Aldama, pura droga sin cortar
«Entre los papeles de Leire Díez se encontró el nombre de Aldama y, al lado, la palabra ‘cocainómano’»

El empresario Víctor de Aldama a su salida de la Audiencia Nacional. | Fernando Sánchez (Europa Press)
Ustedes ya saben que a un servidor le gusta recrear las informaciones que aparecen en los diferentes medios de comunicación o las declaraciones hechas por sus protagonistas. Estamos en un momento en el que la realidad y la ficción se confunden hasta que terminamos por creernos una u otra cuando nos conviene o por falta de conocimiento. Apreciar dónde empieza la piel y dónde termina el tacto, y viceversa. A veces acariciamos el aire escapándose entre nuestros dedos y decimos haberlo atrapado hasta convertirlo en materia.
Aldama estuvo el pasado lunes en el programa Horizonte, de Iker Jiménez. Habló de muchas cosas, todas interesantes. Hasta ahora, el tiempo le ha ido dando la razón en todo lo que ha dicho, hasta convertirlo en el juez más preciso. Habló de la imputación de Zapatero y de que podría estar muy próxima la de Pedro Sánchez. Pero, para un servidor, lo sustancial, donde estaba lo mollar, en definitiva, el artículo, fue que entre los papeles de Leire Díez, escritos con su letra de fontanera —pues parece que escribiera con una llave inglesa, a la que ahora también se la puede llamar llave Nogueras, untada en tinta, y no con un bolígrafo—, se encontró el nombre de Aldama y, al lado, la palabra «cocainómano».
Aldama negó tener esos vicios, pero afirmó tener otras virtudes, como ser un buen anfitrión y preparar una gran fiesta de cumpleaños a alguien con quien en ese momento mantenía un vínculo estrecho, o una amistad interesada, llámenlo como ustedes prefieran. Esa persona era Ábalos, ministro y secretario de Organización. Qué mejor manera de agasajarlo que con las ricas viandas de su restaurante en el paseo de la Castellana. Que es un gourmet y un bon vivant es algo que ha quedado más que demostrado. Que hay que disfrutar de los placeres de la vida es algo que el exministro de Transportes nos ha querido dejar claro y que debemos agradecerle en esta vida en la que se nos olvidan esas prioridades, ocupados en cómo salir adelante en lo laboral y en lo personal, y los placeres quedan relegados a momentos muy concretos y a cuando nos acordamos de ellos. José Luis nos enseñó que tenían que estar en el centro, y que cumplir años y llegar a los 60, como era el caso, no tenía que relegarlos a un segundo plano.
8 de diciembre de 2019. Se celebra la Inmaculada Concepción, una manera original de referirse también a otro de los placeres favoritos de Ábalos: el uso y disfrute, previo pago, del cuerpo de una mujer. Colmado y calmado ese apetito, presidía la mesa de ese restaurante donde se exponían otras carnes y pescados. Como si fuera la celebración del cumpleaños de un niño, invitó a sus amigos del «cole», en su caso del trabajo, con los que mejor se llevaba, cambiando también el Burger King por un restaurante de primera. Que se sepa, acudieron Pedro Sánchez con su mujer, Begoña Gómez; su alumno aventajado, Koldo García; y los ministros Bolaños, Marlaska y María Jesús Montero, además de otros miembros del Gobierno de los que no hay confirmación de su identidad.
Aldama repitió a los comensales que invitaba él y que no se privasen de nada. Se lo tomaron al pie de la letra, según las palabras del anfitrión de ese evento a Iker Jiménez el pasado lunes. Primero Pedro y después José Luis tomaron la palabra y le agradecieron el gesto, que sería recompensado con la particular manera de entender la generosidad por parte de su Gobierno. La pandemia estaba a la vuelta de la esquina y el Gobierno, como es lógico, tenía información privilegiada de que el confinamiento estaba cercano. Esa celebración podía ser la última en un buen tiempo y había que aprovechar la ocasión. La comida estuvo regada por buenos vinos, blancos y tintos. Los ibéricos llenaban las bandejas, aunque fueran los cerdos —con las mujeres— quienes más degustasen esos manjares, en un claro ejemplo de canibalismo animal. La carne y el pescado de los platos principales fue lo que más distanció a un grupo de amigos que disfrutaban del último gran banquete antes de lo más parecido a un apocalipsis zombi, o por lo menos eso era lo que presagiaban las autoridades sanitarias universales con el chivatazo privilegiado que tenían los diferentes gobiernos.
La música sonaba en el restaurante. El DJ, como no podía ser de otra manera, fue Pedro Sánchez. Pasar media vida en festivales indies y tener un hermano compositor tenía que derivar en un gusto musical tan ecléctico como el demostrado a la hora de elegir a sus personas de confianza en el Gobierno. Para muestra, su Consejo de Ministros. El rock fue el género predominante mientras el personal ya estaba en los postres. El sexo, como buen previsor, ya lo había disfrutado el cumpleañero con una mujer que lo cambiaba por dinero. Solo faltaban las sustancias tóxicas para completar la gran frase de la contracultura americana de la década de los setenta: «Sexo, drogas y rock and roll».
Aquí es donde un servidor solo puede decir que, según Aldama, hubo varios comensales que accedieron a las drogas para no estropear la famosa frase. No lo digo yo, lo dice Aldama, que además estaba allí. Para saber quiénes pueden ser, solo tienen que volver a leer la lista de personas que acudieron al cumpleaños, que tienen al principio de este artículo. Un servidor desconoce a quiénes puede referirse. Lo que sí me atrevo a decir es que la cara no solo es el espejo del alma, sino de más cosas.
