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El parador favorito de Eugenia Martínez de Irujo está a orillas del Sil: es un refugio medieval con 1.000 años de historia y cocina de autor

La duquesa de Montoro se escapó, hace un par de años, hasta Galicia, donde disfrutó junto a su marido, Narcís Rebollo

El parador favorito de Eugenia Martínez de Irujo está a orillas del Sil: es un refugio medieval con 1.000 años de historia y cocina de autor

Eugenia Martínez de Irujo, en una imagen de archivo. | EP

Eugenia Martínez de Irujo siempre intenta desconectar del día a día. Para ello, la duquesa de Montoro se compró, hace mucho tiempo, una preciosa finca en la isla de Ibiza. También, siempre que puede hace las maletas y se marcha a Sevilla, la que siempre ha sido su segunda casa. Aunque eso sí, para aquellas ocasiones en las que le apetece innovar, la hija de la duquesa de Alba escoge Galicia, un lugar donde estuvo hace un par de años durante unas vacaciones de Semana Santa. Para esos días de asueto, además, eligió uno los paradores más bonitos de toda España; el de Santo Estevo.

El Parador de Santo Estevo, situado en el municipio de Nogueira de Ramuín (Orense), es uno de los hoteles más espectaculares, mágicos y singulares de toda la Red de Paradores de España. Ubicado en pleno corazón de la Ribeira Sacra, este establecimiento ocupa las instalaciones de un monumental monasterio benedictino cuyos orígenes documentados se remontan al siglo X —aunque se cree que ya existía un eremitorio en el siglo VI—.

El parador favorito de Eugenia Martínez de Irujo está a orillas del Sil

Eugenia Martínez de Irujo Palacio de Liria
Eugenia Martínez de Irujo suele escaparse a Ibiza o Sevilla. | Redes sociales

Dormir, pasear o cenar en este lugar no es simplemente alojarse en un hotel; es realizar un viaje de inmersión total en la historia, el misticismo gallego y la naturaleza más salvaje. La espectacularidad arquitectónica del edificio es tal que cuenta con tres claustros de estilos y épocas totalmente diferentes, algo muy inusual. Los huéspedes pueden pasear libremente por ellos. Cuentan con un claustro de los Obispos, de estilo Románico, que es el más antiguo y místico. Recibe este nombre porque allí fueron enterrados nueve santos obispos que se retiraron al monasterio en la Edad Media. Ademas, también posee el claustro de los Caballeros, de corte Renacentista, y es de grandes dimensiones y líneas sobrias, destaca por su elegancia y amplitud.

Por último, el claustro de Viveiro es un espacio lleno de luz que invita a la contemplación y al descanso. El parador ha sabido conjugar el peso de la historia con el lujo contemporáneo de forma brillante. Su spa es famoso en toda España por su ubicación: está construido en los antiguos sótanos del monasterio, rodeado de muros de piedra originales. Su joya de la corona es un jacuzzi exterior suspendido en una terraza de madera, que flota literalmente sobre las copas de los castaños y robles del denso bosque gallego. Disfrutar de un baño caliente allí mientras sube la niebla del cañón del río Sil es una experiencia inolvidable.

Un refugio con muchos años de historia, cocina de autor y difícil acceso

El restaurante del parador, llamado Dos Bispos, se ubica en las antiguas caballerizas y comedores del monasterio. Cuenta con unos techos altísimos y unas vistas impresionantes al paisaje natural a través de sus ventanales. Su propuesta culinaria rinde homenaje a la gastronomía tradicional gallega con un toque vanguardista: pescados frescos de las rías, pulpo a la gallega, carnes de ternera autóctona y postres tradicionales como las filloas o la bica, todo ello maridado con los excepcionales vinos de la D.O. Ribeira Sacra —especialmente los tintos de uva Mencía y blancos Godello—.

El halo de misterio que envuelve al edificio se alimenta de historias medievales. La leyenda más famosa del monasterio cuenta que los nueve obispos santos que se retiraron allí poseían nueve anillos milagrosos capaces de curar enfermedades y hacer milagros. Tras la desamortización del siglo XIX, los restos de los obispos fueron trasladados y los anillos se perdieron, convirtiéndose en un mito literario e histórico que atrae a curiosos y amantes del misterio —e inspirando famosas novelas de suspense histórico en los últimos años—.

El Parador de Santo Estevo. | Paradores

Sin duda alguna, uno de los puntos fuertes es el entorno. Y es, sin exagerar, una de las mayores joyas naturales y paisajísticas del sur de Europa. Al estar ubicado en pleno corazón de la Ribeira Sacra orensana —en el municipio de Nogueira de Ramuín—, el monasterio no está rodeado de calles ni pueblos, sino literalmente incrustado en una montaña escarpada, sepultado bajo un mar de vegetación autóctona y asomado a los abismos fluviales. El parador está completamente rodeado por un bosque autóctono atlántico de una densidad sobregogedora. Los protagonistas absolutos son los castaños centenarios —muchos de ellos plantados originalmente por los propios monjes medievales—, los robles —carballeiras—, los abedules y los helechos gigantes.

Este bosque crea un microclima fresco y húmedo. Durante los amaneceres y los atardeceres, la famosa niebla gallega —a néboa— se cuela entre las copas de los árboles y lame los muros de piedra del Parador, creando una atmósfera de misterio y paz que parece sacada de una novela de fantasía. A solo unos minutos del Parador, el paisaje se rompe de forma abrupta para dar paso a los Cañones del Sil. El río fluye encajonado en un desfiladero de roca granítica con paredes verticales que alcanzan los 500 metros de altura. Fue, precisamente, en este lugar, donde Eugenia aprovechó para dar un paseo junto a su marido, Narcís Rebollo, tal y como ella misma compartió en sus redes sociales.

El parador está situado en un lugar privilegiado. | Paradores

El entorno está salpicado de miradores espectaculares accesibles desde el parador. Uno de los más cercanos y famosos es el Mirador de Luintra o los icónicos Balcones de Madrid, desde donde puedes contemplar la inmensidad del cañón a vista de pájaro y observar el vuelo de las aves rapaces que anidan en las rocas. En las laderas del cañón que reciben más horas de sol, el bosque cede su espacio a los socalcos —es decir, terrazas escalonadas de piedra construidas en pendientes imposibles de hasta el 70% de inclinación—. Allí se practica la famosa viticultura heroica.

Ver el entorno en la época de la vendimia es un espectáculo; los viticultores recogen la uva Mencía a mano y la transportan en barcas por el río o la suben a la espalda por escaleras interminables. El contraste del verde del bosque, el agua del río y las terrazas de viñedos es uno de los paisajes más singulares del mundo. El entorno es un paraíso para caminar. Desde las mismas puertas del Parador parten varias rutas de senderismo señalizadas. La más famosa es la Ruta del Cañón del Sil (PR-G 98) o los senderos que imitan los caminos que recorrían los monjes benedictinos para comunicarse con otros monasterios o para bajar al río. Caminar por aquí significa pisar calzadas de piedra centenarias cubiertas de musgo, cruzar pequeños arroyos y descubrir antiguas fuentes escondidas en la maleza.

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