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El Mercedes Clase C eléctrico recorre casi 800 km con estrellas en todos sus rincones

En Stuttgart pincharon en hueso con su primera generación de eléctricos, pero esto es algo muy distinto, mucho mejor

El Mercedes Clase C eléctrico recorre casi 800 km con estrellas en todos sus rincones

Mercedes Clase C eléctrico.

No podían aguantar más. Mercedes tiene en su catálogo más de 20 modelos distintos de turismos, y uno de cada cinco de los que salen de sus concesionarios es un Clase C. Es el coche que sirve para todo, encaja con todos y gusta a todos. Ante las presiones del mercado y regulatorias, se electrifica, y los de Stuttgart pegan un puñetazo sobre la mesa al grito de «un respeto, que somos Mercedes». No lo han hecho de cualquier manera, sino con un modelo extraordinario.

El Clase C no podía pasar más tiempo mientras la electrificación pasaba de largo. El modelo que durante décadas ha sido la puerta de entrada a la berlina prémium estrena variante eléctrica con una ambición muy clara: parecer un Clase C, viajar como un Clase S, poner nervioso al futuro BMW i3 y parar los pies a mucho chino ambicioso. La receta mezcla más de 740 kilómetros de autonomía, mucha pantalla y una parrilla con más estrellas que la gala de entrega de los Óscar.

El C a batería no sustituye al de combustión, al menos por ahora. Conviven como dos hermanos de distinto padre y vidas paralelas, pero bajo el mismo techo. El térmico mantiene su papel clásico, mientras que el eléctrico nace sobre la plataforma MB.EA, la misma base del GLC eléctrico. Esto no es una reconversión con batería encastrada a martillazos, sino un coche creado desde cero.

Por fuera, Mercedes ha roto con la discutida estética de los EQE y EQS. Aquí vuelve el capó largo, la silueta de sedán y una presencia muy Mercedes, de los de toda la vida. La parrilla frontal cerrada monta unas lamas clásicas y puede llenarse de puntos led, con animaciones de bienvenida y una estrella central que anuncia un coche que brilla con luz propia.

Los faros son afilados y muestran una estrella en la firma diurna. Puede parecer exceso de identidad corporativa, pero en Mercedes la estrella es religión y aquí han decidido sacar la procesión completa con todos sus santos, imágenes y banda de música. Con el paquete AMG Line, el paragolpes gana nervio, las tomas falsas parecen más marcadas y el conjunto adquiere un aire más deportivo. No es agresivo a lo bruto, sino un señor bien plantao con traje oscuro y zapatillas caras.

No oculta su tamaño, casi de segmento superior

De perfil se aprecia el cambio de escala. Mide 4,84 metros de largo, unos 13 centímetros más que el Clase C de combustión, y estira la batalla hasta 2,96 metros. La batería bajo el piso obliga a elevar algo la carrocería, pero Mercedes ha disimulado el asunto con una línea de techo fluida, tiradores enrasados y una caída trasera favorecedora.

Aunque cada cual tendrá su opinión, la zaga es quizá la zona más discutible y controvertida. Los pilotos quedan integrados en una franja oscura que cruza el ancho del coche, con cuatro esferas luminosas y más pequeñas estrellas interiores. Hay mucho oficio, hay tecnología y hay presencia, pero también cierto riesgo de recargar en exceso. Es como si un diseñador hubiera tenido una gigantesca bolsa repleta de logotipos y nadie se la hubiera quitado a tiempo.

El maletero trasero ofrece 470 litros, una cifra correcta para una berlina de este tamaño, aunque la boca de carga no tendrá la facilidad de un buen portón alargado. La buena noticia está bajo el capó delantero, donde aparece un frunk de 101 litros, suficiente para cables, mochilas o una maleta de cabina. El morro largo tiene, por tanto, función real.

El interior cambia de liga visual y eleva el listón. De serie, el salpicadero ya adopta una MBUX Superscreen con tres pantallas bajo un mismo marco y algo más de 33 pulgadas. Quien quiera el festival completo podrá pedir la MBUX Hyperscreen de 39,1 pulgadas, una pared digital que va de pilar a pilar. Hay salones hogareños con televisores de la mitad de tamaño. En el mundo del automóvil ya no se pregunta cuántos caballos tiene un coche, sino cuántas pulgadas es capaz de abarcar la vista.

Mercedes no falla en esto

La calidad percibida apunta alto, con salidas de aire cuidadas, iluminación ambiental, materiales de tacto noble y opciones sin piel animal. Mercedes recupera botones físicos en el volante, una gran noticia para quienes sufrieron los mandos táctiles de anteriores modelos. Aun así, algunas funciones del climatizador quedan en la pantalla, una costumbre de la industria que debería recibir una carta de algún colegio de fisioterapeutas del dedo índice.

El confort es uno de los grandes argumentos. Los asientos de serie cuentan con certificación AGR, ajuste eléctrico longitudinal y calefacción. En opción, aparecen el apoyo lumbar electroneumático, el masaje, la ventilación y hasta altavoces integrados. El techo panorámico viene de serie y, con sus 162 estrellas iluminadas, crea una atmósfera de hotel caro.

Mercedes promete un nivel de comodidad próximo al Clase S, y aquí entramos en la parte técnica. La suspensión neumática Airmatic opcional ajusta la altura y se apoya en datos de Google Maps para bajar la carrocería en vías rápidas o elevarla cuando el entorno lo aconseja. La amortiguación predictiva suma información de otros Mercedes que hayan pasado por baches concretos. Es la vieja del visillo, pero aplicada a la comodidad. Sería genial que más marcas y modelos entrasen en el juego de compartir este tipo de datos.

Cuatro ruedas que giran

La dirección activa trasera también ayuda. A baja velocidad, las ruedas posteriores giran en sentido opuesto a las delanteras para facilitar maniobras; a ritmos altos, lo hacen en el mismo sentido para mejorar la estabilidad. No convierte una berlina de 4,84 metros en un Smart, pero reduce la sensación de tamaño. En un garaje estrecho, esto puede marcar la diferencia entre aparcar como Lewis Hamilton en un pit stop de la Fórmula 1 o grafitear una columna.

La versión de lanzamiento será el C 400 4MATIC, con dos motores eléctricos, tracción total y 489 caballos. El 0 a 100 km/h cae en cuatro segundos, y la velocidad máxima se limita a 210 km/h. El motor trasero incorpora una transmisión automática de dos velocidades, pensada para combinar aceleración fuerte con eficiencia a ritmo sostenido sin consumir batería.

La batería de iones de litio tiene 94 kilovatios hora (kWh) y permite una autonomía WLTP de 743 kilómetros en ciclo combinado, cifra que sube hasta 852 kilómetros si solo se atiende al ciclo urbano. Mercedes ya apunta a futuras variantes con un solo motor, tracción simple y aún más kilómetros. La marca habla incluso de viajes Madrid-Fráncfort con una sola parada de carga. La promesa no elimina los cargadores, pero sí reduce el drama.

Una carga muy rápida

El sistema eléctrico de 800 voltios admite carga rápida de hasta 330 kW en corriente continua. En condiciones óptimas, el coche recupera energía para unos 325 kilómetros en diez minutos y pasa del 10 al 80% en 22. En alterna ofrece 11 kW de serie y 22 kW como opción. El sistema de detención integra la frenada regenerativa y la hidráulica en un mismo conjunto. Puede recuperar hasta 300 kW y permite modular la retención desde las levas del volante.

La gama española arranca con tres niveles de equipamiento, Avantgarde, AMG Line y AMG Line Plus, además del paquete Night para los amantes del negro mate en detalles concretos. De serie aparecen llantas de 18 pulgadas, faros led, MBUX Superscreen, climatizador bizona, asistente de aparcamiento, control de crucero adaptativo, mantenimiento de carril, ángulo muerto avanzado y reconocimiento de señales. Mercedes ha querido que ningún cliente entre a discutir el equipamiento básico.

Controlando al enemigo

Frente al BMW i3, el Clase C eléctrico apuesta por tradición visual y lujo digital. BMW parece jugar la carta de la eficiencia extrema y una arquitectura muy avanzada, mientras Mercedes refuerza confort, suspensión neumática, dirección trasera y una cabina con aire de nave ejecutiva. Frente al Tesla Model 3, el alemán ofrece más empaque, más opciones y una puesta en escena de marca. También, una factura más seria, pero el Tesla queda atrás con claridad.

El precio en España ya está cerrado y arranca en 69.800 euros para el C 400 4MATIC, impuestos incluidos, con configurador abierto y libro de pedidos disponible. La producción comenzará en junio en la planta húngara de Kecskemét, y las primeras unidades pisarán los concesionarios en septiembre.

El Mercedes Clase C eléctrico aterriza con una misión complicada: no parecer un experimento, no traicionar al Clase C y no dejar que BMW lo saque del asfalto a empujones. Tiene un diseño reconocible, autonomía enorme, carga muy rápida, distintivo 0 de la DGT, confort de altos vuelos y una cantidad de pantallas capaz de dejar bizcos a controladores aéreos militares. Al final, la pregunta no es si Mercedes sabe hacer berlinas. Eso ya lo sabíamos. La pregunta es si sus clientes aceptarán que la estrella también brilla mejor enchufada.

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