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La última película de terror de Netflix: su subida de precios multiplica por diez el IPC

La tarifa con anuncios incrementa un 28% su coste mensual

La última película de terror de Netflix: su subida de precios multiplica por diez el IPC

Logotipo de Netflix

Netflix actualizaba hace solo unos días los precios de la suscripción para acceder a su plataforma. Como era de esperar, se encarecieron, pero es especialmente hiriente dónde se ejecutó el mayor aumento: en las tarifas básicas. Los usuarios que la ven con anuncios pasan a pagar 8,99 euros frente a los 6,99 euros que desembolsaban hasta ahora. Un aumento del 28% que supone multiplicar por diez el índice de precios al consumo (IPC). Este indicador refleja, mes a mes, año a año, el incremento de la cesta de la compra. En 2025 aumentó un 2,7%. Si se observa su comportamiento el pasado mes de marzo, se elevó hasta el 3,4%.

El incremento en la factura oscila entre el 7% y el 28% en función del plan. La estrategia abre un interrogante: ¿Por qué los servicios de streaming viven en una economía paralela, desconectada de la inflación oficial? A esto se suma otra particularidad: una vez modificados, los precios no suelen bajar.

El ocio digital está en una fase de aceleración de costes imparable. Pasa con todas las plataformas. No es una decisión arbitraria. Es un cambio estratégico en el modelo de negocio del entretenimiento digital. Una vez alcanzada una cuota generosa de clientes, ya cautivos y fidelizados, se comienzan a subir los precios. Es difícil que abandonen el servicio pese a los cambios. Tampoco se puede olvidar que, a partir de la primera cuota, los pagos son automáticos y recurrentes. El primer concepto hace que la sensación de gasto no esté tan presente, pero el segundo es inasequible al desaliento: llega todos los meses. Pese a que no seamos del todo conscientes, estamos pagando centenares de euros al año por servicios de streaming.

Durante la última década, la estrategia de Netflix —y de sus competidores Amazon Prime Video, HBO y Disney+— se ha basado en un crecimiento agresivo de la base de usuarios a través de precios populares, irresistibles, y contenidos de calidad, a la carta y personalizados. Un menú más atractivo que el que ofrece la televisión tradicional.

El coste de producción, detrás de las subidas

Con varias plataformas de streaming compitiendo entre sí, la ventaja clave radica en la diferenciación de la oferta. Para tener un buen catálogo y que abarque al mayor público posible, los estudios dedican inversiones millonarias. En el caso de Netflix, este gasto ascendió a 20.000 millones de dólares en 2026, un aumento del 10% respecto al ejercicio anterior.

A este coste hay que sumar lo que supone mantener un servicio que ofrece contenidos en resolución con calidad 4K a millones de hogares al mismo tiempo. Es algo que requiere de una mastodóntica infraestructura tecnológica por la que hay que pagar. La mejora continua en la imagen, la reducción de la latencia y la implementación de sistemas de recomendación mediante inteligencia artificial son costes operativos que se trasladan al usuario.

A este batido de números se suma el fin de la política de cuentas compartidas; maniobra que Netflix temía produjese la fuga de clientes, pero que finalmente ha resultado ser un motor de ingresos. Esto permite a la compañía norteamericana imponer subidas adicionales de precio: el usuario valora tanto el servicio que prefiere pagar más para no prescindir de él.

No obstante, todos estos cambios amenazan con fatiga en la suscripción. Los usuarios que hacen el sumatorio anual de lo que pagan deciden, en algunos casos, cambiar a una estrategia de rotación de plataformas.

Las subidas de precios de Netflix no son un evento aislado. Confirman la consolidación de un mercado maduro. La pregunta es si este movimiento provocará una fuga masiva de usuarios hacia planes más económicos (como el que se sirve con anuncios) o si, por el contrario, la calidad de su catálogo es lo suficientemente sólida como para absorber este incremento sin erosionar la base de suscriptores.

Aunque el precio de Netflix se ha disparado muy por encima del IPC, sigue siendo competitivo si se compara con los costes tradicionales de ocio fuera del hogar (cine, teatro, etc.). Solo los informes trimestrales de resultados de la corporación norteamericana revelarán si ha acertado con esta estrategia.

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