The Objective
¿Y esto quién lo paga?

Ruido mediático, salarios e impuestos ocho años después

«Son precisamente los que ganan un poquito más que el SMI los que han soportado una mayor subida del IRPF»

Ruido mediático, salarios e impuestos ocho años después

Pedro Sánchez. | EFE

En estos días, se cumplen ocho años de la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez al poder. El pasado viernes, el presidente del Gobierno, tras una semana particularmente complicada por cuestiones de corrupción para su partido, nos informaba, a través de su cuenta de X, que los trabajadores españoles habíamos ganado poder adquisitivo, gracias a las políticas de sus gobiernos en estos años.

«El salario medio en España creció un 23% entre 2018 y 2024, por encima de la inflación. Los salarios bajos lo hicieron en un 42%, duplicando la subida de la inflación. Frente al ruido mediático, la realidad de este país: unos ciudadanos que siguen ganando poder adquisitivo gracias a las políticas de este Gobierno».

Usted se preguntará qué hay de cierto en todo esto. Tratemos de evitar el ruido y pongamos datos sobre la mesa. En primer lugar, sí que es correcto que el salario medio en España ha pasado de 24.009 euros en 2018 a 29.540 euros en 2024, con un incremento acumulado en estos seis años del 23%. Por otra parte, la inflación acumulada entre 2018 y 2024 fue 19,4%. Por lo tanto, a primera vista, sí parece haber un ligero aumento del poder adquisitivo de los salarios.

Esto sería cierto si viviésemos en un país sin impuestos. Pero la realidad es que el poder adquisitivo que tiene cualquier ciudadano es lo que le llega a la cuenta corriente, tras pagar los impuestos y las cotizaciones sociales. En primer término, en 2018 la cuota de Seguridad Social a cargo del trabajador era del 6,35%, pero este porcentaje ascendía al 6,48% en 2024. La diferencia es el MEI, el mecanismo de equidad intergeneracional. Este aumento de las cotizaciones no da derecho a una mayor pensión en el futuro, con lo que es simplemente un impuesto. Eso sí, este aumento de las cotizaciones fue aprobado por el Congreso, a diferencia del espectacular aumento del IRPF.

¿Se paga el mismo IRPF si se tiene la misma capacidad adquisitiva y circunstancias personales en 2024 que en 2018? Aquí la respuesta es que NO. Como no se ha ajustado ningún parámetro del IRPF a la inflación, aumentos puramente nominales de salarios (o de otras fuentes de renta) aumentan el tipo efectivo de IRPF, hacen que se paguen más impuestos, con la misma o menor capacidad económica.

Aquí tienen cómo ha evolucionado el tipo medio efectivo del IRPF entre 2018 y 2024, según la estadística de la Agencia Tributaria:

En 2018, los españoles destinaban de media el 12,66% de su renta antes de impuestos a pagar el IRPF, este porcentaje ascendió al 14,60% en 2024 y al 15,1% en 2025 (avance de la AEAT antes de la campaña). Esto supone que, en 2025, los españoles pagamos el tipo efectivo del IRPF más elevado de la historia, es decir, que no sólo pagamos más IRPF que nunca, sino que tuvimos que destinar más porcentaje de nuestra renta que nunca para pagar el IRPF. Si nada cambia, en 2026 volveremos a batir el récord tanto de recaudación del IRPF, como del tipo efectivo de nuestro principal impuesto.

Usted se preguntará si este aumento del tipo efectivo se debe a una subida de impuestos que se haya aprobado por Ley, o al simple funcionamiento del impuesto porque somos más ricos, o bien a la «progresividad en frío», es decir, a no corregir la inflación en el IRPF, con la consiguiente subida encubierta de impuestos. Pues bien, la respuesta sustancialmente correcta es la tercera: no corregir el efecto de la inflación en un periodo en el que fue particularmente elevada. Como veremos, ha sido el efecto del IRPF (acompañado por el aumento de las cotizaciones) el que ha hecho que el salario medio haya perdido poder adquisitivo.

Veamos, por utilizar los mismos datos que el presidente del Gobierno, en 2018, un salario medio de 24.009 euros pagaba un 6,35% de cotizaciones sociales al empleado y un IRPF del 13,56%, lo que suponía que se quedaba en un salario neto de 19.228,80 euros para un trabajador soltero y sin hijos. Esto suponía un salario neto mensual de 1.373,48 euros.

En 2024, el salario medio era de 29.540 euros. Ahora el tipo de cotización ha pasado al 6,48%, y el tipo de IRPF al 16,24% (con un aumento de 2,68 puntos porcentuales). Esto nos deja un neto de 1.630,81 euros en catorce pagas, lo que supone un incremento del 18,73%, por debajo de la inflación (que fue del 19,4%). Realmente, no hay una ganancia neta de poder adquisitivo, sino una pérdida, derivada precisamente del aumento de impuestos, el MEI (que no deja de ser un impuesto) y, sobre todo, el IRPF. Y eso sí, sin que se haya tramitado una subida del IRPF en el Parlamento.

Esta subida del IRPF ha sido una de las más importantes de la democracia. Por limitarnos a 2024, esta subida del tipo supuso un aumento de la recaudación del IRPF de 17.548 millones de euros. Haciendo una regla de tres entre subida total de salarios y subida nominal, la progresividad en frío, la subida de impuestos que no se deriva de ganar realmente más estaría en unos 14.800 millones de euros anuales en 2024. Es una subida tan importante que no sólo ha hecho que los salarios no ganen de media poder adquisitivo, sino que lo pierdan (y lo mismo se puede decir de buena parte de las pensiones). Y esta subida del IRPF fue todavía mayor en 2025, y aún será superior en 2026.

Más allá de las cifras, creo que merece la pena comentar algunas cuestiones. En primer lugar, que los salarios los pagan los empresarios, y que la política fiscal le corresponde al gobierno. En el periodo 2018-2024, los salarios aumentaron de media un 23%, pero lo que fija el Gobierno, los salarios públicos sólo aumentaron un 16%. Esto indica que los sindicatos han sido menos exigentes con el gobierno que con los empresarios privados en la negociación colectiva. Y que los empleados públicos han perdido más poder adquisitivo que los empleados del sector privado, y por supuesto que los pensionistas

La segunda cuestión que merecería comentarse es que los sucesivos récords de recaudación de impuestos no son precisamente una mala noticia, sino todo lo contrario. Pero, una parte nada desdeñable de este aumento de recaudación proviene de subir los impuestos, no de la mejora de la actividad económica. Y esa subida no sólo no es transparente, sino que no se ha aprobado en el Congreso, lo que es democráticamente muy criticable.

Por otra parte, también es cierto que no todos los asalariados han soportado esta subida de impuestos, pero sí la inmensa mayoría. En realidad, no se han subido apenas los impuestos a los trabajadores que ganan el salario mínimo interprofesional o menos. Estos trabajadores siguen sin pagar el IRPF, aunque sí que pagan más cuotas a la Seguridad Social. El resto de los trabajadores pagan más IRPF, y son precisamente los que ganan un poquito más que el SMI los que han soportado una mayor subida del IRPF, y, en consecuencia, también, los que han perdido más poder adquisitivo.

Evidentemente, esto podría estar justificado si se percibiesen mejores servicios públicos, pero dejémoslo en que la percepción social, tras descarrilamientos, apagones… no es precisamente esa. Hoy no he querido comentar nada del principal problema de los españoles, según el CIS, que es la vivienda, y que no lo era, en absoluto, hace ocho años. El acceso a la vivienda ha empeorado en estos años, y mucho. Pero, incluso obviando todo esto, el balance económico, fiscal y social de los últimos ocho años no es tan positivo como se deduce del tuit que he reproducido al principio de este artículo. 

Todo esto no es ruido mediático, son simplemente la realidad y los datos de la política económica y fiscal. Y por eso todo esto debería valorarse en los resultados de una gestión que se inició hace ocho años con una moción de censura, que defendió José Luis Ábalos, porque «los españoles no podemos tolerar la corrupción ni la indecencia como si fuera algo normal». Entonces pensé que tenía razón, pero que podía ser peor el remedio que la enfermedad. En estos días de ruido mediático, lo sigo pensando.

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