Ser zaragocista en esta España
«Una cura de humildad añadida a la que los españoles llevamos sobre lo que era nuestro país hace veinte años»

Unas banderas del Real Zaragoza ondean frente al estadio de La Romareda. | Marcos Cebrián (Europa Press)
Los que leen este periódico son sabedores de que vivimos en un país con un Gobierno que lleva la corrupción adherida como una segunda piel. Que la calidad de los servicios públicos es cada vez peor. Que el precio de la vivienda solo se lo puede permitir un futbolista, un político o el Gran Wyoming. Que para comer bien usted tiene que gastarse en la compra lo que le pagarían en el mercado negro por donar algunos de sus órganos no vitales. Comer para sobrevivir, mientras otros viven de los sobres.
Esa es la vida de mucha gente, de la mayoría. Todos sufrimos la primera, incluidos los que creen que apoyar a este Gobierno les convierte en unos seres de luz. Hay apagones que se tienen con los ojos abiertos. Y esto no va de ideologías, sino de quitarse la venda de los ojos patrocinada por nuestras filias políticas. Un servidor no vota desde hace demasiados años porque, además de que ningún partido le representa, ninguna persona con la que me he relacionado en todos esos años me ha podido dar ninguna razón de peso para hacerlo. En ese momento, el familiar, el amigo o quien fuese desaparecía, y solo quedaba de él o ella su sesgada respuesta. El resto de problemáticas también nos afectan a casi todos en mayor o menor medida, según sea su situación personal. Tenga un trabajo mejor o peor pagado. Haya heredado una vivienda o lo que sea de un familiar directo. En definitiva, del esfuerzo que haya puesto por conseguir las cosas, o de la buena o la mala suerte, que por desgracia hoy en día es igual de importante.
Una sociedad que desmotiva a cualquiera con un poco de sensibilidad. Donde la verdad ha dejado de ser importante y tener la razón a toda costa o manipular al otro para conseguirla es más importante. Ganar a costa de lo que sea, aunque por dentro sepas que has perdido, o que el que está perdido es él mismo. Engañarse haciendo viajes en todos los puentes, low cost, por supuesto, mirando los billetes con tanto tiempo como optimismo en que ese futuro no te dejará en el mismo lugar físico y espiritual donde te encuentras. Gastar ese dinero que no podrás invertir en tener un sitio donde caerse muerto a tu nombre, a lo que nuestros padres y abuelos llamaban casa, hogar, piso, como ustedes prefieran, en tomarse algo los fines de semana en una terraza o en pasar un día del fin de semana en un centro comercial para comprarte una camisa o un pantalón, comer una smash burger y de postre un helado en el local de moda después de hacer una cola de más de una hora. Y de postre, ver una película en sus cines donde quedarse dormido y tener pesadillas es lo que hace más rentable ese gasto.
Pues queridos lectores que me leen, imaginen todo lo que les he contado y que se acerca mucho a la vida de un españolito medio, y añádanle ser del Real Zaragoza, como lo es un servidor. Un maño en Madrid, o lo que es lo mismo, un «mañileño» que acaba de ver cómo su equipo del alma baja a la tercera categoría del fútbol español. Se ha dicho que el fútbol es la cosa más importante de las cosas no importantes. La frase es de Valdano, exfutbolista filósofo, que puede parecer un oxímoron, pero te das cuenta de que eso puede ser en el resto de equipos, pues en el Real Zaragoza además de Valdano también jugó Pardeza, dándole lustre no sólo con sus botas al balón, sino al teclado con la brillantez de las palabras de sus libros.
Un servidor ha visto ganar Copas del Rey, una Supercopa de España y la Recopa de Europa con ese gol mágico de Nayim que los zaragocistas no nos podremos sacar de la cabeza ni aunque nos la arranquen. Pues ahora bajamos a Primera Ref, o lo que es lo mismo, a la tercera categoría del fútbol español. Una cura de humildad añadida a la que los españoles llevamos sobre lo que era nuestro país hasta hace aproximadamente veinte años, yendo cada vez a peor. Y eso es lo que le ha pasado a mi Real Zaragoza, que explica la deriva de nuestro país mejor que nadie. Gobiernos regionales haciendo chanchullos con amigos empresarios donde sólo sale perjudicado el ciudadano, seguro que eso les suena al resto de ciudadanos españoles con respecto al Gobierno. Malos profesionales en los distintos puestos a cubrir, directiva, director deportivo, entrenador y jugadores. Piensen en el presidente del Gobierno que sufrimos y en sus ministros y se harán una idea muy precisa de lo que ha sido el Zaragoza estos años. El fútbol es una pasión, un entretenimiento especial, pues el sentimiento de pertenencia es el más parecido a un vínculo sanguíneo. Cuando la vida te golpea con una situación laboral o personal difícil, el fútbol aparece como esa vía de escape donde olvidar o resarcirse. Pero imagínense ser del Real Zaragoza en nuestro país. Qué mayor ilusión que seguir luchando para que ambos recuperen cuanto antes su prestigio perdido. Lo veremos muy pronto.
