Serrat: «Soy un hijo único con tres hermanos; mi padre, viudo, aportó un hijo y, luego, adoptaron a dos primas huérfanas por la guerra»
El cantante se crio en un modesto piso en el barrio del Poble Sec junto a sus padres y parte de su familia

Serrat, en una imagen de archivo. | Gtres
Joan Manuel Serrat se crio con una familia muy querida. El cantante nació en Barcelona, en un entorno humilde y tranquilo. De ello ha hablado, en varias ocasiones, el propio Serrat. Así lo hizo en su autobiografía, que vio la luz en 2008. «Nací a finales de 1943 en Barcelona, de padre catalán y madre aragonesa. Soy lo que en Cataluña se conoce como un charnego, un mestizo que, en mi caso, no heredó ni la prudencia del seny catalán ni la certidumbre aragonesa pero que de manera natural, se educó en la comprensión de la diversidad y la tolerancia de lo distinto», escribió.
Serrat nació en una clínica, «cosa extravagante en un tiempo en el que normalmente la gente nacía en casa. Pesé en el parto cinco kilos, una barbaridad, pero mi madre lo contaba como si fuera una hazaña. ‘Nació criado…’, repetía orgullosa a las visitas». Su padre se llamaba José y trabajaba «en la compañía del Gas y era un manitas que igual fabricaba una nevera que pintaba la casa o levantaba un tabique». José era viudo, en primeras nupcias, «aportó al matrimonio un hijo producto de sus anteriores circunstancias». «Mi madre, que se llamaba Ángeles, además de llevar la casa, colaboraba para sostener el presupuesto familiar cosiendo pijamas mientras escuchaba las radionovelas de la tarde», explicó.
Serrat fue hijo único con tres hermanos

Al poco tiempo de casarse, incorporó al «grupo familiar», un par «de un sobrinas huérfanas de guerra. Así pues, soy un hijo único con tres hermanos». La infancia de Joan Manuel Serrat es la gran materia prima de sus canciones más hermosas. Nació el 27 de diciembre de 1943 en el número 95 de la calle Poeta Cabanyes, en pleno corazón del Poble Sec, un barrio obrero y popular de Barcelona que trepa por las faldas de la montaña de Montjuïc.
Su niñez estuvo marcada por una España gris, la de la posguerra de los años 40 y 50, pero el propio Serrat siempre la recuerda no como una época de amargura, sino como un territorio lleno de luz, juegos y dignidad. El hogar de los Serrat-Teresa era el reflejo de la reconciliación y el dolor de la Guerra Civil. Su padre, Josep Serrat, era anarquista de la CNT y vencido de la guerra. Su madre, Ángeles Teresa, era una costurera aragonesa, natural de Belchite, un pueblo devastado por el conflicto donde ella perdió a prácticamente toda su familia.
Su medio-hermanos Carlos y dos primas de Belchite
A pesar de vivir en un piso pequeño, con las dificultades de las cartillas de racionamiento y el miedo político de la dictadura, Serrat recuerda que sus padres lograron crear un búnker de amor. Como él mismo ha dicho en varias ocasiones, era una casa golpeada por la guerra, pero su madre «consiguió vestirlo todo de ternura». Serrat se crió en una riqueza cultural que luego definió su obra. En su casa se hablaba una mezcla natural de idiomas. Con su padre y en la calle hablaba catalán. Con su madre hablaba en castellano, salpicado de expresiones aragonesas. De hecho, a él en su casa le llamaban «Juanito», y su madre utilizaba la palabra aragonesa «guacho» —es decir, niño— para referirse a él y a sus amigos.
Para el pequeño Juanito, la calle Poeta Cabanyes y las laderas de la montaña de Montjuïc eran un parque de atracciones infinito. En aquella época apenas había coches, por lo que la calle pertenecía a los niños. Allí jugaba al fútbol con pelotas de trapo, a las canicas, a chapas o a esconderse entre los matorrales de Montjuïc. Es la infancia que retrató magistralmente en su canción Mi niñez o en Barquito de papel. Era una vida humilde, de rodillas peladas, donde el mayor tesoro era el tiempo libre y los amigos del barrio.

En la casa de los Serrat no había lujos, pero nunca faltó una radio. A través de ella, el niño Joan Manuel absorbió la música de la época: las coplas que cantaba su madre mientras cosía —Juana Reina o Concha Piquer—, el tango, los boleros y la canción francesa. Aunque en su infancia no recibió una educación musical formal ni pensaba en ser artista —él quería ser perito agrícola o biólogo—, ese paisaje sonoro se le quedó grabado a fuego en la memoria.
Carlos Serrat era el hijo mayor de Josep Serrat —el padre del cantautor—. Josep se había casado en primeras nupcias antes de la Guerra Civil, pero su primera esposa falleció. De aquel matrimonio nació Carlos. Carlos fue su hermano mayor a secas. Vivieron la infancia típica de los niños del Poble Sec: compartiendo el mismo cuarto pequeño, heredando ropa y jugando en las laderas de Montjuïc. Serrat siempre ha elogiado la figura de su madre por cómo gestionó aquello. En una época en la que las madrastras cargaban con un estigma terrible en la cultura popular, Ángeles borró de un plumazo cualquier diferencia. Carlos se crió con el mismo amor, los mismos besos y las mismas reprimendas que Joan Manuel.

Algo que también sucedió con sus primas. Ángeles Teresa era de Belchite (Zaragoza), un pueblo que quedó completamente arrasado por ser uno de los frentes más brutales de la Guerra Civil. Allí, la represión fascista fue feroz y la familia de Ángeles fue diezmada; fusilaron a su madre —la abuela de Serrat—, a varios de sus hermanos y a sus cuñados. Al terminar la guerra, y sabiendo que las niñas estaban desamparadas, Ángeles y Josep no se lo pensaron. Las trajeron desde Aragón al humilde piso del Poble Sec. La situación económica de la familia era muy precaria. Al meter a las dos sobrinas en casa, la familia pasó de golpe a tener cuatro niños que alimentar.
