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Serrat, sobre su madre: «Nací en una clínica, una cosa extravagante para la época, y pesé 5 kilos; ella siempre lo contaba como una gran hazaña»

El cantante vino al mundo en una familia humilde en Barcelona, donde encontró mucho cariño y entendimiento

Serrat, sobre su madre: «Nací en una clínica, una cosa extravagante para la época, y pesé 5 kilos; ella siempre lo contaba como una gran hazaña»

Serrat, en una imagen de archivo. | Gtres

Joan Manuel Serrat fue especial desde que nació. Y, aunque lo normal por aquella época es que se viniera al mundo en casa, lo cierto es que su madre fue asistida en una clínica. «Nací en una clínica, cosa extravagante en un tiempo en el que normalmente la gente nacía en casa. Pesé en el parto cinco kilos, una barbaridad, pero mi madre lo contaba como si fuera una hazaña. ‘Nació criado…’, repetía orgullosa a las visitas», contó el propio Serrat en su libro.

Sin duda alguna, la madre de Serrat fue una de las figuras fundamentales de su vida. Se llamaba Ángeles Teresa —conocida cariñosamente como la Sra. Ángeles— y su historia personal refleja a la perfección la dura realidad de la España del siglo XX. Ángeles Teresa nació en Belchite (Zaragoza), un pueblo aragonés que pasó a la historia por ser escenario de una de las batallas más destructivas y cruentas de la Guerra Civil española. Su familia sufrió intensamente las consecuencias del conflicto y de la represión. Debido a la guerra, Ángeles lo perdió prácticamente todo y tuvo que emigrar a Cataluña en busca de un futuro.

La infancia de Serrat en el barrio de Poble-sec

Serrat pesó cinco kilos cuando nació. | Gtres

En Barcelona conoció a quien sería su marido, Jaume Serrat, un operario del gas anarquista y catalán. Se instalaron en el humilde barrio obrero del Poble-sec, donde nació Joan Manuel en 1943. En la ciudad condal de la posguerra, a las personas que venían de otras regiones de España se les llamaba de forma despectiva «charnegos». El propio Serrat ha explicado muchas veces con orgullo que él creció en una casa «bilingüe y mestiza»; su padre le hablaba en catalán y su madre en castellano. Esta dualidad cultural e idiomática marcó para siempre la carrera musical del artista, capaz de componer obras maestras tanto en una lengua como en la otra.

Ángeles era costurera, un oficio que ejercía en casa para ayudar a la economía familiar en los años más duros de la posguerra. Serrat la recordaba como una mujer fuerte, trabajadora y de un carácter noble y reservado, marcada por los traumas de la guerra que había dejado atrás en Aragón, pero volcada por completo en el bienestar de sus hijos. La influencia de Ángeles en la música de Serrat quedó sellada para siempre en una de sus composiciones más emotivas: Cançó de bressol (Canción de cuna), escrita en catalán. En esta canción, Serrat rinde un homenaje directo a su madre y a sus raíces aragonesas. En una parte de la letra, introduce los versos de una jota que su madre le cantaba cuando era un niño para dormirlo, reflejando la nostalgia de la tierra que ella tuvo que abandonar.

El homenaje a su madre

Serrat está muy unido a su barrio de Barcelona. | EP

«Do del Baix Aragó / s’enyorava la meva mare…» —Desde el Bajo Aragón / se añoraba mi madre…—. Y rompe en castellano cantando la jota: «Besos de mi madre pura / que en mi mente grabados están…». Ángeles Teresa falleció en Barcelona en el año 1993. A través de los ojos de su hijo, se convirtió en el símbolo de toda una generación de madres de la posguerra que, a base de silencio, trabajo y costura, sacaron adelante a sus familias en tiempos difíciles. La infancia de Serrat, junto a sus padres, fue humilde, feliz, callejera y profundamente marcada por la Barcelona de la posguerra. Nació el 27 de diciembre de 1943 en el seno de una familia obrera y creció en el número 95 de la calle Poeta Cabanyes, en el emblemático barrio del Poble-sec.

Para el pequeño Joan Manuel, la calle no era un peligro, sino su verdadero patio de recreo. Creció en una época en la que apenas había coches, por lo que los niños del barrio pasaban el día jugando al fútbol con pelotas de trapo, a las canicas o al escondite. El propio Serrat inmortalizó esta atmósfera en su famosa canción Mi niñez. La infancia de Serrat estuvo definida por el mestizaje cultural. Su padre, Jaume, era un lampista (operario del gas) catalán y anarquista; su madre, Ángeles, era una costurera aragonesca que había llegado huyendo del horror de la guerra en Belchite.

«Nací en una clínica, una cosa extravagante para la época, y pesé 5 kilos»

Serrat junto a Candela. | Gtres

En su casa se cruzaban de forma natural el catalán del padre y el castellano de la madre. Lejos de ser un conflicto, este bilingüismo enriqueció la sensibilidad de Serrat desde la cuna; escuchaba los tangos que le gustaban a su padre en la radio y las jotas que le cantaba su madre mientras cosía. Aunque Serrat siempre ha insistido en que tuvo una infancia muy feliz porque nunca le faltó el cariño de sus padres, los años 40 y 50 fueron tiempos muy duros en España. El Poble-sec era un barrio gris, de gente trabajadora que sufría las cartillas de racionamiento y el frío. El paisaje de su niñez estaba lleno de fábricas, humo, talleres y el olor a las estufas de carbón. Sus padres hacían malabares económicos: su madre cosía hasta altas horas de la madrugada para aportar un extra al jornal del padre.

Un soplo de aire fresco en su infancia eran los viajes de verano a Belchite, el pueblo de su madre. Pasar de las calles adoquinadas y el humo de Barcelona al campo abierto, los animales, el polvo del Bajo Aragón y las historias de los tíos y abuelos le abrió los ojos a otra realidad rural que también acabaría plasmando en su discografía. Serrat no fue un niño rebelde en los estudios. Fue al colegio del barrio y, más tarde, gracias al enorme esfuerzo de sus padres, pudo estudiar el bachillerato laboral en la Universidad Laboral de Tarragona y en el Instituto Milà i Fontanals. De hecho, antes de que la música se cruzara en su vida de forma definitiva, llegó a matricularse y graduarse como perito agrícola, una carrera técnica que eligió impulsado por ese amor a la tierra que mamó en sus veranos infantiles.

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