decir, antes de hablar de diamantes, de marcas o de moda, el comprador ya entra «con una mochila fiscal importante». «Si una pieza tuviera un valor base de 100, el precio final en tienda puede empezar en 121 sólo por el impuesto. Para no perder dinero al vender esa joya no tiene que subir un poco: tiene que recuperar primero el coste de entrada, es decir, tiene que valer de entrada al menos un 21% más», añade.
De esta manera, se entiende que el precio perdido al sacar una joya de una tienda ronda el «32% entre impuestos y márgenes». «Luego al vender en subasta ocurre algo parecido, aunque con otro nombre. El comprador no paga sólo el famoso ‘precio de martillo‘. Cuando una joya sale a subasta y la puja ganadora es de 100.000 € —ese es el precio de martillo—, ahí también paga una prima. En algunas grandes casas, esa prima suele ser un 10% pero puede acercarse al 30% en determinados tramos según Christie’s», comenta el experto en joyas.

Así, la mayoría de las joyas que «compra el público no son piezas históricas. Son productos de lujo, y el lujo, cuando sale de la tienda, muchas veces se convierte en lujo usado y esa frase es menos romántica, pero mucho más entendible». Incluso, en marcas conocidas, el mercado de segunda mano suele pagar menos que el precio original. «Sotheby’s indica que incluso algunas de las piezas más deseables de Cartier pueden venderse entre un 15% y un 30% por debajo del precio de venta original, y otras piezas firmadas o con diamantes pueden caer entre un 30% y un 40% frente al precio de tienda. Esto no significa que Cartier sea mala marca o que los diamantes sean piedras altamente sobrevaloradas. Significa que comprar bien importa más que comprar caro», cuenta De Gracia.
Y es que el valor de una joya no depende solo de que sea bonita. «Depende de que el mercado crea que es difícil de sustituir. Si hay muchas parecidas, si la moda cambia o si la marca no tiene demanda internacional, el precio puede sufrir o valdrá lo que valga su oro y en menor medida, su diamante, al peso», añade. Aún así, la joyería que funciona como inversión «existe», pero juega en una liga muy distinta. Así, si alguien quiere comprar joyas con «mentalidad de inversión», el mejor consejo es que sea «menos romántico y más práctico». «Es decir, piezas con buen peso en oro, metal noble claro, marca reconocible, diseño clásico, documentación completa y piedras sólo cuando sean realmente excepcionales y certificadas, si no, sin piedras, literalmente. Una joya llena de pequeñas piedras, diseño de moda y mucho escaparate puede ser espectacular, pero a la hora de vender quizá el mercado sólo mire cuánto oro hay, qué piedras son aprovechables y cuánto descuento exige para comprarla», comenta De Gracia.
La regla, por tanto, sería sencilla. «Si compras por placer, compra lo que te enamore; si compras pensando en conservar valor y revender, compra lo que otro pueda querer comprar sin escuchar tu historia», cuenta el experto. Y es que no gana «quien compra lo más brillante, sino quien compra aquello que el siguiente comprador entiende, desea y puede pagar».
