THE OBJECTIVE
Fuera de micrófono

Carmen Gurruchaga: «Ahora Otegi no asesina porque no toca asesinar»

Se tuvo que acostumbrar a convivir con el miedo, cuando ETA la puso en su diana

El 22 de diciembre de 1997, por la noche, ETA le puso una bomba en su domicilio de San Sebastián, después de haber recibido amenazas e intimidaciones. Todo quedó en un susto y en un incendio de los adornos navideños felizmente sofocado.

A partir de ese momento, cansada ya de convivir con el miedo, decidió abandonar su ciudad natal y venirse a vivir en Madrid, protegida por escoltas desde que salía de casa hasta que se iba a dormir. En esta entrevista para Fuera de micrófono, la periodista Carmen Gurruchaga, sin olvidar los miedos y las informaciones sobre centenares de asesinatos de inocentes, reflexiona sobre el actual panorama político del País Vasco.

Habla de Pamplona como del Jerusalén elegido por Bildu para ser la capital de Euskal Herria. «Ya no hay gente pegando tiros –-afirma–, pero porque no toca asesinar. Buscan los mismos objetivos por otros medios y les resulta más rentable hacer política que asesinar». En su opinión, el Partido Socialista ha blanqueado a Bildu, primero en Navarra y después en Madrid.

Carmen Gurruchaga –colaboradora de Herrera en Cope y de 13 TV– no cree que vayan a producirse cambios significativos después de las elecciones autonómicas, porque Bildu preferirá esperar su momento y al PNV le compensa mantener acuerdos de gobierno con el Partido Socialista. Antes del «cese definitivo de la actividad armada de ETA» (octubre de 2011) y de que ella hubiera confirmado, por distintas fuentes, las negociaciones del gobierno de Zapatero con la banda terrorista, este último le negó la mayor, mirándola a los ojos: «Pero ¿tú te crees que yo voy a negociar con ETA?».

Con la experiencia de muchos años escribiendo de terrorismo y opinando sobre la situación política en el País Vasco, Gurruchaga elogia el trabajo realizado por Corcuera, Rubalcaba y Mayor Oreja en la lucha antiterrorista, a la vez que lamenta el blanqueamiento de cómplices, encubridores y colaboradores de ETA por parte de Zapatero y Sánchez.

También lamenta que las tertulias televisivas se hayan convertido en un espectáculo y los periodistas se enfrenten entre ellos, hasta el punto de abuchear a un compañero por atreverse a preguntar sobre las reuniones con empresarios y la actividad epistolar de la mujer de Pedro Sánchez.

Carmen Gurruchaga. | Víctor Ubiña

PREGUNTA.- ¿Cómo prefieres llamar a tu comunidad, País Vasco o Euskadi?

RESPUESTA.- Me da igual. Normalmente, utilizo el término Euskadi, porque hablo euskera. En español, se debería decir País Vasco. Yo digo Euskadi y no Euskal Herria que es lo que le gusta decir a Bildu.

P.- Empezaste en un periódico del Movimiento llamado Unidad.

R.- Hice prácticas en ese diario durante el verano, mientras estudiaba la carrera.  Era un periódico vespertino. Escribía de deportes.

P.- ¿Por qué no seguiste en la información deportiva?

R.- La política me atrapó. Yo no busqué la política. La política me buscó a mí. Tuve un niño en Madrid y aquí no teníamos estructura porque mi marido era extranjero. Entonces, nos trasladamos a San Sebastián. Entré en Diario 16 y lo que más pedían de Madrid era política. El Festival de Cine, en verano, y política y nacionalismo, el resto del año. Yo entré en Diario 16 por una amiga de la facultad que ya estaba trabajando en el periódico. El director entonces era Pedro J. Ramírez. Luego, cuando lo echa injustamente la beautiful de Felipe González, un grupo de gente nos fuimos con él a El Mundo.

«Estuve con Gregorio Ordóñez media hora antes de que lo asesinaran»

P.- A finales de los años ochenta y principios de los noventa, ETA no dejaba de matar.

R.- Era horrible. Había asesinatos un día sí y otro también.

P.- ¿Cómo viviste esa etapa?

R.- En un sobresalto continuo. Tú estás tan feliz y, de pronto, te dan la noticia de que ha habido un atentado, sin más detalles, y cuando llegas te encuentras allí el cadáver. Eso, muchísimas veces. Era tremebundo. Luego, ya ponían un cordoncito. Lo recuerdo como algo tremendo.

P.- ¿Qué atentado o acto terrorista te impresionó más?

R.- El de Gregorio Ordóñez porque había estado media hora antes con él. Sin lugar a dudas. Él se fue a comer a un sitio y yo me fui a otro. San Sebastián es muy pequeño. Habrá 150 metros de distancia entre el restaurante en el que estaba él y el restaurante donde estaba yo. Estaba comiendo con otro periodista, de la cadena Ser, y alguien se acerca y nos dice: «Han asesinado a Gregorio Ordóñez». Y le digo yo a ese periodista: «Es imposible; acabo de estar con él». Pero era verdad. Me impresionó mucho. Fue tremendo. Yo le había hecho a Gregorio una entrevista la semana anterior que, posteriormente, reproducimos. ETA había asesinado en aquellos días a una persona y me dijo en aquella entrevista: «Lo único que tengo seguro es que el próximo de la lista soy yo». Fue una semana antes de que lo asesinaran, y así titulamos la entrevista. A mí ese asesinato me impactó mucho porque era un político, no un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Es tremendo que te acostumbres, pero casi siempre los atentados eran contra miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. No contra un político. El atentado que más me impactó físicamente fue uno que presencié con mis propios ojos. Vi cómo remataban a alguien en el suelo.

P.- ¿Cuándo y cómo fue?

R.- Ocurrió también en San Sebastián. Yo había dejado a los niños en la parada del autobús. Estaba dando la vuelta con el coche en una rotonda y de pronto oí disparos. Como periodista, oyes disparos y no te tiras al suelo, sino que te pones a mirar qué ha pasado. Entonces, vi a un tío rematando a la víctima. Eso fue duro.

«Cuando pusieron la bomba en mi casa, mis hijos estaban en la cama y yo leyendo»

P.- ¿Cuándo te sientes señalada, objetivo de ETA?

R.- Cuando empezaron a poner pasquines en mi contra y dianas con mi figura. Un día tiraron un cóctel molotov a mi despacho, estando yo dentro. Organizaban manifestaciones en mi contra y hacían pintadas en la puerta de mi casa. Todo era muy complicado. Yo pensaba que iban contra la periodista, no contra la persona. Entonces, cuando yo llegaba a mi casa y cerraba la puerta, era como un alivio. Decía: «¡Uf, un día más!». Claro, cuando atentan ya en tu casa, es cuando te sientes muy vulnerable.

P.- La fecha del 22 de diciembre de 1997 supongo que no se te olvidará nunca.

R.- ¡Cómo se me va a olvidar! En la vida.

P.- ¿Puedes recordar lo qué pasó?

R.- Los niños estaban ya en la cama y yo leyendo. De pronto, oí un ruido extraño. Y, cuando iba a ver qué había sido, pasó delante de mí como una bomba de fuego. La casa estaba ya decorada para la Navidad y, como todo eso es muy inflamable, empezaron a prenderse los adornos… Afortunadamente, en el descansillo había un extintor. Vino la policía y, como no tenía puerta, fue horrible. No sabía si iban a volver. Los dos niños asustadísimos dentro. Yo aterrada.

«Un escalofrío me recorría el cuerpo, cuando le daba a la llave de arranque»

P.- ¿Qué años tenían entonces tus hijos?

R.- Tenían 13 y 16 años. La más aterrada era yo, pero tenía que mantener el tipo por los niños. Fue una noche horrorosa. Pedro J. Ramírez cogió un coche en Madrid y se vino a San Sebastián a verme.

P.- En ese momento decides abandonar San Sebastián.

R.- Me dicen que es mejor que me vaya.

Carmen Gurruchaga. | Víctor Ubiña

P.- Convivir con el miedo no debe de ser fácil.

R.- Llevaba ya bastante tiempo haciéndolo. Yo, cuando salía a la calle, tenía que mirar debajo del coche. Nos dieron un curso en el Gobierno Civil –creo que todavía no se llamaba Subdelegación del Gobierno– y nos ofrecieron una pistola. Yo dije que no quería llevar una pistola. ¿Qué hacía yo con una pistola, si no sabía usarla? También nos dieron un curso de cómo mirar debajo del coche. Ellos iban a ponernos, además, contravigilancia. Convives ya con el miedo, desde que sales de casa. Si te ofrecen una pistola para tu defensa personal, sales en los papeles de ETA y te ofrecen contravigilancia, ya sabes que muy segura no estás. El coche casi no lo usaba, pero, cada vez que lo usaba, miraba por debajo de los guardabarros. Aun así, cada vez que le daba a la llave de arranque, un escalofrío me recorría desde el hombro hasta la punta del dedo gordo. Decía: otro día más. Era una sensación horrible.

«En San Sebastián he dejado de ser una apestada»

P.- Luego, en Madrid, tuviste mucho tiempo escolta.

R.- Los escoltas eran como de la familia. Dejé de tener vida social porque ellos también tienen su vida. Entonces, si tú haces vida social, les obligas a ellos a llegar a casa a las tropecientas. Porque, antes de irse a su casa, tenían que ir a depositar el arma. Son cosas que, si no lo has vivido, no te lo planteas. Una vez que me dejaban en casa, yo no podía salir ni a tirar la basura.

P.- ¿Dejaste también de visitar tu ciudad, San Sebastián?

R.- Pasé años sin ir. Desde el día del atentado en mi casa, hasta que ETA decretó la tregua, yo no pisé la parte vieja de San Sebastián. Si era el cumpleaños de mi madre o de mi padre, iba a la comida y me volvía inmediatamente, nada más terminar de comer. En verano no se me ocurría ir. Nada. En Navidades iba el día de Nochebuena y me volvía.

P.- ¿Cuándo paseas ahora por La Concha u otros lugares de la ciudad, notas todavía algún rechazo?

R.- Hay gente que me mira, como no queriéndome nada. Pero estuve en Semana Santa y, por primera vez, vino gente a saludarme en plan amable. «¡Hola!, qué tal, cómo estás, te vemos en la tele de vez en cuando, te escuchamos en la radio». He dejado de ser una apestada. Antes, esa misma gente estaba ahí y no venía a decirme nada. La primera vez que me ha pasado.

P.- ¿Dónde estabas y que pensaste cuando ETA anunció en octubre de 2011 el cese definitivo de la actividad armada?

R.- No me lo creí. Porque ya lo habían anunciado más veces. La verdad es que no me lo creí, pero, afortunadamente, fue cierto.

«Zapatero me dijo, mirándome a los ojos, que no estaba negociando con ETA»

P.- Zapatero subraya últimamente su papel protagonista en el fin de ETA. ¿Qué opinión tienes al respecto?

R.- Tengo varias anécdotas, respecto a Zapatero. Una. Yo había publicado que estaba negociando con ETA. Entonces, un día, sentados como estamos tú y yo ahora, me dijo mirándome a los ojos: «Pero tú crees que yo voy a negociar con ETA». Pues estaba negociando con ETA. Esa una. Y otra es que, cuando conté lo de Jesús Eguiguren y quiénes estaban negociando con ETA, en qué caserío lo estaban haciendo…, porque tenía información, entonces empezaron a llamarme fascista. Yo no he sido fascista en mi vida y de repente me convertí en fascista. Eguiguren, condenado por maltrato a su mujer, era el intermediario. Tuve el honor de ser la primera periodista a la que ETA puso una bomba y también el dudoso honor de ser la primera fascista de la agitación y propaganda de los socialistas de Zapatero.

P.- ¿Qué tal te llevabas con José María Calleja?

R.- Falleció por el Covid, el pobre. Calleja estuvo amenazado y también se tuvo que venir a Madrid, cuando era presentador de un telediario de ETB. Gorka Landaburu también sufrió otro atentado, pero sigue allí.

P.- Si Bildu gana las elecciones en el País Vasco, ¿podría repetirse un pacto con los socialistas, como el del Ayuntamiento de Navarra?

R.- No creo. A Bildu no le interesa. Bildu está en otra película. Está en unir, en mi opinión, Navarra con la Comunidad Autónoma Vasca, a través de la disposición transitoria de la Constitución. Quieren que Pamplona sea Jerusalén, la capital de la Comunidad Autónoma, con Navarra incluida. Y, como ellos dicen que son corredores de fondo, mientras los demás estamos mirando a cuatro años vista, ya llegará eso. De hecho, cuando nadie les creía, están gobernando el Ayuntamiento de Pamplona y cogobernando la comunidad autónoma de Navarra.

«El PSOE ha blanqueado a Bildu, primero en Navarra y luego en Madrid»

P.- ETA ya no existe, pero en Bildu tampoco dan muestras claras de arrepentimiento por el daño ocasionado.

R.- En ese mundo no existen en este momento los asesinos. Ya no hay gente pegando tiros. Pero la izquierda aberzale es un conglomerado de movimiento social, con su propio sindicato. Han desaparecido los asesinos, pero todo sigue igual. Ahora Otegi no asesina porque no toca asesinar, pero va buscando lo mismo por otros medios. Es mucho más rentable hacer política que asesinar. Por eso están haciendo política. ¿Se arrepienten? En absoluto. En esos momentos están con esto, pero no porque estén arrepentidos de haber utilizado en el pasado las armas, sino porque ahora no conviene.

P.- Haber colaborado con ETA no penaliza electoralmente en el País Vasco, a juzgar por las encuestas.

R.- Bildu tiene gente preparada y lo hace muy bien. Inmediatamente, en cuanto pasaron a la política, se empeñaron en que cambiara el relato. Ellos no eran los asesinos, los malnacidos. Era gente que buscaba unos objetivos políticos. A ese cambio de relato les ha ayudado el Partido Socialista. Si no es por el Partido Socialista, Bildu no habría sido blanqueado. ¿Quién ha blanqueado a Bildu? El Partido Socialista. Primero en Navarra y luego en Madrid. En la última campaña electoral todavía negaba Sánchez que hubiera pactado con Bildu. Como consecuencia de ese blanqueamiento, a la gente ahora no le da asco o repugnancia votar a Bildu. Le parece un partido normal. Ya no asesinan y tienen derecho a hacer política.

P.- ¿Ves al PNV en la oposición y a Bildu en el Gobierno vasco?

R.- Ahora, yo creo que no. No veo a Bildu en Ajuria Enea porque no le interesa. Sí lo veo en el futuro. Además, hay un relevo generacional. Si ves los tramos de edad que votan a cada partido, al PNV le vota la gente mayor. Por eso han puesto de candidato a un chico joven. En cambio, a Bildu le vota la gente joven.

P.- ¿Quién ha sido, en tu opinión, el mejor ministro del Interior de la etapa democrática?

R.- Recuerdo a Corcuera, con las negociaciones de Argel. Los ministros del PSOE siempre intentaron negociar con ETA, siempre. ¿Eso es un mérito o un demérito? En mi opinión, es un demérito. Porque no puedes tratar a un grupo terrorista como si no lo fuera. Si negocias tratándolo como grupo terrorista, está bien. Pero, si lo tratas como si no fuera un grupo terrorista, no está bien. Jaime Mayor Oreja eso lo tenía claro. Y Ricardo Martí Fluxá.

«El nacionalismo es de una voracidad insaciable. Siempre quiere más»

P.- Con el PP en el Gobierno también hubo negociaciones.

R.- Hubo conversaciones. Javier Zarzalejos y Ricardo Martí Fluxá fueron a hablar con los etarras y, cuando los etarras les dicen que lo que quieren son contrapartidas políticas, se acabó la conversación. Supongo que lo que estaba dispuesto a dar el Gobierno de Aznar era una solución a los presos y a los terroristas que estaban fuera de España, pero no contrapartidas políticas.

P.- ¿El problema ahora no es tanto el País Vasco, sino Cataluña?

R.- En Cataluña tenemos un problemón. Sánchez lo ha gestionado muy mal. El nacionalismo es de una voracidad insaciable. Les das hoy esto y mañana te piden lo siguiente. Nunca los vas a calmar porque siempre quieren más. Yo no sé si eso Sánchez no lo sabe o, por mantenerse en Moncloa, es capaz de darles todo lo que le piden. Ya vemos lo que está pasando. Ahora ya están otra vez con el referéndum de independencia. Ellos van hacia el objetivo final y en algún momento les tienes que decir: hasta aquí hemos llegado, basta. Eso Sánchez no lo puede hacer porque entonces se va de la Moncloa. Con lo cual, el problema es muy gordo. En cambio, la sociedad vasca no es independentista.  Y eso lo sabe Bildu y lo sabe el PNV. Por eso van por la vía del autogobierno hasta el final.

P.- Desde hace muchos años, participas en las tertulias de Carlos Herrera. ¿A qué se debe esa fidelidad al líder?

R.- Herrera es un tipo fantástico como ser humano y un magnífico comunicador. Amigo de sus amigos. Eso, al final, crea un lazo de unión. Yo prefiero estar cerca de buena gente que de mala gente. Huyo de la gente mala, de la gente tóxica, y me arrimo a la buena gente. Herrera es buena gente, buen amigo y siempre me ha tenido a su lado, cosa que le agradezco. Habrá opiniones para todos los gustos, pero, en mi opinión, es el número uno. Es un comunicador excepcional.

«Es un disparate abuchear a un compañero que pregunta por la mujer de Sánchez»

P.- Hiciste también, durante una temporada, El primer café de Antena 3. ¿Aquellas tertulias eran diferentes a las de ahora?

R.- Hubo un momento en el que las tertulias se convirtieron en un espectáculo. Cuando la televisión convierte la opinión en espectáculo, está cometiendo un error. Porque, de pronto, califican a los periodistas de derechas, de izquierdas, fachas, progres y no sé qué más. Y hacen tertulias en las que pretenden que se peleen a muerte dos bandos, sentando a unos en la derecha y a otros en la izquierda. Eso es espectáculo. Eso no es opinión. Ahí empieza el deterioro de las tertulias.

P.- El enfrentamiento político se traslada también a los medios de comunicación.

R.- He leído que a un periodista le abuchearon en el Congreso de los Diputados porque le preguntó a Patxi López por la mujer del presidente del Gobierno. Eso es un disparate. A ti te puede caer bien o mal un periodista, pero le hace una pregunta a un político y ya está. Que se arregle el político con ese periodista. Pero, que otros periodistas le abucheen es inconcebible. Es el deterioro total de la profesión. La profesión ha caído tan bajo en determinados sitios que los periodistas que hacíamos política, y criticábamos a los periodistas deportivos por ser hooligans, estamos cayendo ahora en lo mismo.

Carmen Gurruchaga en un momento de la entrevista. | Víctor Ubiña

P.- ¿No crees que los políticos tampoco deberían descalificar a quien pregunta lo que no les gusta?

R.- Eso está mal, fatal. Pero es un político el que lo hace. Lo que no entiendo es que lo hagan otros periodistas a un compañero. Me parece intolerable. Ahora, en las ruedas de prensa de Moncloa, discriminan y es el Gobierno el que elige quién pregunta y quién no. Me parece patético. Es una falta de respeto a la profesión, y todo esto empezó con Zapatero. Zapatero empezó a discriminar, seleccionando a los periodistas que le acompañaban a los viajes. Ahí empezó la discriminación entre los medios y periodistas que podían ir y los que no. Me parece una falta de respeto a la libertad de prensa.

P.- ¿Cómo influyen las redes sociales y la multiplicación de medios online en todo esto?

R.- Creo que internet ha hecho mucho daño a la profesión. Nosotros teníamos a gala contrastar la información. Pedro J. Ramírez no te consentía publicar nada si no lo habías contrastado antes. Y le tenías que contar con quién lo habías contrastado. Desde la aparición de las redes sociales, se hace del rumor noticia. Y eso devalúa una barbaridad la información. La información es algo mucho más serio.

P.- Tampoco antes era habitual señalar a los periodistas…

R.- Yo no sé cómo nadie le dice a Óscar Puente que ese no es el papel de un ministro. El papel del ministro de Transportes es gestionar bien los trenes y las carreteras, pero no perder el tiempo criticando a periodistas. Y, mucho menos, que este último trabajo lo estemos pagando los ciudadanos, porque tiene un equipo dentro del Ministerio dedicado a eso. Confunde lo público con lo privado. Si quiere tener un equipo que se ocupe de lo que dicen los periodistas sobre él en las redes sociales, que se lo pague con su sueldo.

«No hagas de manporrero porque devalúas tu propio ministerio»

P.- Óscar Puente tampoco es muy moderado en sus declaraciones.

R.- Él insulta, pero lo que me extraña es que en un ministerio tan goloso como el suyo, donde puedes hacer tantas cosas y quedar bien, no se dedique a eso. No hagas de mamporrero porque devalúas tu propio Ministerio. Un ministerio respetable se convierte, de pronto, en mamporrero. No, hombre, no.

P.- Durante algunos años fuiste directora de Relaciones Institucionales y jefa de Negocio de la agencia Efe en Brasil. Te quejaste de que te habían echado de forma poco elegante.

R.- Lo que más me dolió de todo fue que yo había trabajado con el sustituto de José Antonio Vera, Fernando Garea, más de veinte años, primero en Diario 16 y luego en El Mundo. Me molestaron las formas. Cuando volví a España, tenía sentada en mi mesa a la sustituta. Garea me llamó a su despacho y me dijo que necesitaba mi puesto. Entonces, me llegan rumores de que si yo había malversado dinero de Efe. Dije: «Se acabó. Esto va a juicio». Y lo gané. A mí me pueden echar de un puesto de trabajo, pero no cuestionar mi integridad. No se lo consiento a nadie.

P.- Por cierto, ¿qué te parece el reciente nombramiento de Miguel Ángel Oliver?

R.- Un disparate. La primera vez que sucede algo así. Con Sánchez están sucediendo muchas cosas por primera vez, y muchas cosas antidemocráticas. Miguel Ángel Oliver me parece un magnífico periodista. No tengo nada contra él. Pero sí tengo en contra que un secretario de Estado de Comunicación pase a ser presidente de la agencia Efe. Eso es inaudito. No se da en ningún otro país.

«No puedes pagar 14 millones a Broncano para competir con quien no te hace la pelota»

P.- ¿Qué opinas de lo que está pasando en RTVE?

R.- Es la casa de los líos. Mi madre diría otra frase mucho peor. TVE es una televisión pública, que pagamos entre todos, y no puede estar peleando, por 14 millones de euros anuales, con una televisión privada. Entiendo que no les guste el señor de Antena 3 (Pablo Motos), pero con un cheque de todos los españoles no puedes fichar a otro profesional. Estoy cuestionando las formas, no la profesionalidad de Broncano. No puedes pagar 14 millones de euros para hacerle la competencia a un señor que no te hace la pelota. Quieren quitarle espectadores a El Hormiguero y difundir sus tesis de que la amnistía es constitucional o que las decisiones del Gobierno son maravillosas.

P.- ¿Habrá pronto nuevas elecciones generales?

R.- Dependerá de cómo se comporten los socios estratosféricos que se ha buscado Sánchez. Vamos a ver qué pasa en las elecciones catalanas y quién es el nuevo presidente de la Generalitat. En función de eso, tendremos elecciones o no tendremos elecciones. Dependerá mucho del resultado en Cataluña.

P.- ¿Tenemos los políticos que nos merecemos?

R.- Desgraciadamente, creo que sí. Al final, los elegimos nosotros. Aunque, nadie hubiera pensado, con la campaña que hizo Sánchez, que iba a terminar pactando con Junts, que es la extrema derecha. Pero, como necesita sus votos, ya no son xenófobos, racistas, ni de extrema derecha.

[¿Eres anunciante y quieres patrocinar este programa? Escríbenos a [email protected]]

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D