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Cultura

Se cumplen cinco años del secreto mejor guardado de la música italiana: Liberato

A día de hoy aún nadie sabe la verdadera identidad detrás de este fenómeno que revolucionó la música italiana

Se cumplen cinco años del secreto mejor guardado de la música italiana: Liberato

Ilustración que representa al artista en redes sociales|LIBERATO

Una periodista del sur de Italia me confiesa que ir a Nápoles siendo de otra parte del país es como sentirse en una isla. Los sonidos, la dinámica de la ciudad, los ritmos eléctricos no pueden equipararse a nada de los que ocurre en otros lugares de Italia. Las particularidades de este enclave al que llaman la Latinoamérica europea son una fuente de cultura y arte inagotable. De aquí salieron algunos de los músicos melódicos más importantes de todo el país transalpino, en uno de sus barrios de periferia nació la escritora Elena Ferrante y napolitano también es el director de cine contemporáneo más importante del momento en Italia: Paolo Sorrentino. También fue el lugar donde Maradona tocó con sus manos el cielo. Es por eso que la actualidad hace honor a una historia brillante, oscura también por una sombra alargada de la mafia, pero donde la contradicción es un ingrediente fundamental de una cultura frizzante (efervescente). Este 9 de mayo se cumplen cinco años desde que la primera canción de Liberato salió a luz, desde entonces esta fecha del quinto mes del año es siempre una cita indiscutible. Detrás de este fenómeno que revolucionó la música italiana y del que aún nadie a día de hoy sabe la verdadera identidad se encuentra un proyecto que merece la pena contar.

Ante la atenta mirada del Etna en el Golfo de Nápoles nadie supo qué pensar al escuchar ese tema llamado Nove Maggio (nueve de mayo) que hablaba en napolitano sin ningún tipo de tapujo. Lo que podía ser una elección que redujese el público fue una seña de identidad con un gran poder, ahora el videoclip tiene 23 millones de visualizaciones y no es el más visitado, algunos llegan casi al doble de visitas. Sin duda en este quinquenio la sociedad ha convertido a Liberato en un fenómeno de identidad napolitana, casi nadie se escapa a una estética que reivindica las raíces con una mirada nueva. Algo similar a lo que hicieron Rosalía y C. Tangana estos últimos años: mirar de frente a las referencias más profundas de la cultura española popular y darles una nueva forma.

Una de las personas que más conoce este fenómeno, o la que más, es el periodista Gianni Valentino, que se define como un storyteller napolitano y que se ha dedicado durante los últimos años a atar cabos de este gran misterio artístico (cosa que, por cierto, le ha hecho ganarse una gran enemistad con todo el círculo creativo de Liberato). Escribió un libro, Io non sono Liberato (Yo no soy Liberato), donde realiza una verdadera investigación sobre la matriz de esta «locura».

Las teorías más disparatadas señalaban que podría haber sido un preso de una de las cárceles más conocidas de Nápoles, que ocultaba su identidad para no exponerse u otras, que era alguien de la industria musical italiana ya con otro proyecto en marcha que se escondía con ese alter ego. Sus investigaciones, en cambio, lo llevan finalmente a una etiqueta francesa y al napolitano Gennaro Nocerino, que viviría fuera de Italia desde hace años y sería la persona detrás de Liberato.

Ilustración vía LIBERATO en Facebook

Hasta que se demuestre lo contrario la única opción que responde a una verdadera pesquisa, aunque el misterio prevalece hasta que este cantante siga saliendo al escenario cubierto por una capucha negra. La investigación de Valentino lo llevó también a Madrid, ciudad que dice estar completamente conectada con el imaginario creativo del grupo napolitano, de hecho la artista gráfica española Rocío Mateos es la diseñadora de todo el marketing del grupo napolitano.

Es por eso que el español, y no solo, también el inglés, se cuelan a veces en el dialecto napolitano que usa Liberato en sus canciones, una lengua que mezcla porque es de la calle y que se deja influenciar por el devenir de los propios hablantes. Eso la une con su público, una generación joven que se deja llevar por anglicismos y palabras latinas y que se reconoce en esa mezcla del lenguaje.

Es el caso de algunas frases del tema Oi Marì, que dicen directamente «yo me muero al vivir sin ti» o usan frecuentemente «corazón», «mentira» o «tus labios». Ocurre también con Tu me faje ascì pazz (me vuelves loco en dialecto napolitano) que usa frases enteras en inglés con «tell me that you love me, that you really want it». Explica Valentino que ese uso libre y descarado del lenguaje tiene sus orígenes también en la canción melódica napolitana, a la que Liberato rinde un homenaje constante, y en referentes como Pino Daniele.

La gente joven es el principal hilo conductor de este proyecto. Liberato les hablaba a ellos cogiendo de la mano la tradición napolitana y poniéndole un sonido a veces electrónico y otras casi de bachata o de baile latino. Raffaelle Guida es un periodista nacido en Nápoles que vive en Roma desde hace varios años y no duda cuando me dice que la música de este grupo consigue transportarlo a su casa, existe una carga identitaria muy poderosa.

«Para la ciudad de Nápoles este fenómeno musical ha sido clave para combatir cualquier barrera y prejuicio que rodea este lugar único en el mundo»

«Para la ciudad de Nápoles este fenómeno musical ha sido clave para combatir cualquier barrera y prejuicio que rodea este lugar único en el mundo», explica. «Y funciona porque es un proyecto tan bien creado que se mete de lleno en el imaginario de la ciudad y en la parte misteriosa y contradictoria que tiene todo el que nace aquí», añade. Para los oriundos de la ciudad de Maradona era sin duda una conversación con su propia persona, con quiénes eran, con cómo hablaban. Para la gente de fuera de Nápoles tiene algo inexplicable que funciona como un imán: el misterio, el dialecto napolitano y una música ecléctica difícil de descifrar donde no hace falta entenderlo todo para notar como el ritmo de la música es poderosísimo.

Para Rosa di Sciuva, estudiante y cómica napolitana, el sentimiento fue también de fascinación. «El éxito es que muestran una Nápoles real, el amor y la tristeza, Liberato no edulcora la realidad, la muestra tal y como es», explica. En sus vídeos, una de sus grande insignias creativas, que llevan la marca del joven director Francesco Lettieri, el atractivo se mezcla con una especie de «conflicto» que las calles de Nápoles desprenden siempre.

«Tienen otro valor importante: han creado un precedente. Hasta ahora nadie en la historia musical contemporánea había llevado la música en dialecto a una dimensión universal. Y hacen honor a su nombre: ha sido una liberación artística para esta ciudad», dice. La identidad de la persona que esté detrás del proyecto no le interesa, piensa que ya otros se inventaron esa fórmula como Daft Punk, lo innovador es su uso de la música, y eso es lo más poderoso del proyecto. Rosa tuvo la oportunidad de participar como figurante al vídeo de uno de sus temas Nunn’a voglio ‘ncuntrà (No quiero verla) y se sintió hechizada al ver de cerca el engranaje perfecto de este proyecto.

El equipo artístico italiano Quiet Ensemble ha trabajado en multitud de ocasiones diseñando la puesta en escena de sus conciertos. Responden para este reportaje con el secretismo que rodea todo lo que ocurre con Liberato, descartan, sin embargo el reto creativo tan contradictorio de crear una iluminación que en vez de desvelar, escondiese. No pueden decir mucho más: forman parte del pacto de silencio con el que uno se compromete a trabajar con el grupo napolitano. Dice Paolo Sorrentino que «la ausencia es presencia. Son los fundamentos del misterio» y puede que verdaderamente en esa cita se encuentre el éxito de Liberato. El día que muestre su cara será un punto de no retorno.

¿Qué ocurrirá ahora que ha llegado un año más su innegable cita con el público? Las fuentes más cercanas desvelan que se trata de una nueva canción donde el vídeo está inspirado en la Nápoles del 700. Estaremos atentos a lo que ellos quieran mostrarnos, hasta donde nos dejen ver y, sobre todo, oír.

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