Ucrania entre Putin y la Europa de las libertades
La invasión relámpago rusa para descabezar el gobierno de Kiev fracasó y se ha convertido en una guerra de posiciones

Dos manos junto a la bandera de Ucrania. | Cuaderno FAES
Con la invasión de Ucrania, el Kremlin buscaba la ampliación y consolidación del espacio postsoviético que considera una esfera de influencia exclusiva, para lo que necesita imponer por la fuerza la idea de soberanía limitada de los países vecinos. Este camino busca restaurar la consideración de Rusia como gran potencia. Sin embargo, la guerra en Ucrania va mucho más allá del simple conflicto bélico: asistimos a la lucha de la democracia liberal contra el autoritarismo que niega derechos y libertades fundamentales. Ucrania desea pertenecer a una Unión Europea cimentada sobre las bases del Estado social y democrático de derecho y ser parte de un orden mundial basado en el Derecho Internacional y la cooperación pacífica entre Estados. Parece necesario desplegar una disuasión creíble y que Europa mantenga una autonomía estratégica en defensa, así como reforzar el eje euroatlántico pese a las diferencias con la actual administración estadounidense.
Génesis y evolución del conflicto: hechos geoestratégicos, políticos y militares
1. El contexto
La vindicación de precedentes históricos como la Rus de Kiev es la base del paneslavismo de la Gran Rusia de Vladímir Putin en su evidente proceso de reconstrucción histórica, como de negación de Ucrania como entidad política separada de Rusia, pues la considera parte de su ser nacional desde su mismo nacimiento. El adalid en la denuncia del gulag y los crímenes de la Unión Soviética, el escritor Alexander Solzhenitsyn, escribiría en 1990 en su obra Cómo reorganizar Rusia una justificación histórica y cultural de Ucrania como parte indeleble de Rusia: «En este libro, Rusia es Ucrania, la parte occidental de Kazajistán, que es más bien rusófona, Bielorrusia y Rusia. Todo lo demás no es realmente el corazón de la nación rusa». Putin coincide en esto con Solzhenitsyn1. Para él, Rusia y Ucrania serían en realidad variantes de una misma y única nación histórica.
El actual conflicto geopolítico –que Putin ve como parte de su enfrentamiento global con Occidente– implica la quiebra del orden mundial y lleva aparejadas graves consecuencias humanitarias. El conflicto se origina con las manifestaciones proeuropeas de la plaza del Maidán, con la insurrección separatista prorrusa en el Donbás y con la anexión unilateral de Crimea en 2014; persiste tras años de guerra con diferentes niveles de intensidad y desemboca en la invasión rusa de Ucrania –el 24 de febrero de 2024– bajo el pretexto de acabar con un supuesto genocidio de los rusoparlantes de las regiones orientales de Ucrania.
Sin embargo, la invasión relámpago rusa para descabezar el gobierno de Kiev fracasó y se ha convertido en una guerra de posiciones. Además, la operación especial de desnazificación2 –concebida para eliminar al presidente Zelenski o precipitar su huida y colocar al país nuevamente bajo la órbita de Moscú– no consiguió su objetivo y ha derivado en una guerra de desgaste, muerte y destrucción mutua. Para Putin, la nación ucraniana no tendría legitimidad histórica ni cultural, y se habría conformado como un Estado artificial en el contexto de la descomposición del Imperio ruso3. Y uno de los motivos de esta invasión es que Rusia quiere volver a ser considerada como superpotencia y tratar de tú a tú a EE. UU., y para ello necesita el reconocimiento de su esfera de influencia en los antiguos territorios de la URSS.
«El lema America First lo cambia todo porque significa que, en buena medida, los EE. UU. se desentienden de Europa y del tradicional eje de seguridad y defensa común euroatlántico»
De otro lado, tras el apoyo a Ucrania de la Administración Biden, Trump busca una solución a la guerra, no incurrir en más gastos y centrar sus esfuerzos en frenar a China, el competidor que verdaderamente le preocupa y que considera una verdadera amenaza a sus intereses. El lema America First lo cambia todo porque significa que, en buena medida, los EE. UU. se desentienden de Europa y del tradicional eje de seguridad y defensa común euroatlántico4. La histórica alianza entre EE. UU. y Europa corre peligro ante un intervencionismo y una retórica expansionista que no parece detenerse ni respetar la soberanía e integridad territorial de sus aliados tradicionales, como en el caso de Dinamarca y la posible compra o anexión forzosa de Groenlandia. Una agresión a un miembro de la OTAN supondría la voladura de la propia organización creada en 1949 y del sistema de seguridad y defensa euroatlántico; la consecuencia inmediata para EE. UU. sería quedarse solo y sin prácticamente aliados frente a sus rivales ante los desafíos inminentes en materia de seguridad mundial.
2. La guerra en Ucrania
Es un conflicto que ha provocado varios millones de refugiados y desplazados internos, cientos de miles de bajas en ambos ejércitos y la pérdida de cerca del 20 % del territorio ucraniano. Asistimos a una guerra de trincheras sin visos claros de victoria por ninguna de las partes. Para el investigador Félix Arteaga5, la guerra no se va a decidir en el frente. Los dos últimos años de guerra no han sido buenos para Ucrania, aunque ha logrado resistir y Rusia no ha avanzado tanto como deseaba. De hecho, de mantenerse el ritmo de avance territorial actual, Rusia tardaría más de 80 años en conquistar toda Ucrania. El ejército ruso tiene muchas dificultades para reponer los 1400 carros de combate y 3700 vehículos de infantería dañados o destruidos, y si logra sustituirlos, es porque está dando salida al stock acumulado de la época soviética. Además, sus pérdidas en vidas humanas son altísimas, y apenas logra reclutar la cantidad de soldados que pierde mensualmente: unos 36 000 según algunas fuentes.
En cualquier caso, Putin no parece querer parar su invasión, pues comparte la visión clásica de Clausewitz sobre la guerra como una continuación de la política por otros medios, y su modus operandi es el ya habitual en anteriores conflictos: Georgia, Chechenia, cesión formal de Crimea, Donbás, Siria de Al-Asad, Moldavia y Transnistria o el corredor de Suwalki, donde intenta debilitar a unos países bálticos que aspira a tutelar como en el pasado en base al principio de soberanía limitada para todos sus vecinos. En palabras de Pardo de Santayana, «el liderazgo ruso considera una derrota como una amenaza existencial, busca una estrategia que le permita, de momento, sobrevivir al mal paso que supuso la invasión de Ucrania y, a más largo plazo, encontrar un reacomodo de Rusia en el sistema internacional sin renunciar a su condición de gran potencia, objetivo irrenunciable de la nación. Gracias al chantaje nuclear, el Kremlin está consiguiendo alargar la guerra sin que Washington y sus aliados se atrevan a elevar demasiado la apuesta y aportar a Ucrania toda la ayuda necesaria para expulsar a las tropas rusas del territorio del país vecino»6.
«Los dos últimos años de guerra no han sido buenos para Ucrania, aunque ha logrado resistir y Rusia no ha avanzado tanto como deseaba. De mantenerse el ritmo de avance territorial actual, Rusia tardaría más de 80 años en conquistar toda Ucrania»
Rusia es un régimen de autoritarismo competitivo que no se rige por los cánones de las democracias liberales ahora en juego, y no duda en utilizar la inmigración como parte de una estrategia híbrida de guerra y desestabilización del oponente. Asistimos a un choque entre dos modelos políticos irreconciliables: el autoritario representado por la Rusia de Putin y el democrático liberal. «Luchamos para quitarnos la herencia soviética». «Rusia niega nuestra cultura, nuestra existencia y nuestra identidad, nos ofrece esclavitud». «Queremos unirnos a Europa por sus valores». Es el presente y el futuro al que aspira Ucrania en palabras del intelectual Yevhev Hlibovytski7. En la memoria del pueblo ucraniano, y como legado del pasado soviético, aún se recuerda el holocausto ucraniano, el Holodomor: la operación de colectivización planificada por Stalin entre 1932 y 1934 que provocó una gran hambruna en varias repúblicas soviéticas y llevó a la extenuación y a la muerte a una parte de la población ucraniana estimada en más de cuatro millones de personas.
Probable escenario en el corto y medio plazo
1. El papel de EE. UU.
Trump está cuestionando todo el sistema de seguridad colectiva de la OTAN y su capacidad disuasoria. Desde el conflicto en Bosnia, los europeos vimos que los intereses de Europa no tienen que ver necesariamente con los de EE. UU.; baste recordar la frase del secretario de Estado, James Baker, con ocasión de la guerra en Yugoslavia: «los EE. UU. no tienen ningún perro en esa pelea». Aunque, a su vez y como apuntó la también secretaria de Estado, Madeleine Albright: «EE. UU. sigue siendo la nación indispensable». De otro lado, se percibe un cierto complejo de Europa ante el amigo y aliado americano, y se evidencia nuestra pérdida de peso en cuanto las prioridades de los EE. UU. giran en favor de Asia-Pacífico.
Para la investigadora Carlota García Encina8, con Trump se ha abierto un escenario totalmente diferente, pues tiene en mente su America First, que antepone la relación con sus aliados a la promoción de la democracia y que pretende acabar cuanto antes la guerra en Ucrania para terminar con la pérdida en vidas y su alto coste económico (500 000 millones, de los cuales EE. UU. ha puesto 183 000). Esto se puede ver como una rendición estratégica en la que solo Rusia sale beneficiada, mientras no se entiende la urgencia en las negociaciones y la imposición a Ucrania de futuras cesiones, siendo además EE. UU. muy superior a Rusia. Igualmente, se constata el fin del paraguas de defensa hacia Europa que ahora Trump desdeña, olvidando que es su mayor socio comercial.
«En la memoria del pueblo ucraniano, y como legado del pasado soviético, aún se recuerda el Holodomor: la operación de colectivización planificada por Stalin entre 1932 y 1934 que provocó una gran hambruna y llevó a la extenuación y a la muerte a una parte de la población»
El cariz de las negociaciones y encuentros entre Trump y Putin y la normalización de las relaciones con Rusia suponen la ruptura de la tradicional alianza con Europa, aunque quepa pensar que lo que Trump busca es romper la alianza ruso-china, dado que el foco y acción política estadounidense se focalizan en el escenario Asia-Pacífico y en evitar la supremacía china en aquella región.
En entrevista en el periódico El Debate9, la embajadora de Finlandia en España, Sari Rautio, dice que lo que Rusia le susurra a Trump es que le dé la cabeza de Zelenski. La tregua no es del interés de Putin, que la ve como un intento de dilatar la negociación, pues lo que de verdad le interesa es sembrar la discordia entre sus vecinos y debilitarlos para conseguir una posición de fuerza y dominio.
2. ¿La Unión Europea, un actor global?
A la Unión Europea le urge tener una Política de Defensa y Seguridad común, creíble y con verdadera capacidad de disuasión, más allá del poder blando y de defender la democracia, la división de poderes y la prensa, algo en lo que no cree Putin. Europa no puede soslayar la llamada a la disuasión creíble a la que alude Ursula von der Leyen10y la adaptación a los nuevos tiempos. Europa ha sido un poder blando y cooperativo que no asusta, que no impone respeto, porque no quiere apoyarse en el poder militar; así, el nuevo escenario precisa expandir la cultura de defensa entre la ciudadanía de nuestros países.
El gasto en Defensa no es un gasto inútil y «no sobra el Ministerio de Defensa» –al contrario de lo afirmado por el entonces secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el 29 de febrero de 2014, en una entrevista en el periódico El Mundo11–, sino que es garante de nuestro sistema democrático.
Europa necesita un cambio de rumbo en una política energética basada hasta hace unos años en la compra de gas ruso12 –que ahora sufre también la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz–, lo que siempre fortalece una economía rusa extremadamente dependiente de la exportación de hidrocarburos. Mientras tanto, Putin busca una paz cimentada en hechos consumados de difícil asunción por la parte ucraniana, y en unas ganancias territoriales que borrarían las anteriores fronteras de Ucrania y significarían la pérdida de una parte de su soberanía. «Es la famosa técnica negociadora rusa del ‘kalbasa’ o salchichón, que consiste en múltiples concesiones parciales incrementales. Por ejemplo: limitar el tamaño de las fuerzas armadas ucranianas, prohibir el despliegue de contingentes europeos, limitar el espacio aéreo o marítimo a fuerzas exteriores, exigir ‘neutralidad’ en las inspecciones de verificación, etc., para que rodaja a rodaja al final Rusia consiga destruir la viabilidad del Estado ucraniano y dinamitar la soberanía de Kiev»13.
«La negociación de Trump con Putin es una victoria en sí para Rusia porque rompe su aislamiento, cuando además no había pedido negociaciones de paz y, a pesar de las bajas, la guerra no le iba tan mal. Ucrania no deja de ser un tema más en la agenda de Trump»
En este sentido, es probable que asistamos a una cronificación del conflicto y a un posible limbo legal internacional, como en el caso del Sáhara Occidental, Kosovo14o Cachemira, por falta de consenso de los actores principales. O más difícilmente, que, como en la invasión rusa de Afganistán, el agotamiento del invasor le llevara a plantearse una salida del territorio –lo que supuso la llegada de Gorbachov y de la perestroika–; un supuesto que Putin quiere evitar, pues no puede permitirse presentarse ante la sociedad rusa con una apariencia de derrota que abriera la posibilidad a un cambio de régimen, y menos tras el alto número de bajas militares y la multiplicación del gasto militar en el PIB.
Un análisis de situación lleva a plantear que la «paz justa de Putin en Ucrania» pasaría por los siguientes términos:
• La cesión formal de Crimea y del Donbás.
• Una política de hechos consumados en la que cada parte se quede con el terreno conquistado, lo que no aplicaría estrictamente a Ucrania, que debería ceder la parte que todavía conserva del Donbás.
• La renuncia de Ucrania a ingresar en la OTAN.
• El fin de las sanciones económicas y comerciales occidentales a Rusia.
• Una Ucrania débil y, si es posible, bajo la órbita de influencia rusa.
Mira Milosevich15advierte que la negociación de Trump con Putin es una victoria en sí para Rusia porque rompe su aislamiento, cuando además no había pedido negociaciones de paz y, a pesar de las bajas, la guerra no le iba tan mal. Además, Ucrania no deja de ser un tema más en la agenda de Trump. Milosevich se muestra pesimista en cuanto a las negociaciones porque la pretensión de Putin es socavar la unidad europea, muy cansada por la duración de la guerra y el esfuerzo económico.
Europa gasta en defensa 300 000 millones al año, pero no parece suficiente para disuadir de manera creíble a Rusia. ¿Qué puede hacer Europa? Es evidente que lo primero de todo es no actuar cada Estado europeo de manera individual; Europa debe funcionar como un todo. «Tenemos que ser independientes de los EE. UU.», ha declarado Friederich Merz16y parece más que evidente que necesitamos tener autonomía estratégica.
Hoy día, la Unión Europea se percibe de manera positiva como una organización capaz de abordar crisis de manera global y no solo desde el enfoque militar, pues cuenta con la capacidad para la reconstrucción del aparato administrativo, económico y de reestructuración de la sociedad civil. «La UE es una organización regulatoria, promulga normas de obligado cumplimiento, como un Estado. Comenzó haciéndolo en materia económica y luego, con el correr de los años, en otras esferas de la vida social. Entra por ello hasta el fondo de la vida ciudadana»17. En cuanto a las cuestiones de defensa, hubo de esperarse a la caída del Muro de Berlín y a la firma del Tratado de Ámsterdam en 1997, para que Europa se convirtiera en un actor internacional dotado de acción exterior y un espacio de seguridad y justicia comunes.
«Europa ha sido un poder blando y cooperativo que no asusta, que no impone respeto, porque no quiere apoyarse en el poder militar; así, el nuevo escenario precisa expandir la cultura de defensa entre la ciudadanía de nuestros países»
La Unión es más que la suma de sus miembros y eleva la capacidad individual de influencia; actuar juntos se basa no solo en intereses, sino en valores compartidos. Sin embargo, en el conflicto de Ucrania, la UE no tiene un papel protagónico en las actuales conversaciones de tregua y de posible paz, siendo este un diálogo exclusivo entre EE. UU., Rusia y Ucrania. Parece percibirse un cierto complejo europeo ante los EE. UU. «Europa está perdiendo protagonismo en una percepción norteamericana que cada vez gravita más hacia Asia y el Pacífico. Y los europeos, con enormes diferencias, según de qué país se trate, están muy lejos de aceptar la nueva situación. Si algo debiera traer el Tratado de Lisboa es el final de esa carrera permanente entre los países europeos, absurda y contraproducente, por obtener la atención y el favor de Washington»18.Y esto los europeos no lo quieren ver.
Arteaga considera a la UE como un actor imprescindible para resolver la crisis de Ucrania; en el año 2014 llegó tarde cuando se inició un proceso que ya se había descontrolado, y no hubo interlocución posible con la oposición. Yanukóvich rechazó el acuerdo de Asociación con la UE, que desencadenó las protestas del Maidán y la posterior desestabilización del país. «Su influencia sería mayor si su actuación fuera previsible y oportuna, pero la UE no es un actor único y los procesos de decisión no pueden ser ágiles cuando los intereses divergen. Eso resta autoridad a su influencia y permite a otros actores como Rusia dividir a los Estados miembros y vencer a la UE. Por el contrario, gana en influencia cuando actúa con autonomía, sin subordinarse a otros como podría haber pasado de seguir el liderazgo vacilante de los Estados Unidos o el de los países europeos que tienen más interés en pasar factura a Rusia por agravios atávicos que en mejorar la capacidad de influencia de la UE en la vecindad: y eso incluye a Ucrania, pero también a Rusia»19.
«Es probable que asistamos a una cronificación del conflicto y a un posible limbo legal internacional, como en el caso del Sáhara Occidental, Kosovo o Cachemira, por falta de consenso de los actores principales»
Mediante la mezcla de la fuerza legítima y la seducción o poder blando, la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) ha ejercido y debe seguir desempeñando un relevante liderazgo internacional gracias a sus recursos financieros, diplomáticos y políticos. «En un mundo multipolar, la Política Europea de Seguridad y Defensa tiene un papel clave en las relaciones internacionales y frente a las amenazas actuales, supone toda una garantía de seguridad y estabilidad»20.
3. El rol de China
China no concibe la diplomacia de países aliados, sino la de socios estratégicos, preferentemente en materia económica, y su acercamiento a Rusia es fruto del pragmatismo y la conveniencia. A su vez, Rusia se protege de una posible invasión de sus fronteras orientales y es consciente del irredentismo chino en Siberia, en Manchuria y el río Amur y de la amenaza demográfica china en la región de Vladivostok. Rusia tiene 145 millones de habitantes por 1400 millones de China, con una diferencia poco sutil: Rusia es un poder militar que no duda en el uso de la fuerza y China busca el control y la influencia por vía económica. En gran medida, Rusia se siente vulnerable frente a China en el plano demográfico y económico, pero el apoyo de China21es vital para que Rusia pueda continuar su guerra en Ucrania. Y no hay que olvidar que la intervención de la OTAN en Kosovo reforzó el distanciamiento ruso de Occidente y el estrechamiento de lazos con Pekín. Este polo ruso-chino de contrapoder a los EE. UU. es lo que Trump está decidido a romper.
Lo paradójico de China es que quiere tener buenas relaciones con Europa, pero a la vez fomenta la guerra en Ucrania con su apoyo económico a Rusia. «Estamos de acuerdo en que China no puede seguir alimentando el conflicto militar más grande de Europa sin que esto afecte los intereses de Pekín». Estas son palabras del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg22, y es que a China no le conviene una mayor implicación de los EE. UU. que haga peligrar las posibilidades de crecimiento pacífico y el aumento de sus exportaciones y, por consiguiente, su prosperidad. Por ello, China tampoco ofrece un apoyo político incondicional a Rusia, y así, por ejemplo, no admite por principio la secesión unilateral de Estados ya existentes, como ocurrió en la extinta Yugoslavia, Kosovo, Abjasia y Osetia del Sur, estos últimos territorios tutelados por Rusia. Y el problema de la secesión territorial está muy presente en China, por propia experiencia y por sus aspiraciones de permanencia en regiones autónomas como Sinkiang y Tíbet o de ocupación de un Estado independiente como Taiwán.

Como analiza Luis Simón23, se han conformado dos bloques: por un lado, Rusia, China, Corea del Norte e Irán y afines como Venezuela y Nicaragua, y por otro, EE. UU., Japón, Europa y Australia. Trump rechaza la idea de tratar a Rusia y a China como un bloque sólido, al contrario que hizo Biden; así, disminuir su compromiso con Ucrania le permite influir en el Indo-Pacífico y frenar la expansión china.
Conclusiones
Putin no va a cejar en su objetivo imperial de restauración del poder e influencia a nivel global de la Gran Rusia; para lograrlo necesita desestabilizar y debilitar a sus vecinos creando división en el bloque occidental. La guerra en Ucrania es mucho más que un conflicto, ya que asistimos a la contienda entre dos modelos antitéticos de entender la organización política y social y el orden mundial, entre las democracias liberales y las dictaduras autocráticas, con el riesgo de perpetuación del sistema dictatorial vigente en Rusia. De hecho, «solo una victoria bélica podía prolongar el putinismo más allá de lo que permite la biología»24.
El apaciguamiento y las concesiones no funcionarán si Occidente y las democracias liberales en su conjunto no son capaces de oponer una disuasión creíble que haga ver a la potencia agresora que sus esfuerzos de conquista y dominación serán infructuosos, pero para ello se necesita una inexcusable voluntad de hacerlo, y no parece que estemos en ese momento geoestratégico mundial.
«La guerra en Ucrania es mucho más que un conflicto, ya que asistimos a la contienda entre dos modelos antitéticos de entender la organización política y social y el orden mundial, entre las democracias liberales y las dictaduras autocráticas»
La cultura en defensa es plenamente compatible con los valores democráticos y debe ser interiorizada y reivindicada por la sociedad como uno de los pilares fundamentales sobre los que descansa el marco de convivencia asentado en el Estado de derecho. El gasto en defensa es bien necesario y garantiza la independencia y soberanía de las democracias liberales.
Además, es clave reforzar el eje euroatlántico, pues tanto los EE. UU. como la Unión Europea se necesitan mutuamente. Trump quiere romper el bloque chino-ruso y se ha empeñado en un intenso proceso de diálogo y negociación con el presidente ruso, pero hasta la fecha no ha conseguido cesión alguna ni se vislumbra un escenario fácil para la paz en Ucrania. Finalmente, no podemos soslayar la heroica resistencia del pueblo ucraniano que, en modo alguno, puede ser marginado de la búsqueda y el logro de una paz justa y duradera que garantice su continuidad como nación libre, democrática y soberana.

1 Consultar en https://www.nuso.org/articulo/Ucrania-Putin/
2 La acusación de nazi al gobierno de Ucrania encuentra fundamento histórico para Putin en la invasión del país por las tropas de Hitler y la narrativa de la Gran Guerra Patria de 1941-1945 contra el invasor alemán y los aliados ucranianos de la Organización de Nacionalistas Ucranianos encabezados por Stepan Bandera, acusado de múltiples crímenes. El 22 de enero de 2010, el presidente saliente de Ucrania, Víktor Yúshchenko, le otorgaría el título póstumo de Héroe de Ucrania.
3 Entrevista de Angelo Attanasio a Serra, Francesc en https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/guerra-entre-rusia-y-ucrania-conflicto-explicado-manera-sencilla_17909
4 OTAN: Trump insiste en aumentar el gasto en defensa al 5%. Consultar en https://www.dw.com/es/otan-trump-insiste-en-aumentar-el-gasto-en-defensa-al-5/a-71251189
5 Mesa redonda: “Ucrania, un año después.” Real Instituto Elcano, 19 enero 2023. https://www.realinstitutoelcano.org/actividades/mesa-redonda-ucrania-un-ano-despues/
6 Pardo de Santayana y Gómez de Olea, José María (2024): Las potencias revisionistas y el Sur Global. IEEE.ES. Panorama Estratégico 2014, p. 113.
7 Entrevista a Yevhen Hlibovytskyi por Fermín Torrano. Consultar en https://www.elconfidencial.com/mundo/2024-08-04/ucrania-guerra-intelectual-conflicto-entrevista_3936099/
8 Véase Mesa redonda Instituto Elcano, op.cit.
9 Entrevista a Sari Rautio, embajadora de Finlandia en España. Consultar en https://www.youtube.com/watch?v=0ueOHHrdcCY
10 Discurso de la presidenta Von der Leyen en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2025 https://spain.representation.ec.europa.eu/noticias-eventos/noticias-0/discurso-de-la-presidenta-von-der-leyen-en-la-conferencia-de-seguridad-de-munich-de-2025-2025-02-17_es
11 Consultar en https://www.elmundo.es/espana/2014/10/04/542efeade2704ece2c8b4570.html
12 Sólo la factura de España asciende a 8.900 millones de euros desde marzo de 2022 hasta febrero de 2025. Consultar en https://theobjective.com/economia/energia/2025-02-18/espana-compra-gas-rusia-guerra-ucrania/
13 Consultar en https://theobjective.com/internacional/2025-03-25/espejismo-paz-ucrania-estrategia-rusa/
14 El mito y papel de la Madre Rusia como protectora del conjunto de los pueblos eslavos y cristianos se puso de manifiesto en Kosovo tras los bombardeos de la OTAN y la posterior independencia del territorio autónomo perteneciente a Yugoslavia, y que dejaría en minoría a los serbios alimentando el irredentismo eslavo. La sensación de humillación rusa y de desconfianza hacia Occidente condicionará de manera negativa la relación entre ambos bloques, ahondando en la percepción rusa de que la guerra de Kosovo no fue más que un pretexto para la expansión de la OTAN y el cerco a Rusia. Para mayor información consultar en: Blackburn, Robin (2000): Kosovo: “La guerra de expansión de la OTAN”, New Left Review, nº 1.
15 Ibid.
16 Consultar en https://es.euronews.com/2025/02/24/merz-vencedor-de-las-elecciones-alemanas-aspira-a-liderar-europa-con-una-participacion-cad
17 Mora Benavente, Enrique (2017): “La OTAN y la Unión Europea, ¿por fin una cooperación eficaz?” IEEE.ES. Cuadernos de Estrategia, nº 191, p. 123.
18 Mora Benavente, Enrique (2010): “La Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa”, IEEE.ES. Cuadernos de Estrategia, nº 145, p. 24.
19 Arteaga, Félix: Más presencia que influencia. Consultar en https://www.realinstitutoelcano.org/archive/opinion/mas-presencia-que-influencia/
20 Preckler, Jesús Peñas (2009): La Unión Europea: ¿poder blando o el encanto de la seducción? Ejército de Tierra Español, 2009, nº 820, p.23.
21 Calduch Cervera, Rafael (2022): Las relaciones entre China y Rusia: dos estrategias diferentes y un interés compartido. Cuadernos de estrategia, 2022, nº 212, pp. 99-122.
22 Consultar en https://www.dw.com/es/stoltenberg-dice-que-china-alimenta-conflicto-en-ucrania/a-69638655
23 Véase Mesa redonda Instituto Elcano, op.cit.
24 Colás, Xavier (2024): Putinistán: Un país alucinante en manos de un presidente alucinado, La Esfera de los Libros, p. 300.
