La banca de inversión teme un pinchazo de la IA en bolsa por los materiales y su contabilidad
La escasez de tierras raras y las opciones sobre acciones pueden tumbar al sector en los mercados bursátiles

ChatGPT en un teléfono móvil.
La gran banca de inversión internacional anda muy preocupada por un probable pinchazo de la burbuja de la inteligencia artificial (IA) en bolsa, y no solo por las altísimas valoraciones con que cotizan o pretenden saltar al parqué estas empresas. Las razones son de mayor calado: la escasez de tierras raras, imprescindibles para su desarrollo, y la falta de contabilización de las enormes cantidades de opciones sobre acciones concedidas a sus directivos.
Estos temores se comentan de puertas para adentro, si bien no se reflejan en los informes que estas entidades emiten para sus clientes (al menos de momento). Y se suman a los movimientos de retirada de la renta variable de los hedge funds y los grandes inversores institucionales de los que alertó THE OBJECTIVE, provocados básicamente por esas valoraciones excesivas y por el temor a una escalada de los tipos de interés de los bonos a largo plazo.
La cuestión de las tierras raras tiene una enorme enjundia geopolítica. «Para invertir en IA, EEUU necesita tierras raras, y eso es un problema porque las tiene que importar básicamente de China, que exporta, pero consume cada vez más. Y no hay posibilidad de producir mucho más, por lo que el precio sube mucho (y eso no lo tienen en cuenta los analistas cuando evalúan las empresas). Además, también importan Japón, Corea y algo de Europa. Darle más a EEUU implica ahogar a los demás, aunque en todo caso no va a poder porque China consume cada vez más», explica una fuente de un importante banco de inversión internacional.
China produce unas 270.000 toneladas anuales de estas materias primas y consume unas 150.000, con previsiones de alcanzar 200.000 este mismo año. Exporta el 35% de su producción a Japón y otro tanto a EEUU, pero las empresas de IA norteamericanas necesitarían casi duplicar esta cantidad para cumplir sus previsiones de inversión.
Esta fuente explica que «lo que va a pasar es que las compañías de IA no van a poder hacer su capex [inversión], y si no lo hacen, el sistema se desmorona, porque un montón de compañías dependen de esas inversiones. Y si las hacen, tienen que pedir deuda porque no generan caja, y eso está haciendo que los tipos suban y mucho […]. Así que el lío es que las compañías americanas no van a poder invertir lo que dicen o van a hacerlo a costa de deuda cara y de más costes por las tierras raras». Esto, según algunos bancos, podría provocar un pinchazo de la burbuja de la IA más temprano que tarde.
Esto tiene implicaciones geopolíticas muy importantes, ya que uno de los motivos de las intervenciones de Donald Trump en Venezuela o Irán es estrangular a China y obligarle a darle tierras raras por petróleo. Es muy llamativo en este sentido que el CEO de Nvidia acompañara al presidente de EEUU en su reciente viaje al país asiático. Pero China está invirtiendo mucho en energía nuclear y en cinco años prevé necesitar mucho menos petróleo.
Opciones sin contabilizar
En cuanto a las opciones sobre acciones, es bien sabido que es la fórmula favorita de Wall Street para la retribución variable de los directivos de las empresas, puesto que, en teoría, alinea sus intereses con los de los accionistas de las compañías (en España se limitó su uso a raíz del caso de Juan Villalonga).
A este respecto, otra fuente del sector advierte de que, «si se contabilizan las opciones sobre acciones que las empresas de IA no están contabilizando como gasto, se estima que las cotizaciones de empresas como Nvidia o Palantir deberían caer con fuerza». Un movimiento que se puede agravar por el enorme apalancamiento (endeudamiento) con que operan tanto estas compañías como los grandes inversores que tienen sus acciones.
Todos estos temores de la banca de inversión llegan en vísperas de las ofertas públicas de venta (OPV) anunciadas de OpenAI y Anthropic, cuyas valoraciones pretenden superar el billón de dólares en ambos casos. Unas operaciones que ya empiezan a generar dudas por hacerse en máximos de valoración del sector; sumando todo lo anterior, tenemos todos los ingredientes para un eventual pinchazo de la burbuja de la IA.
