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Max Verstappen va a dejar el título de campeón de Fórmula 1 sentenciado en Singapur

Red Bull podría ganar ya, pero las estrellas tendrían que alinearse en una concatenación que sería demasiado afortunada para el neerlandés

Max Verstappen va a dejar el título de campeón de Fórmula 1 sentenciado en Singapur

Max Verstappen de Red Bull celebra la victoria después del Gran Premio de Fórmula Uno de Italia en Monza. | Europa Press

Quedan seis carreras en el calendario de la Fórmula 1 y Max Verstappen podría volar de vuelta a casa siendo bicampeón… pero no va a ocurrir. La afirmación puede parecer un exceso, pero en la centrifugadora de posibilidades sale que Max Verstappen no se acostará con su segundo título al acabar la carrera de Singapur, pero casi. Por poder, podría serlo, pero las estrellas tendrían que alinearse en una concatenación demasiado afortunada para el neerlandés. Todo pasa por su victoria, el añadido de una vuelta rápida, que su compañero Checo Pérez quedase del cuarto hacia atrás, y Charles Leclerc octavo o peor.

Si todas estas circunstancias se dieran, sería posible que cayera el casi certificado segundo título del apodado Mad Max. El problema es que la casuística indica que las cosas tienden a estar más peleadas, en especial en la sinuosa pista de Singapur, donde los Ferrari pueden plantar cara. Los títulos, al final, siempre son cosa de dos y el segundo en liza, el monegasco Charles Leclerc, está a un par de pases de quedar apeado. El resto de contendientes cercanos como Checo Pérez, George Russell, Carlos Sainz o Lewis Hamilton están fuera de la ecuación. Si, ganar podrían ganar todos ellos, pero siempre y cuando todos los demás, todos, no acaben ni una sola carrera en lo que queda de mundial y ellos ganen todas las pruebas. 

¿Cómo ha ocurrido esto?

Si nos quedamos en lo mecánico, el análisis de cómo se ha llegado a la actual situación tiene muchas lecturas, sin embargo hay una muy básica: su coche corre más, más que al principio de la temporada. De manera bastante sorprendente, el masivo cambio normativo en lo tocante a la aerodinámica ha dado la vuelta a una tortilla que se ha caracterizado durante años por un comportamiento inverso al actual. Los Ferrari se han caracterizado durante años por rendir mejor y ser muy rápidos en línea recta. Sus velocidades punta, tanto de ellos como las de sus equipos clientes, siempre solían ser de las más altas.

Por su parte, los Red Bull han sido durante mucho tiempo unos coches caracterizados por ser perezosos en recta, en ocasiones, de los más lentos. Sus déficits con el acelerador pisado a tope eran compensados por un paso por curva extraordinario, con una aerodinámica superlativa y que siempre ha creado tendencia. Cualquier invento aplicado por su ingeniero jefe, Adrian Newey, era automáticamente copiado e injertado con mayor o menor éxito en todos aquellos que quieran darles caza donde resultaban más veloces. Con las nuevas regulaciones aerodinámicas, la principal zona de creación de carga aerodinámica pasó a la zona central del coche, y es ahora su panza y el área que rodea al piloto lo que dictamina su eficiencia.

Los RB18 no solo han sido los más eficaces este año, sino que han ido dando pasos hacia delante hasta dejar atrás a unos Ferrari que empezaron de forma arrolladora. Se sabe, en base a mediciones de GPS, simulaciones y software de análisis, que apenas hay una decena de caballos de diferencia entre el mejor y el motor menos dotado. El de los italianos parece ser el más potente, y de ello se ha aprovechado su clientela, con una notable mejora general en los resultados de Alfa Romeo y Haas F1 con respecto a lo visto el año pasado. Lo mismo, pero justo en sentido contrario, ha ocurrido a los equipados con el hasta hoy todopoderoso propulsor Mercedes, con el que toda su prole sufre. El equipo matriz ha perdido un liderato incontestable, y McLaren, que pasa por ser el mejor equipo cliente, viajan quintos tras unos recuperados Alpine que corren con su propio motor. Lo de Aston Martin y Williams se torna dramático porque los que usan el mejor propulsor de la década ahora pelean entre sí para no ser el farolillo rojo. 

El Red Bull

Que a los reyes del aire durante años y referencia para todos en esta materia les haya ido bien con un cambio radical de normativa no ha sido sorpresa. Lo conmocionante ha sido la superioridad que han mostrado tras liquidar problemas de fiabilidad en los inicios de la temporada. Que hayan ganado el 80% de las carreras, doce de dieciséis, con once para Max y una para el mexicano Checo Pérez, solo certifica que este año son inalcanzables. Y lo que es peor: todo indica que lo van a seguir siendo hasta final del año con equipos contendientes entregados ya al desarrollo del coche de 2023.

Muchos observadores creen que Red Bull siempre trabaja con dos diseños; uno con el que abren la temporada, y otro que suele llegar en verano o al menos con una intensa mejora. Muchos se rascaron la cabeza al ver el apabullante avance a toda máquina de Verstappen en Hungría, o la arrolladora velocidad en Spa o Monza, dos pistas donde suelen triunfar los coches muy aligerados en el plano aerodinámico. La cuestión era ‘estos tipos han estado trabajando durante el verano’, algo prohibido expresamente por la normativa. Es más sencillo que todo eso: Newey siempre se guarda cosas para la segunda mitad de la temporada, y todo hace pensar que las ha sacado a pasear.

Otro elemento importante es que han aligerado mucho su coche. Comenzaron la temporada con un exceso de peso y sus técnicos se las han apañado en ir afeitando en zonas de conveniencia ese peso extra. Los kilos de más son cruciales en la Fórmula 1 hasta el punto que los litros de gasolina que se consumen en cada giro, que son kilos de menos en cada vuelta, afectan en sobremanera al comportamiento general. Los F1 tienden a engordar durante el año. Un monoplaza, en base a reparaciones, apaños, parcheo, y añadido de aditamentos, tiende a coger entre tres y cinco kilos por temporada. Pues nadie sabe muy bien cómo, pero según medios alemanes, el RB18 ha hecho una dieta que le ha sacado 20 kilos de encima. Esto se traduce en mejoras que viajan entre las cinco y diez décimas según en qué circuitos. Es una barbaridad, y una de las claves de este avance. 

La gestión… de Ferrari

Con una Mercedes con problemas en su motor y perdidos con su concepto sin pontones laterales, el enemigo a batir no era otro que Ferrari. Y si Red Bull ha acertado en todo, Ferrari no ha tenido esa suerte. Errores en las paradas, en la estrategia, en la elección de neumáticos… Para observadores del calado de Flavio Briatore esto no es de recibo, y no se corta mucho cuando suelta un «es increíble cómo Ferrari se las arregla para pifiarla en cada carrera». Puede que los italianos no estén del todo contentos, pero sí al menos parecen satisfechos. Salen de un agujero muy oscuro en años recientes, y pasar a ganar carreras y pelear el título ya es un triunfo para ellos.

La directiva de la Scuderia es más exigente y empieza a inquietarse. Por eso reclaman resultados contantes y sonantes, un título al menos. Mattia Binotto, director de la formación, pidió un tiempo, y de momento está cumpliendo, al menos según su propio calendario. Este año tampoco va a ser, sin embargo, tiene pinta de que van encarrilados hacia algo y venían de un lugar mucho peor. Desde luego están en mejor en una situación para pensar que en un plazo de uno o dos años sí que puedan estar donde a todos les gustaría… a todos menos a Red Bull. 

Por otra parte, si ya estamos reflexionando en el año venidero, es porque este ya está todo el pescado vendido. Y esta no es una buena señal a seis carreras del final. El tema debería estar más apretado, o eso fue lo que nos prometieron… A ver el año que viene.

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