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La primera guerra digital de la historia cumple tres meses

Zelenski se ha puesto manos a la obra para protegerse tecnológicamente con dos medidas que, según los especialistas, han sido cruciales

La primera guerra digital de la historia cumple tres meses

Volodímir Zelenski. | Zuma Press

Este lunes se cumplen tres meses del inicio de la guerra de Ucrania. Kiev no cayó en 72 horas como auguraron muchos expertos; los ucranianos ofrecieron una feroz resistencia y, contra algunos pronósticos, Estados Unidos y sus aliados los respaldaron con armas y miles de millones de dólares; inesperadamente la OTAN resucitó, reforzándose con el próximo ingreso de Suecia y Finlandia y para sorpresa de casi todos la estrategia de Putin y la actuación del Ejército ruso –mal dirigido, peor abastecido y muy desmoralizado- resultaron un auténtico fiasco. Tampoco ha habido ningún ciberataque ruso como se temió en un principio. Al contrario, es Ucrania la que claramente va ganando la guerra en el frente digital.

Nada más producirse la invasión, el Gobierno del presidente Zelenski se puso manos a la obra para protegerse tecnológicamente con dos medidas que, según los especialistas, han sido cruciales. Inmediatamente lograron, bajo el fuego enemigo, trasladar y esconder los servidores oficiales, muchos de los cuales se encontraban en las afueras de una capital sobre la que avanzaban las tropas rusas y el Parlamento aprobó una nueva ley  para facilitar el almacenaje de datos en la nube.

A esas iniciativas hay que sumar la cooperación en este terreno de gobiernos y grandes empresas occidentales –Elon Musk ha donado 15.000 routers Starlink para mantener internet funcionando-; los cientos de miles de hackers y voluntarios internacionales comprometidos con la causa ucraniana; la información difundida por las redes sociales, principalmente Telegram y Tik Tok, para minar la moral de los rusos y difundir las atrocidades cometidas por sus soldados; y el hecho de que la Ucrania independiente, pese a su inestabilidad política, corrupción y dificultades económicas en los últimos años, se ha transformado en lo que llevamos de siglo XXI en una sociedad digitalmente avanzada. 

Así, por ejemplo, científicos e ingenieros ucranianos trabajan desde hace tiempo en compañías occidentales establecidas en las ciudades de Kiev y Dnipró, que se han convertido en verdaderos hubs digitales, y hace tres años,  Mijjailo Fedorov, actual ministro de Transformación Digital, reunió a un grupo de jóvenes especialistas para crear un gobierno digital con una aplicación llamada Diia ( El Estado y Yo).  Diia se ha convertido ahora en la app más popular y es manejada actualmente por más de 15 millones de ucranianos. Gracias a ella tanto los que siguen en el interior del país como los que se han visto obligados a buscar refugio fuera de sus fronteras tienen acceso a pasaportes digitales para poder probar su identidad y toda clase de documentos oficiales,  pueden mantener de algún modo su actividad laboral, económica o educativa y  organizarse en grupos e intercambiar informaciones.

El propio Fedorov representa bien la nueva Ucrania tecnológica. Este emprendedor, de 31 años, comenzó creando una compañía digital llamada Smmstudio especializada en campañas publicitarias online y en 2008 fue fichado por Zelenski como su jefe de campaña digital. El presidente, un comediante sin experiencia política, acabaría ganando con el 73% de los votos. Siendo ya ministro, pero antes de que estallase la guerra, hizo una gira por Estados Unidos, visitando Silicon Valley y entrevistándose con los magnates de la industria.

Como contó Ana Alonso en El Independiente, a los pocos días de la invasión, los altos ejecutivos de Apple, Google, Intel, etcétera, sabían con quién trataban cuando necesitó pedirles ayuda.  En una entrevista con la revista Time, Fedorov afirmó: «Creo que el futuro es tecnológico y por eso ganaremos. El liderazgo ruso vive todavía en el siglo XX y no se han dado cuenta. No saben que ahora los gobiernos funcionan más como compañías tecnológicas, no son rígidos como un carro de combate».

No le falta razón. Así como el empleo de drones por el Ejército ucraniano ha puesto en cuestión hasta dejar obsoleta la táctica utilizada por los tanques rusos, contrasta violentamente la cultura digital, libre y horizontal de los ucranianos con la censura y la tradición de toma de decisiones vertical de los rusos. Como ha escrito Gillian Tett en Financial Times, «una manera de enfocar el conflicto entre Ucrania y Rusia es verlo como una competición entre usar una aproximación en red para resolver los problemas y un sistema autoritario, de arriba abajo, como el que dominó en Rusia en el pasado. Y por ahora, las redes van ganando».

La guerra entra en su cuarto mes. Putin lucha por apropiarse, mientras su ejército se desangra, de miles de kilómetros cuadrados sembrados de escombros y desolación en la región del Donbas, en medio de un formidable aislamiento económico y diplomático internacional. Rusia, supuestamente más avanzada tecnológicamente, con un PIB que representa diez veces el tamaño de la economía ucraniana y una población tres veces mayor que la de su vecino, hace ya mucho tiempo que perdió la batalla de la información y tampoco logra avances sobre el terreno. Es muy pronto para cantar victoria, pero el conflicto de Ucrania está demostrando por el momento que la innovación tecnológica y el poder de las redes pueden ser kryptonita para los regímenes autocráticos. 

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