«La deuda cognitiva»: el coste oculto de delegar demasiadas tareas en la IA
Los expertos advierten de que la automatización exige reforzar el pensamiento crítico sin renunciar al criterio humano
La inteligencia artificial está transformando las empresas a gran velocidad, pero su expansión también plantea nuevos riesgos. Uno de ellos es la denominada «deuda cognitiva», un concepto que ganó protagonismo durante la mesa «La empresa autónoma: menos estructura, más inteligencia», celebrada en un encuentro organizado por THE OBJECTIVE y patrocinado por Cellnex y Carrefour.
En el debate, moderado por Carlos Ruiz, CTO de THE OBJECTIVE, participaron José Ignacio López, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad CEU San Pablo y director de CEU-INTEDE; Enrique Hormigo, responsable de B2B y Formación in Company de ISDI; y Pedro Abad, director comercial de VIKO.
Los ponentes coincidieron en que la inteligencia artificial ya está permitiendo automatizar procesos, analizar grandes volúmenes de información y detectar oportunidades de mejora dentro de las organizaciones. Sin embargo, también defendieron que existen límites claros a la automatización. «La toma de decisiones no se delega», afirmó José Ignacio López, quien recordó que el verdadero valor de las empresas seguirá estando en la calidad de sus datos y en la capacidad de las personas para interpretarlos correctamente.
La conversación giró también en torno al impacto de la IA en el empleo. Enrique Hormigo señaló que, pese a las previsiones iniciales sobre una posible destrucción masiva de puestos de trabajo, la realidad está siendo más compleja. Las empresas están incorporando nuevas herramientas, pero siguen necesitando profesionales capaces de utilizarlas y supervisarlas. «Es como si nos dijeran que dentro de cuatro años vamos a unos Juegos Olímpicos, pero no sabemos en qué deporte vamos a competir», resumió para describir la incertidumbre que viven muchas organizaciones.
Uno de los aspectos que más preocupó a los participantes fue la pérdida progresiva de pensamiento crítico. Pedro Abad explicó que la inteligencia artificial puede resolver tareas que anteriormente servían como aprendizaje para perfiles junior, reduciendo algunas oportunidades de formación práctica. Aun así, advirtió de que los algoritmos tienen limitaciones. «La IA es como una campana de Gauss: te va a dar algo que está bien, pero no brillante. Si quieres algo brillante, no le preguntes».
En este contexto, López alertó sobre el riesgo de generar una «deuda cognitiva», entendida como una dependencia excesiva de la tecnología que lleve a las personas a dejar de analizar, cuestionar o tomar decisiones por sí mismas. A su juicio, la diferencia entre quienes aprovechen con éxito la inteligencia artificial y quienes queden rezagados estará precisamente en su capacidad para mantener el criterio propio.
Los expertos defendieron además que la transformación tecnológica debe comenzar desde la dirección de las compañías. Según Abad, el primer paso consiste en identificar qué procesos pueden automatizarse y cuáles siguen requiriendo intervención humana. «El cambio empieza por nosotros mismos y pasa desde los comités hacia abajo».
Como cierre, Hormigo lanzó una advertencia a empresas y trabajadores que todavía esperan para incorporar estas herramientas. «Quien espere a arrancar, llega tarde». Los participantes coincidieron en que la inteligencia artificial seguirá ganando protagonismo en los próximos años, pero insistieron en que el éxito no dependerá únicamente de la tecnología, sino de la capacidad de las personas para utilizarla sin renunciar a pensar por sí mismas.
