Zapatero se atrinchera en su chalé: desde su imputación sólo ha salido para declarar
El expresidente del Gobierno trabaja desde su domicilio, en las Rozas (Madrid), la nulidad de la causa

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. | EFE
José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente del Gobierno, lleva desde el 19 de mayo —día en el que la UDEF se personó en su casa para comunicarle su auto de citación como investigado— sin salir de su vivienda en la zona residencial en Las Rozas (Madrid), según ha podido saber THE OBJECTIVE. Solo ha abandonado su domicilio para asistir a su declaración como imputado ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama.
El hombre que un día habitó el Palacio de la Moncloa permanece ahora recluido, con un largo horizonte judicial que amenaza con dinamitar su legado político. Desde que el pasado 19 de mayo de 2026 la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional rompiera la paz de su refugio madrileño para notificarle un auto de imputación histórico, Zapatero ha tomado una decisión drástica: atrincherarse.
Fuentes de total solvencia confirman a este periódico que el exlíder socialista se encuentra sumido en una reclusión casi monacal en su chalet. Su rutina diaria quedó suspendida en el preciso instante en que el magistrado José Luis Calama, titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, lo situó formalmente como la pieza maestra —el «núcleo decisor y estratégico»— de una presunta organización criminal.
Un mes de encierro y el búnker de Aravaca
El hermetismo que rodea la vivienda del expresidente es absoluto. Quienes conocen de cerca sus movimientos describen un escenario de máxima tensión. El otrora influyente mediador internacional ha limitado sus comunicaciones al mínimo exponente, delegando toda su defensa y su estrategia de comunicación en su letrado, el catedrático Víctor Moreno Catena.
Durante estos 35 días de encierro voluntario, la única excepción a su férrea reclusión se produjo el pasado miércoles 17 de junio. Ese día, y ante una expectación mediática sin precedentes en la historia judicial de nuestra democracia, Zapatero se vio obligado a cruzar el umbral de su domicilio para personarse en la sede de la Audiencia Nacional, donde ciudadanos enfadados por la corrupción le recibieron entre gritos de «¡sinvergüenza!» y «¡chorizo!». Tan pronto como concluyó el interrogatorio de tres horas y se resolvieron las medidas cautelares, Zapatero regresó de inmediato a su búnker residencial, del que no ha vuelto a salir.
Su imputación en el ‘caso Plus Ultra’
La causa penal que mantiene a Zapatero contra las cuerdas orbita alrededor del escandaloso rescate de la aerolínea Plus Ultra, bendecido en 2021 por el Consejo de Ministros con una inyección pública de 53 millones de euros. La tesis del instructor, respaldada por contundentes informes de la UDEF y un minucioso rastro tecnológico, sostiene que el expresidente presuntamente capitaneó una «estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias». El objetivo no era otro que mediar ante altas instancias del Ejecutivo de Pedro Sánchez para garantizar la supervivencia de la compañía, que se encontraba ya en causa legal de disolución e insolvencia mucho antes de la concesión de las ayudas.
La investigación dio un vuelco definitivo gracias a la cooperación de las autoridades de Washington, que facilitaron el volcado de los dispositivos móviles del exdueño venezolano de la aerolínea, Rodolfo Reyes Rojas. En los mensajes intervenidos por los investigadores policiales, los directivos de Plus Ultra aludían de forma explícita a la necesidad de recurrir a la intermediación de Zapatero para desbloquear los expedientes administrativos.
A los cargos iniciales de tráfico de influencias, blanqueo de capitales y organización criminal se añadieron dos nuevos delitos conexos de extraordinaria gravedad: fraude fiscal y contrabando. Esta ampliación penal guarda relación con el asombroso hallazgo efectuado por la UDEF durante el registro de su despacho operativo en la madrileña calle de Ferraz. En una caja fuerte oculta en las dependencias de su jefe de gabinete, los agentes se incautaron de un formidable lote de joyas y relojes de lujo —repletos de diamantes, rubíes y zafiros— cuyo valor se estima en 1,3 millones de euros. Ahora, Zapatero busca la nulidad de la causa y ha solicitado al instructor que aclare cómo consiguió el volcado del teléfono móvil del dueño de Plus Ultra y cómo se autorizó la apertura del disco duro de uno de los abogados investigados.
