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Amancio Ortega, sobre sus padres: «Sigo siendo el mismo hijo de ferroviario que llegó a La Coruña en un tren»

El dueño de Zara nació en un pequeño pueblo de León donde su padre trabajaba en una estación de tren

Amancio Ortega, sobre sus padres: «Sigo siendo el mismo hijo de ferroviario que llegó a La Coruña en un tren»

Amancio Ortega junto a su mujer. | EP

Amancio Ortega nació en León porque era allí donde estaba trabajando su padre en una estación de tren. Al poco tiempo se mudó hasta La Coruña, donde estableció su vida, tanto personal como profesional. Ahora, Galicia se ha convertido en su refugio y, también, es su base de operaciones. Fue allí donde abrió su primera tienda de Zara y, también, donde ha criado a sus hijos y cuida de sus nietos. Y es que Amancio siempre estuvo muy orgulloso del trabajo que hicieron sus padres para sacarle adelante tanto a él como a su hermano Manuel. «Vengo de una familia de trabajadores, mi padre era ferroviario. Sé perfectamente lo que es empezar desde abajo, lo que cuesta ganar un salario y el valor que tiene el trabajo. Por eso, para mí, el respeto a las personas que trabajan conmigo es lo primero», ha contado.

Es más, Amancio se considera «uno más» en su empresa. «Nunca he querido tener un despacho cerrado porque a mí lo que me gusta es estar abajo, con la gente, al pie del cañón, que es lo que vi en mi casa desde niño», ha relatado. Hay que tener en cuenta que, hoy en día, Amancio es uno de los hombres más ricos del mundo. «El dinero solo tiene un valor para mí: la tranquilidad de que a los míos no les falte nada. Pero yo sigo siendo el mismo hijo de ferroviario que llegó a La Coruña en un tren. Mis necesidades siguen siendo muy sencillas. Lo único que me importa de verdad es la salud de mi familia y el bienestar de la gente que trabaja conmigo. Todo lo demás es accesorio», ha querido dejar claro siempre.

Amancio Ortega nació en un pueblo de León donde trabajaba su padre

Amancio Ortega junto a Marta Ortega. | EP

Su vida se ha constituido, así, como una de las historias de superación más impactantes del siglo XX. Es el relato de cómo un niño nacido en la pobreza más absoluta de la posguerra española, hijo de un humilde trabajador, acabó convirtiéndose en el hombre más rico de España y en el revolucionario de la moda global gracias a su imperio, Inditex. Amancio nació en un pequeño pueblo de León donde su padre estaba destinado como esfuerzo ferroviario. Era el menor de cuatro hermanos en una familia que sufría en carne propia las penurias de la Guerra Civil y la posguerra. Debido al trabajo de su padre, la familia se mudaba constantemente buscando un sustento.

Cuando Amancio tenía tres años, se trasladaron a Tolosa (Guipúzcoa), donde vivió de primera mano el miedo y el racionamiento de comida. Sin embargo, el destino definitivo de la familia sería La Coruña (Galicia), ciudad a la que llegaron cuando él tenía 12 años y que se convertiría en su verdadero hogar y en la cuna de su imperio. La infancia de Amancio terminó abruptamente un día de 12 años. Mientras acompañaba a su madre, Josefa, a una tienda de ultramarinos, escuchó cómo el tendero le negaba el crédito a su madre detrás del mostrador: «Chusa, lo siento, pero ya no te podemos fiar más». Aquel golpe al orgullo de su madre lo marcó a fuego. Aquella misma tarde, Amancio decidió dejar los estudios y buscar trabajo. Se prometió a sí mismo que a su madre nunca más le volvería a faltar nada.

«Vengo de una familia de trabajadores, mi padre era ferroviario»

A los 14 años, comenzó a trabajar como repartidor y chico de los recados en la Camisería Gala, una conocida tienda de La Coruña. Allí, doblando camisas y barriendo el suelo, empezó a observar cómo funcionaba el negocio textil y a hacerse preguntas: ¿Por qué la ropa bonita y de calidad solo la pueden comprar los ricos? ¿Por qué se tarda tanto en fabricar una prenda? Más tarde pasó a la mercería El Borbollón, donde conoció los secretos de las telas. Con los años, junto a sus hermanos y su primera esposa, Rosalía Mera, comenzó a fabricar batas acolchadas de guata en el salón de su casa. Eran copias de prendas de lujo pero a un precio muchísimo más barato. El negocio funcionó, y en 1963 fundó su primera empresa oficial: Confecciones GOA (sus iniciales leídas al revés).

Tras más de una década fabricando para otros, Amancio decidió abrir su propia tienda de venta al público. En 1975, abrió la primera tienda Zara en una céntrica calle de La Coruña. Originalmente quería llamarla Zorba —por la película Zorba el Griego—, pero al estar el nombre registrado, jugó con las letras que ya tenía fabricadas para el letrero y creó Zara. El éxito fue inmediato. Ortega inventó el concepto de la moda rápida (fast fashion): en lugar de diseñar dos colecciones al año —primavera e invierno— como hacía todo el mundo, Zara escuchaba lo que los clientes pedían en las tiendas, lo fabricaba en Galicia en menos de 15 días y lo ponía a la venta. Cambió las reglas del juego del comercio mundial. En 1985 creó el grupo Inditex y comenzó su expansión internacional.

Amancio Ortega creó Goa.

A pesar de que Zara abría tiendas en Nueva York, París y Tokio, nadie sabía qué cara tenía Amancio Ortega. Durante décadas, no existía ni una sola fotografía pública de él. No iba a fiestas, no daba entrevistas y no se dejaba ver. Trabajaba (y sigue trabajando) comiendo todos los días en el comedor de empleados de su sede en Arteixo junto a sus diseñadores y patronistas, vistiendo siempre de forma sencilla: pantalón gris y camisa blanca —nunca de Zara—. Su primera fotografía oficial no vio la luz hasta el año 1999, obligada por la inminente salida de Inditex a la Bolsa, un hito que en 2001 lo catapultó definitivamente a las listas de los hombres más ricos del planeta.

Hoy en día, retirado de la primera línea de Inditex —cuya presidencia está en manos de su hija menor, Marta Ortega—, Amancio vive una vida tranquila en La Coruña junto a su segunda esposa, Flora Pérez. Dedica su tiempo a su gran pasión, la hípica, a gestionar sus inversiones inmobiliarias por todo el mundo a través de Pontegadea, y a labores filantrópicas mediante la Fundación Amancio Ortega, conocida por sus millonarias donaciones de tecnología médica a la sanidad pública española. A pesar de su inmensa fortuna, sigue considerándose el mismo hijo de ferroviario que un día juró cambiar su destino por amor a su madre.

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