Francia castiga a Palantir, el gigante de la IA con el que trabaja Sánchez
París lanza un plan de 655 millones para reducir la dependencia de EEUU y reforzar su soberanía tecnológica

Sede de Palantir Technologies en Tokio, Japón. | Taidgh Barron (ZP)
La empresa especializada en datos Palantir vuelve a situarse en el centro del debate europeo. El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha anunciado que Francia sustituirá las herramientas de la compañía estadounidense en la DGSI, su agencia de inteligencia interior, porque no quiere que su información más sensible dependa de un proveedor extranjero. El movimiento forma parte del intento de París de recuperar la soberanía sobre sus tecnologías críticas y sitúa a España en el punto de mira, ya que Defensa mantiene activa su relación con esta empresa.
La sustituta será ChapsVision, una compañía francesa especializada en análisis de datos e inteligencia artificial. El movimiento forma parte de un plan de 655 millones de euros hasta 2030 para impulsar herramientas propias, reforzar la capacidad tecnológica del Estado y reducir la dependencia de proveedores extranjeros en áreas críticas. La inversión irá destinada principalmente a infraestructuras, investigación y sectores industriales.
El detonante ha sido el caso Anthropic. Estados Unidos ha restringido el acceso extranjero a algunos modelos avanzados de inteligencia artificial —Fable 5 y Mythos 5— por motivos de seguridad nacional. Francia ha entendido ese gesto como una advertencia: si puede limitar el acceso a una tecnología clave, también puede condicionar otras herramientas estratégicas.
Una salida que no será inmediata
París no ha dicho que la herramienta no funcione. La transición será gradual porque Palantir había renovado su contrato con la DGSI a finales de 2025, por lo que Francia no puede apagar el sistema de un día para otro. El objetivo es sustituirlo sin crear un vacío operativo en una agencia que trabaja con información especialmente sensible.
ChapsVision ha sido la elegida para ocupar ese espacio. Su plataforma ArgonOS promete reunir información de distintas fuentes, ordenar grandes volúmenes de datos y convertirlos en conocimiento útil para tomar decisiones. Su propuesta no se limita a almacenar datos, sino a cruzarlos, detectar patrones y acelerar la lectura de escenarios complejos.
Además, el plan francés incluye nuevas herramientas para el sector público. El Gobierno prevé desplegar asistentes conversacionales para funcionarios y un chatbot sanitario vinculado a Ameli, el seguro médico público. El objetivo es agilizar trámites, responder consultas sencillas y reducir cargas administrativas.
España mantiene su vínculo con Palantir
Mientras Francia inicia el camino para apartar a Palantir, España ya ha incorporado su tecnología al ámbito militar. En 2023, el Ministerio de Defensa adjudicó a Palantir Technologies Spain un contrato de 16,54 millones de euros para una solución de fusión y análisis de inteligencia en el Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas.
La herramienta asociada a este tipo de operaciones es Gotham, la plataforma de Palantir para defensa e inteligencia. Su función es integrar datos dispersos y convertirlos en una lectura común. Para un ejército, eso puede ahorrar tiempo. Para sus críticos, concentra demasiado poder en manos de una empresa privada extranjera.
Europa revisa sus alianzas
Francia no es el único país que se está haciendo preguntas. Alemania también ha buscado alternativas europeas en inteligencia, mientras Reino Unido ha revisado el peso de Palantir en contratos sensibles, especialmente por el uso de datos públicos en su sistema sanitario nacional (NHS, por sus siglas en inglés). Suiza también ha mostrado recelos por la soberanía de los datos y el posible acceso estadounidense a información sensible.
Si Francia considera que depender de Palantir supone un riesgo tecnológico y político, la pregunta es si el Gobierno español ha evaluado esa misma dependencia para sus alianzas con empresas como Airbus.
Qué supone este cambio
Para el ciudadano, la parte más visible puede llegar por los servicios públicos. Para el Estado, la ganancia es más importante; es el control. Francia quiere saber dónde están sus datos, quién los procesa y bajo qué leyes quedan protegidos. En inteligencia, defensa o salud, esa pregunta pesa más que la comodidad de usar una herramienta extranjera ya probada.
Ese es el cambio de fondo. La inteligencia artificial se ha convertido en una infraestructura crítica, como la energía, las telecomunicaciones o la defensa. Francia no quiere llegar tarde a esa batalla.
