The Objective
¿Y esto quién lo paga?

Balance del IRPF y de la lista de morosos el día después

«Sin impuestos no hay civilización, pero que el récord de impuestos recaudados no es un récord de civilización»

Balance del IRPF y de la lista de morosos el día después

Agencia Tributaria.

Este martes fue el último día del plazo para presentar la declaración del IRPF. No hay un día en el año en que más españoles paguen impuestos que el 30 de junio. Como la casi totalidad de las declaraciones a ingresar se domicilian, casi 7,7 millones de contribuyentes ingresaron, al menos, el 60% del primer plazo, de más de 24.000 millones de euros. Los contribuyentes a los que la declaración les sale a devolver son más, unos 15,7 millones, pero reciben menos, unos 13.271 millones de euros. Todos estos son datos de la Agencia Tributaria de la presentación de la campaña. Es cierto que las devoluciones se hacen, en general, muy rápido y a medida que se presentan las declaraciones, y que el 40% de los importes a ingresar se puede aplazar, sin intereses, hasta noviembre. Pero, aun así, el día por excelencia de los impuestos para la mayoría de los españoles fue este martes.

También el martes, la Agencia Tributaria publicaba la lista de morosos, es decir, la lista de las personas físicas y jurídicas que más debían a la Agencia Tributaria. Desde hace unos años, merced a la jurisprudencia del Tribunal Supremo, solo se publican las deudas firmes, no las que están en litigio. Seguramente, las personas que están en esa lista preferirían no figurar ahí, pero no está nada claro qué es lo que pueden hacer ya, o un poco antes de que se publique, para no aparecer. Efectivamente, podrían pagar, pero en muchos casos parece que no pueden, o no quieren, o una combinación de ambas.

Y cuando estamos hablando de que no quieren, entonces la lista se convierte en una declaración de impotencia del Estado para cobrar impuestos. Precisamente por eso, no está nada claro que el escarnio de algunas personas sea un acicate para el cumplimiento de los demás. Sobre todo, cuando algunas personas aparecen en las listas año tras año y no parece que eso les afecte, al menos excesivamente, a su vida social. Y, por supuesto, si no pueden pagar, la lista no sirve para recaudar impuestos.

Creo honestamente que el escarnio social como método para asegurar el cobro de impuestos es una idea medieval, aunque en España la implantó el exministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Pero lo peor es que solo funciona si la actuación del Gobierno, y por extensión del Estado, tiene un mínimo de prestigio. Si no es así, nos encontramos con que, para una parte de la opinión publicada y de la opinión pública, no es un desprestigio dejar de pagar impuestos. Creo que esta cuestión, como muchas otras de nuestro sistema fiscal, merece una reflexión. La legitimidad en el cobro de impuestos se gana por otras vías: como la lucha contra la corrupción, la eficiencia en el gasto público y, sobre todo, cuando los ciudadanos están básicamente de acuerdo en en qué se gastan sus impuestos. Estoy convencido de que simplemente tener unos presupuestos, donde el Parlamento decida dónde se destina el dinero de los impuestos, da mucha más legitimidad a la lucha contra el fraude que la lista de morosos.

En cualquier caso, usted probablemente se pregunte cómo se ha ido transformando una campaña de renta a devolver, como lo era hasta hace unos años, en una campaña a ingresar, en la que Hacienda obtiene más de 11.000 millones más que los que tiene que devolver. Aquí hay varias razones. La primera es que el IRPF ha subido, y eso hace que las retenciones en las nóminas aumenten, las devoluciones disminuyan y las declaraciones a ingresar sean de más importe. Simplemente por no ajustar ningún parámetro del IRPF a la inflación —la denominada progresividad en frío—, la subida de impuestos fue de 17.000 millones de euros al año en este 2025. La cifra no es mía. De hecho, a mí me sale más, sino del Banco de España. Para que nos hagamos una idea, viene a ser un 1% del PIB, una cifra similar a las enormes subidas de impuestos estatales de Montoro y Rajoy en 2012.

Pero hay otras dos razones extrafiscales por las que la campaña de renta le sale a ingresar a Hacienda. La primera es la precariedad y la rotación en el empleo. Como cada empleador solo retiene en función de lo que paga, la forma más habitual y segura de que una declaración salga a pagar es tener más de un pagador. En esas situaciones, el contribuyente tiene que completar lo que no le han retenido en la declaración y, claro, sale a ingresar.

Por último, las rentas de los arrendamientos de viviendas no están sometidas a retención. Eso significa que, si no se ha retenido de más en el resto de las rentas que tengan los arrendadores, la declaración de renta les saldrá a ingresar. Como resultado de la crisis del mercado de la vivienda y de la desastrosa política en este tema de los últimos años, los rendimientos de capital inmobiliario declarados se han disparado en los últimos años. También es cierto que, debido a la mejora del control fiscal, estas rentas se declaran más. Los impuestos de todo esto se cobran en la declaración precisamente porque, como hemos señalado, no se retienen. Por cierto, uno de los efectos de la inseguridad jurídica en el mercado de alquiler es que muchos caseros se han pasado al alquiler de temporada o al alquiler vacacional, que no están bonificados, con lo que pagan más impuestos a la hora de hacer la declaración.

En fin, el martes concluyó la campaña del IRPF de 2025, en la que muchos españoles cumplieron sus obligaciones fiscales, pagando una cuantía récord de IRPF. Además, el tipo efectivo del IRPF de 2025 fue el más elevado de la historia: el 15,1%, es decir, que los españoles dedicamos más porcentaje que nunca de nuestra renta a pagar el IRPF. Sin ninguna duda, volveremos a batir ambos récords en el IRPF de 2026, como se puede ver echando un vistazo a los datos de recaudación de la Agencia Tributaria.

En 2014 abrí mi primer libro, ¿Hacienda somos todos? Impuestos y fraude en España (Debate, 2014-2022), con la cita de Oliver Wendell Holmes: «Los impuestos son el precio que pagamos por la civilización; en la selva no existen». A la pregunta del título del libro, sobre si todos contribuimos, sigo pensando que hay quienes no lo hacen, aunque no estén en la lista de morosos. También sigo creyendo que, en términos generales, sin impuestos no hay civilización, pero que el récord de impuestos recaudados, de IRPF y de cuantía a ingresar en la declaración de renta no es un récord de civilización. Y también estoy convencido de que eso mismo pensarán muchos españoles, que no tenemos precisamente un récord de bienestar y de buenas políticas públicas, les haya salido la declaración de renta a ingresar o a devolver.

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