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Cultura

Juana Aguirre: «La música que se termina haciendo es la que a uno le sale» 

La música argentina aterriza en España para defender su segundo disco: 'anónimo'

Juana Aguirre: «La música que se termina haciendo es la que a uno le sale» 

Juana Aguirre. | Redes Sociales

Juana Aguirre (Buenos Aires, Argentina) pertenece a ese vasto y sempiternamente inexplorado mundo de la excentricidad. Mientras muchos músicos se amodorran cómodos en los paradigmas clásicos, con métricas trilladas y ritmos sencillamente muy sobados, Aguirre juega con las texturas y las formas.  

¿Se han dado ustedes algún viaje de LSD? Les prometo que una de las cosas más flipantes de la lisergia es poder acariciar la música como si fuera un gato. Un michi pelón suave, cual osito de Mimosín invocado por la poderosa sinestesia de los tripis. Con la música de Juana Aguirre pasa que, sin ácidos mediante, uno creería acariciar las notas. Alargar la mano, tumbado en el sobre, escuchándola, y sentir el poder de sus aristas melódicas cabalgadas por una voz de erótica fantasía edípica. Hagan la prueba. Déjense llevar. Sé que achanta. Tranquilos. El arnés de la realidad no se termina de desprender. 

Digo que Aguirre es como un ponche de ácido lisérgico porque su último disco, anónimo (2025), está plagado de agujas sónicas; aullidos distorsionados que encuentran su armonía en unas letras pistonudas.

Quizás, y eso sea una de las debilidades de la música de Juana Aguirre, el poder del verso queda ensombrecido por la aventura melódica (una accesible, ojo, no se piensen que esto es John Cage). Pero son letras requetemolonas que, desde una poética simbolista —a lo Rimbaud por la vida— pasan de largo la infernal estación de la cursilería. De la melindre simplona, fingidamente frágil y diabética. Por cierto, a modo de ver de este cronista, la forma más acusada de fascismo en la actualidad. 

Aprovechando su concierto en Madrid del pasado mayo en la sala Villanos, Juana Aguirre relata a THE OBJECTIVE en una pichicafetería ecofriendly cómo ha sido la recepción de su segundo álbum, después de Claroscuro (2021), y los retos de llevar al directo una propuesta tan íntima. 

PREGUNTA.- ¿Cómo conviven la razón, el ego y la intuición en la música que se materializó durante ese proceso de aislamiento forzoso de tu primer álbum? 

RESPUESTA.- Lancé mi primer sencillo y, casi de inmediato, empezó la pandemia. Lejos de frenarme, decidí tomarme ese tiempo obligatorio en casa como una oportunidad para producir de forma intensiva y terminar de diseñar lo que sería mi primera gira. Respecto a la creación, yo siempre digo que la música que uno termina haciendo es la que a uno le sale, no la que a uno le gustaría hacer; es fundamental asumirlo lo más temprano posible. La música que a uno le gustaría hacer representa el camino del ego y de la razón, el intento de construir un trayecto de forma analítica. En cambio, la música que te sale de las entrañas es un camino mucho más arriesgado, honesto e intuitivo.

P.- Te llevó tiempo asimilar esa falta de control en tu debut. ¿Cómo describirías la atmósfera de tu identidad sonora actual y cómo conviven esos contrastes emocionales y esas diferentes voces en tu segundo álbum?

R.- Hay una tensión constante en mi música. Se presenta algo medio nostálgico y triste por momentos, pero ese ambiente siempre está atravesado, en última instancia, por un rayo de luz que lo transforma. Esos contrastes no son premeditados, aparecen de forma orgánica en el estudio. Esa dinámica ha ido madurando y hoy, especialmente en mi segundo álbum, las canciones empiezan a tomar otras entidades. Me fascina que en una misma composición conviva una tensión latente entre diferentes voces: por momentos una voz más infantil, luego un mundo más erótico, o un universo más sensible y aniñado. 

P.- Un ejemplo de esa convivencia incómoda es la noche. ¿Qué influencias literarias moldearon esa canción?

R.- En la noche hay una voz casi infantil, pero medio diabólica, que, por momentos, resulta bastante incómoda. Esto se debe a que, cuando la compuse, acababa de leer un libro de Rafael Pinedo, un autor argentino que me encanta; un escritor rebelde que vivió al margen de los cánones establecidos. Mi libro favorito suyo es Plop, que considero una auténtica obra maestra. Acababa de cerrar sus páginas y surgió esta canción que representa fielmente su universo crudo y distópico, pero pasado por una perspectiva muy personal y musical.

P.- Titular un álbum anónimo en la era de la sobreexposición parece una provocación. ¿Buscabas desdibujar tu autoría frente a las exigencias promocionales de la industria y conectar con esa filosofía popular? 

R.- Mi intención fue poner la música en primer lugar, que construyera su propio universo y que el oyente se adentrara en él sin prejuicios. Para lograrlo, sentía la obligación de ponerme a mí misma en un segundo plano. Esa idea germinó porque, al empezar a hacer prensa, me di cuenta de que a menudo se generaba demasiada información superficial alrededor de mi persona. Creo que es muchísimo más interesante hablar sobre la música que mi día a día. Y conecta con Atahualpa Yupanqui cuando dice que antes las canciones no tenían un autor conocido; eso hacía que no respondieran al ego de una persona, sino que eran de la gente. Frente a la obsesión actual por catalogarnos en casilleros de identidad, me parece fundamental encontrar espacios donde no tengamos la urgencia de definirnos o hablar de nosotros mismos. 

P.- Has hablado de tus limitaciones técnicas e instrumentales y de tu preferencia por grabar sola en tu casa. ¿Cómo transformaste esa falta de formación académica tradicional en tu mayor fortaleza metodológica?

R.- Estuve en conflicto con eso mucho tiempo; fui a conservatorios, intenté estudiar piano… Pero antes de mi primer disco, algo encajó y entendí que no necesitaba ser una erudita. Para mí, la música parte de un lugar estrictamente intuitivo. La forma en la que produzco y toco es muy errónea; me gusta tocar, apretar botones y no saber mucho. Mi fortaleza radica en saber ser la curadora de eso que va surgiendo del aparente error; percibir qué me gusta y ver cómo dos elementos de mundos opuestos empiezan a convivir. No soy una gran instrumentista; me gusta el lenguaje musical para apropiármelo y ser rebelde. 

P.- Si tuviéramos que trazar un mapa o un tridente de canciones esenciales para alguien que se acerca por primera vez a tu obra, ¿cuál elegirías? 

R.- Creo que los dos extremos de la identidad de mi sonido están perfectamente representados por Lo divino y La noche. Lo Divino se construye sobre una guitarra que es, literalmente, una muestra de la maqueta original; agarré el audio grabado con el móvil y recorté ese fragmento, por eso tiene tanto ruido de fondo y una textura tan sucia. Me interesa mucho ese caos de sonido analógico mezclado, por momentos, con ambientes de producción superlimpios. Por otro lado, La noche representa esa tensión de la que hablábamos en las identidades de las voces y en la lírica. Ambas muestran los polos de mi universo. 

P.- Mantener una carrera estrictamente independiente haciendo música experimental e incómoda suele ser un camino empinado. ¿Te ha supuesto un problema mantener esta postura frente a las expectativas del mercado? 

R.- Mi carrera ha sido y es completamente independiente. Hasta el día de hoy he podido hacer música bajo mis propias reglas y sostener esa autonomía sin rendir cuentas. Lejos de ser un problema, ha sido todo lo contrario: me he llevado sorpresas hermosísimas. Con este segundo disco se ha acercado muchísima gente de la industria, además de músicos y colegas, movidos por una enorme curiosidad. Para mí es una grata sorpresa, porque soy consciente de que hay un componente de clara provocación en la música que hago. Además, la internacionalización me ha permitido tejer redes y descubrir proyectos hermanos en distintas partes del mundo como Lucrecia Dalt, Mabe Fratti o Alex Zhang Hungtai. 

P.- Tocar tu repertorio experimental en grandes festivales comerciales de la industria musical puede parecer una contradicción ideológica para algunos puristas. ¿Cómo vives tú ese choque de contextos y qué significa para ti llevar el espíritu de la periferia a esas plataformas masivas? 

R.- Para mí no es una contradicción, es un triunfo rotundo. Es la conquista de poder meter el underground en esos espacios y participar activamente del diálogo masivo. Ya han pasado cosas en mi carrera que me han dejado flotando de la sorpresa: toqué en el Lollapalooza de Argentina, pasé por el Primavera Sound y voy a volver a estar este año… He empezado a infiltrarme en un montón de contextos que pertenecen puramente a la gran industria con mi música experimental a cuestas. Ver que hay un valor recibido en esos entornos es una sorpresa y una victoria. Aunque este año vaya a tocar en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, mi música y mi forma de hacerla siguen ligadas al underground y al mundo de donde vengo. 

P.- Dicen que el arte es un espejo distorsionado. Cuando te expones de una manera tan cruda y personal, la percepción de los demás te devuelve una imagen que a veces sorprende o incomoda. Mirándote a ti misma a través de los ojos de tu audiencia, ¿qué dirías que es el rasgo más luminoso y cuál el más oscuro o conflictivo que los demás perciben en tu personalidad artística? 

R.- Creo que lo que la gente me señala con cariño es la honestidad. Que perciban eso me genera mucha satisfacción porque es lo que yo intento imprimir en cada nota. Aunque también soy consciente de que la honestidad es un camino difícil y espinoso, porque requiere que uno se exponga públicamente de formas que a veces resultan muy incómodas. ¿Y lo peor o más conflictivo? No sé si me lo ha dicho la gente explícitamente, pero lo admito yo misma: mi obsesión, capricho y necesidad de control absoluto sobre los procesos. Esa tozudez de querer hacer las cosas estrictamente a mi manera. Pero bueno, viéndolo por el lado positivo, entiendo que para eso tengo justamente un proyecto solista: para poder encapricharme, ponerme firme y ser legítimamente un poco tosca. De cara al futuro no sé qué pasará; tengo muchos años en la música, pero mi naturaleza es inquieta y multidisciplinar, así que no descarto que el día de mañana esto mute hacia otro lenguaje expresivo.

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