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Economía

España recibió 3,8 millones de inmigrantes en diez años, pero un millón de españoles se fue

En los últimos diez años se han disparado un 39% los españoles residentes en otros países y un 67% los extranjeros

España recibió 3,8 millones de inmigrantes en diez años, pero un millón de españoles se fue

Varias personas salen de un cayuco en el muelle de La Restinga, en la isla de El Hierro, Islas Canarias. | EP

El salto demográfico que ha dado España en los últimos años esconde una paradoja migratoria. En los últimos diez años, el número de personas nacidas en el extranjero residentes en el país ha aumentado en 3,8 millones (un 67% más), según datos del INE, aunque la cifra oficial podría, en alguna medida, subestimar la cantidad real —ya que BBVA Research contabilizó 4,7 millones de inmigrantes en cuatro años— o sobrerrepresentarla, porque las salidas de foráneos que se trasladan a otras naciones europeas se registran más lentamente que las llegadas. En paralelo, los españoles que viven en otros lugares del mundo han aumentado cerca de 900.000 (un 39% más), en buena parte por la fuga de cerebros, es decir, de jóvenes cualificados que empezaron a emigrar con la crisis económica, fenómeno que no ha llegado a desaparecer.

Los españoles que se trasladan al extranjero siguen siendo más numerosos que los que regresan, como demuestra el hecho de que el número de nacionales españoles residentes en el exterior ha aumentado en 156.000 entre 2025 y 2026. El modelo económico del país parece propiciar tanto la inmigración como la emigración, algo que puede estar relacionado con la cualificación y la calidad del empleo generado mayoritariamente en el mercado laboral, donde los puestos de bajo valor añadido han alcanzado un peso significativo. Alrededor del 76% de los puestos de trabajo generados desde 2019 han sido ocupados por personas nacidas fuera del territorio nacional, según un análisis del Banco de España.

«Ese millón que se ha ido fuera se corresponde con una correlación muy elevada con personas que están altamente cualificadas», explica el economista Javier Santacruz. «Todavía sigue la tendencia que empezó poco antes de la crisis de 2008, cuando España estuvo más de diez años exportando gente que, por ejemplo, se identificaba con carreras de ciencias o del sector sanitario», recuerda el analista financiero, profesor universitario y colaborador de THE OBJECTIVE.

Al iniciarse este éxodo, «por la misma cualificación o incluso con perfiles sobrecualificados, lo que hacían las compañías alemanas era ofrecer salarios mucho más altos y proveerse de mano de obra española, por ejemplo, ingenieros que tenían cierta experiencia», apunta Santacruz. Lo mismo ocurría en otros países como Reino Unido, sobre todo con los profesionales sanitarios, aunque a partir del Brexit se produjo «una brecha» y un gran número de trabajadores optó por regresar a España.

Para el economista, esta tendencia que «siempre ha estado ahí» se ha enquistado en los últimos años y «nunca se ha parado». Este tipo de emigración está ligada fundamentalmente a perfiles cualificados en ámbitos científicos y técnicos, que no sienten que su currículum pueda ser suficientemente valorado en España, de modo que terminan marchándose en busca de mejores oportunidades en el extranjero. «Ese tipo de cualificación todavía se sigue exportando», subraya Santacruz, que añade que uno de los destinos recurrentes para encontrar un futuro profesional más prometedor es Estados Unidos, aunque «la inmensa mayoría» de quienes optan por este camino prefieren instalarse en «otros países europeos».

La fuga de jóvenes no solo se produce entre los nacionales españoles. Un estudio de Funcas identificó otro fenómeno preocupante sobre el modelo migratorio español: mientras que los mayores de 55 años son el colectivo que más ha aumentado en España en los últimos años, los inmigrantes jóvenes en muchos casos no se quedan en el país, lo que supone una pérdida de talento adicional, hasta el punto de que la tasa de retención en este grupo de edad se sitúa en un escasísimo 48%.

Algunos de estos extranjeros, en un estadio temprano de su vida laboral, llegan a España aceptando puestos en la hostelería o la construcción para los que están sobrecualificados a cambio de un salario más alto del que percibirían en su nación de origen, pero deciden regresar al comprobar que los precios de la vivienda o el alto coste de vida no permiten vivir en las condiciones que esperaban o estas no compensan el sacrificio de estar alejados de su entorno, por lo que finalmente vuelven a casa; mientras que otros simplemente ven España como un punto de paso y, tras un breve periodo de tiempo, se redirigen a otros puntos de la Unión Europea que ofrecen empleos mejor retribuidos.

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