Ana Aznar, sobre su infancia: «Nunca fui una niña complicada, pero mis padres supieron decir 'no' a caprichos y contestaciones»
La hija de José María Aznar y Ana Botella vivió unos primeros años de vida «muy felices», donde hicieron «equipo»

Ana Aznar, en una foto en 'TO'. | Víctor Ubiña
Ana Aznar no fue una niña complicada. La hija de José María Aznar y Ana Botella se crio en un ambiente elitista, rodeado de intelectuales y políticos que, de una forma u otra, hicieron mella en esos primeros años de vida. A pesar de todo, los dos políticos intentaron criar a Ana, Alonso y José María en un entorno adecuado, proporcionándole a cada uno la atención necesaria, algo que, ahora, su única hija les reconoce. Tal y como ha contado la propia Ana en El purgatorio, sus padres supieron «involucrarles» en su día a día, algo que ahora ella también hace. «Nos llevaban donde podían y, sobre todo, hacían equipo», ha relatado la psicóloga a THE OBJECTIVE.
Además, nunca les echó en cara el tiempo que no pasaban con ellos. «Tuve una infancia feliz, junto a mis hermanos y a mis padres», cuenta. «Nunca fui una niña complicada, pero mis padres supieron decir que ‘no’ a caprichos y contestaciones», apunta, sobre la importancia de ponerle límites a los más pequeños. Y es que Ana es psicóloga infantil de profesión, algo que aplica en su vida, también, ya que es madre de cuatro niños.
La infancia de Ana Aznar
Ana Aznar Botella nació en Madrid, aunque ahora vive en Roma. Aunque cobró una gran relevancia mediática en su juventud, ha optado por mantener un perfil público muy discreto, enfocado plenamente en su carrera profesional fuera de la política. Ana Aznar ha desarrollado una sólida carrera académica y profesional al margen del panorama político de sus padres Se especializó en psicología infantil, centrando sus estudios e investigaciones en las relaciones familiares y el desarrollo socioemocional de los menores. Durante años, ejerció como investigadora y profesora en universidades del Reino Unido —como la Universidad de Surrey y la de Winchester— y ejerce la docencia en la Universidad John Cabot en Roma.
Con base en su experiencia en la psicología, ha dado el salto al mundo empresarial enfocado en el apoyo a las familias. Fundó Rec parenting, una plataforma a través de la cual intenta ayudar a padres en su labor dentro de la educación. Ha publicado el libro Educar también es decir no: Cómo poner límites con amor, una guía práctica donde propone pautas de crianza desde la empatía y la firmeza, basada tanto en su conocimiento científico como en su experiencia personal. En 2002 contrajo matrimonio con el empresario Alejandro Agag en una boda que tuvo un enorme impacto en los medios españoles. Tras el enlace, fijaron su residencia en Londres durante dos décadas.
De la Moncloa a su boda en El Escorial
Durante muchos años, la familia vivió en Londres, una ciudad caótica que se convirtió en su casa. Hace un par de años decidieron mudarse hasta Roma, debido a sus proyectos profesionales. Allí reside una rutina tranquila combinando su trabajo como profesora universitaria y la crianza de sus cuatro hijos adolescentes —Alejandro, Rodrigo, Pelayo y Alonso—. En su entorno social habitual se relaciona con destacadas figuras del mundo internacional de los negocios, la cultura y el deporte.
Durante parte de su juventud, Ana y sus hermanos residieron en Moncloa, mientras que padre era presidente del Gobierno. Ana Aznar llegó allí en 1996, cuando tenía unos 14 años, coincidiendo justo con su entrada en la adolescencia, y se marchó en 2004, con 22, ya convertida en una mujer casada. Aunque la Moncloa es un complejo enorme lleno de ministerios, salas de consejo y zonas de recepción oficial, la familia presidencial vive en el edificio principal, que cuenta con una zona residencial privada. Su madre, Ana Botella, se encargó de redecorar esos espacios privados para que resultaran más cálidos y menos institucionales para sus hijos adolescentes.

Criarse en la Moncloa implicaba una pérdida casi total del anonimato. Ana no podía salir a dar un paseo, ir al cine con amigas o acudir a la universidad —estudió en la Universidad Pontificia Comillas, ICADE— sin un equipo de escoltas que la acompañaba a todas partes. Sus padres fueron extremadamente celosos de la privacidad de sus hijos. Durante los ocho años que vivieron allí, apenas permitieron que los fotógrafos captaran imágenes de Ana o de sus hermanos, salvo en ocasiones institucionales muy concretas. Esto le permitió ir a clase y mantener su grupo de amigos de toda la vida de una forma relativamente normal.
La Moncloa cuenta con unos jardines espectaculares y muy extensos que se convirtieron en el espacio de desahogo de los hermanos. Allí Ana podía pasear o hacer deporte lejos de las cámaras. También destaca el famoso búnker subterráneo construido en la época de Felipe González; aunque era una zona de alta seguridad del Estado, los hijos de los presidentes siempre han relatado la curiosidad que les despertaba ese espacio de niños. Crecer en ese entorno implicaba que por el salón de su casa pasaban algunas de las personas más poderosas del planeta. Para Ana Aznar y sus hermanos, era normal cruzarse en los pasillos o compartir cenas informales con figuras de la política internacional de la época.

El final de su vida ligada a la Moncloa coincidió prácticamente con su boda en 2002. El banquete y los preparativos de su matrimonio con Alejandro Agag se gestionaron desde allí, y la expectación mediática fue tal que escenificó el fin de su juventud en el palacio antes de mudarse a Londres y empezar su vida totalmente independiente de la política de sus padres.
