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García Vargas, exministro de Defensa: «Trump nos va a regañar en la cumbre de la OTAN»

El exministro socialista de Defensa vaticina que la guerra de Ucrania terminará con un acuerdo diplomático

García Vargas, exministro de Defensa: «Trump nos va a regañar en la cumbre de la OTAN»

Julián García Vargas durante el debate organizado por THE OBJECTIVE. | Carmen Suárez

Julián García Vargas (Madrid, 1945) sigue con suma atención todo lo que afecta a la seguridad y defensa de España. Hace 30 años dejó el cargo de ministro de Defensa, tras cuatro intensos años en los que llevó a cabo importantes reformas en las Fuerzas Armadas y puso en marcha la modernización del sector, pero se nota que fue el cargo en el que más se empapó en su trayectoria pública.

Fiel a una generación de políticos que llevaban a gala la moderación, García Vargas disecciona la situación actual sin las alharacas e invectivas que se ven en el ruedo. Licenciado en Ciencias Económicas, fue inspector de Hacienda antes de ingresar en el PSOE en los albores de la Transición. Fue ministro de Sanidad y Consumo entre 1986 y 1991, y luego sustituyó a Narcís Serra en la delicada cartera de Defensa hasta 1995, cuando dirigió la participación de cascos azules españoles en la pacificación de los Balcanes. Este miércoles participó en el foro Defensa Futura, organizado por THE OBJECTIVE y patrocinado por Indra en la Fundación Ortega-Marañón.

PREGUNTA- Se acerca la cumbre de la OTAN en Ankara el próximo mes. Apenas quedan unas semanas para ese encuentro en el que van a estar Donald Trump, nuestro presidente del Gobierno y todos los mandatarios aliados. Es una cumbre importante, en un momento muy delicado de las relaciones transatlánticas. Así que la pregunta inicial con la que querría empezar el debate es cómo ve la OTAN en estos momentos. ¿Cree que tiene todavía sentido y finalidad con unos objetivos comunes? 

RESPUESTA- La OTAN, aparentemente, está en crisis, pero sigue teniendo un sentido enorme en la defensa de Europa y en la defensa del mundo occidental. La cumbre de Ankara no la va a poner en cuestión, hombre. Obviamente, Trump nos va a regañar un poco.

P.- ¿Lo da ya por descontado? 

R.- Por descontado que nos va a regañar un poco porque, evidentemente, no hacemos el esfuerzo suficiente. Como ha puesto de relieve Rubén García Servert, iba a anunciar una reducción parcial de tropas convencionales de la que viene hablando desde hace meses, pero lo va a consolidar. De los aproximadamente 100.000 efectivos que han bajado a 80.000, todavía puede anunciar una reducción de otros 20.000, pero no creo que mucho más. Pero también le va a dar más peso al extremo oriental de la OTAN, destacando el papel esencial de Turquía dada su posición: cuenta con buenas relaciones con Rusia y es el único país con cierta proyección sobre Oriente Próximo. Cabe destacar que, en su política de hacerse amigos, Israel le ha amenazado con que no se involucre en el conflicto palestino, porque puede tener consecuencias. Pero eso es típico de Netanyahu, siempre buscar amigos. Además, Turquía tiene una política industrial francamente brillante, como ha demostrado vendiendo el avión de entrenamiento al Ejército del Aire español. Así pues, la cumbre de la OTAN de Ankara no va a cambiar mucho las cosas, salvo para marcar una cierta reducción en la presencia estadounidense en el Viejo Continente. Dentro de lo que ya sabemos, porque la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos ya anunció que los europeos tenemos que hacernos cargo de nuestra defensa convencional. 

P.- La pregunta pertinente es si Europa está preparada para sustituir a la OTAN y suplir esta carencia que vamos a tener. 

R.- Yo no tengo la capacidad de entusiasmo del general García Servert, así que creo que todavía no tenemos esa capacidad, porque no tenemos ni la voluntad ni la conciencia de seguridad que nuestros aliados al otro lado del Atlántico. Y aquí hemos vivido muy bien, destacando que los estadounidenses nos llaman a defender siempre y no tenemos una cultura de seguridad comparable a la suya o la rusa.

P.- Se ha visto ahora con el caza europeo (FCAS).

R.- A mí me sorprende porque parece demostrar que Dassault está por encima de su Estado. Eso es imposible de aceptar. Los Estados están por encima de las empresas. Ha demostrado que está por encima de Macron, que va por la vida dando lecciones a todo el mundo, y nos ha puesto en una situación imposible porque la única solución que hay es atraer al grupo que lidera Airbus a Gripen o integrarnos en el proyecto de Japón, British Aerospace y los italianos, que es un proyecto que tiene mucho sentido, pero en el cual Airbus no tendría mucho papel porque está muy avanzado. 

P.- ¿Qué tendría que hacer España después de este fiasco con el caza europeo de última generación?

R.- Pues no nos queda más remedio que ir con Alemania y buscar el apoyo del Gripen sueco. 

P.- ¿Por qué?, ¿porque la alternativa es peor? 

R.- Porque no tenemos alternativa. Además, tenemos las capacidades para hacer un buen avión. Suecia, un país ejemplar en ese sentido y dirigido por la socialdemocracia durante decenios, ha tenido una conciencia de defensa muy grande, precisamente porque está al lado de Rusia. Y porque cierra el mar Báltico. 

P.- Y Alemania en vez de Francia. ¿Por qué?, ¿por qué es mejor ir con ellos? 

R.- Porque con los franceses siempre hacen el sol. Es imposible ir en este momento de imposibilidad. Generalmente, es imposible ir con los franceses porque siempre quieren imponer su tecnología y su posición, siendo un país muy próximo, con lo cual nos entrenaron muy bien en el terreno de la industria de defensa. No es un país fácil. No es un país que dé muchas oportunidades de colaboración. 

P.- Ya nos pasó con los submarinos, que también fue difícil desenganchar. 

R.- Esos casos. 

P.- Fue complicado. ¿Qué tenemos que hacer para crear una estructura, una capacidad distinta de la OTAN?

R.- Bueno, un presidente del estilo de la OTAN es imposible porque la OTAN, aparte de darnos la cobertura nuclear, como ha destacado muy bien el general García Servert, nos da también una estructura de mandos de la que carecemos y nos da también una cultura de seguridad y democracia que aunque nosotros no hemos cultivado demasiado es esencial. Nosotros, en Europa, no hemos tenido ninguna tentación de participación de los militares en política hace mucho tiempo. En ese sentido, la OTAN nos ha protegido de nosotros mismos. No tenemos un conflicto fronterizo en Europa desde hace muchos años, pero la Organización nos enseña y da procedimientos, capacidad de cooperación entre ejércitos de muy distintos países. Nos da capacidad logística, nos enseña cómo funcionar fuera de la OTAN aunque no tengamos esas capacidades.

P.- ¿Y cómo podríamos sustituir esas capacidades?

R.- Pues normalmente nos tomaríamos en serio el pilar europeo, creciendo hasta plantearse que el sur no fuera norteamericano, sino europeo. Pero eso choca con un principio de los estadounidenses: que ninguna tropa americana opere bajo el mando de un europeo. Lo que habría que hacer es que, si en Europa somos absolutamente intratables entre nosotros, nos entendemos muy mal, entonces la regla de un año de unanimidad es una regla que hace imposible trabajar en cualquier campo, pero más en el campo militar.

Nosotros teníamos una experiencia que no se ha aprovechado. Tenemos que se ha trabajado magníficamente en Yugoslavia con un cuartel general, con un Estado Mayor, con 12 países que pudieran ampliarse a dos más, que serían Suecia y Polonia, y dejar a los demás que hicieran lo que quisieran, porque esa cooperación reforzada y psicológica podríamos aplicarla a la UEO actual, de la cual se está hablando con un principio elemental. El que quiera estar, que esté, y el que no, que se quede fuera, que no estorbe. Y tenemos un confort igual. En el campo naval, con un Estado Mayor propio, Europa ha sido eficaz en la lucha contra la piratería en el Índico y tenemos un cuerpo que ha trabajado con misiones, dependiendo de la UE, de la OTAN y de Naciones Unidas. Y sin embargo, esas experiencias no las hemos aprovechado por la regla de unanimidad.

A alguien se le ocurrió que los Tratados de Lisboa que creaban la Europa de la Defensa a 27 no podían funcionar sin los Veintisiete. Hay que romper la regla de unanimidad modificando los tratados: el artículo 42 es un obstáculo para trabajar en cualquier campo y se tiene que trabajar como se hizo con el euro. En ese aspecto, tenemos una experiencia que hemos tirado por la borda. Y nos hemos olvidado de que tenemos un comité militar y un Estado Mayor formado por los jefes de Estado Mayor de todos los países. Eso no funciona. Hay que ir a Estados Mayores más pequeños, capaces de generar fuerza y trabajar sobre unidades predeterminadas capaces de operar en cualquier momento. Tenemos experiencia en ese sentido, pero no sabemos aprovecharla y con la regla de unanimidad no la aprovecharemos jamás. 

P.- Vamos a aterrizar aquí, en España. Estamos con unos presupuestos récord. Aunque no tengamos presupuesto porque están prorrogados. Pero ¿dónde se quedaría: en el 2%, en el 5% como pide Trump? 

R.- ¿Dónde está el capricho de Trump? Con el 2% tampoco podemos llegar a las capacidades requeridas en los nuevos escenarios que el general ha descrito muy bien. Luego, en virtud de las necesidades, en virtud de los objetivos operativos que marque la OTAN, tendremos que ir aumentando ese porcentaje. Y eso plantea el problema del bienestar. 

P.- Si fuese ministro de Defensa ahora, ¿dónde invertiría esos miles de millones de euros? 

R.- Donde se pueda para mejorar la calidad y situación de la tropa; para atraer a los mejores, dándoles oportunidades profesionales, formándolos y no teniéndolos como hasta ahora en una situación de inseguridad, con retribuciones ridículas. 

P.- Con lo cual, no solo bastan los grandes programas armamentísticos, sino que hay que tener a la tropa y marinería bien. 

R.- Estoy hablando de algo que habrá que plantearse tarde o temprano: un servicio militar nuevo. ¿Cómo generamos una reserva capaz de actuar en situaciones de crisis, como están haciendo todos los países? Probablemente con un servicio militar más corto, pero dando a los jóvenes una conciencia de defensa, enseñándoles cómo funcionan los ejércitos nuevos, qué capacidades profesionales les ofrece… Y a partir de ahí, plantearnos ya unos ejércitos más basados en una conciencia ciudadana generalizada basada en una reserva, como hacen los suecos, por ejemplo.

P.- Yo creo que bastaría con tener un poco de presupuesto para que los jóvenes fuesen a una mili corta, quizá de cuatro, cinco o seis meses, cotizando y que sirviese para la vida laboral de uno. 

R.- Pero diga eso aquí fuera. 

P.- Yo soy de los que no fue a la mili, alargando los estudios, y ahora me arrepiento. Si tuviera algún incentivo, yo ahora me podría plantear…

R.- Yo me conformaría con un mes de servicio obligatorio para conocer lo que son las Fuerzas Armadas, que se diera una introducción a tácticas de combate y, a partir de ahí, con cuatro o cinco meses como mérito, poder acceder al campo profesional mucho mejor pagado. 

P.- Pues, Julián, no sé si me he dejado algo en el tintero. 

R.- Me gustaría añadir alguna cosa sobre la OTAN: no solamente nos aporta el paraguas nuclear y nos defiende. También nos ofrece una capacidad de mando de la que carecemos ahora y que solo tienen nuestros aliados al otro lado del Atlántico, así que tendremos que contar con ellos durante mucho tiempo. Sabiendo eso, hay que ir mejorando las capacidades europeas con un reforzamiento del pilar europeo de la OTAN. Por cierto, la UE se decantó por el pilar europeo de la OTAN y la Unión Europea Occidental no ha desaparecido. Podríamos recuperarla y reconstruir el pilar europeo, aprovechando todas las experiencias de la OTAN para dejar tranquilos a los estadounidenses y quitarles responsabilidades. 

P.- ¿Se atreve a hacer un vaticinio de la guerra de Ucrania? ¿Va a ser una guerra durmiente, congelada o esto se va a acelerar? 

R.- Tenemos un problema. Los dos presidentes de las grandes potencias [Donald Trump y Vladímir Putin] están en la misma situación: están envueltos en guerras [Irán y Ucrania, respectivamente] que quieren terminar y no saben cómo hacerlo. La de Irán es una guerra muy impopular en EEUU. En el caso de Rusia parece algo más popular, pero cada vez menos por el coste de bajas y el coste económico. 

P.- Dentro de Rusia. 

R.- En Rusia la inflación está disparada y el presupuesto de defensa se lleva el 20% del total de recursos del Estado. Eso no puede durar mucho tiempo; empieza a haber dudas de si merece la pena seguir la guerra de Ucrania o conformarse con un acuerdo que garantice Crimea y parte del Donbás. Yo creo que terminará con un acuerdo, como todas las guerras, con una solución diplomática. ¿Cuándo? No lo sé, pero evidentemente Rusia no puede seguir así mucho más, porque se ha llevado una sorpresa con Europa: pensaba que no podríamos mantenernos unidos en nuestro apoyo a Ucrania y, sin embargo, lo hemos hecho a pesar de sus amenazas nucleares. Y es que cuando trabajamos juntos, somos capaces de resistir incluso un imperio como Rusia. Pero Rusia va a seguir estando ahí, con la misma disyuntiva de siempre: ¿pertenece a Europa, pertenece a Asia? Durante mucho tiempo, en el siglo XIX fue el gendarme de Europa y, por lo tanto, vamos a tener que convivir con ellos y tener que encontrar un modus vivendi.

P.- ¿Cuándo podemos iniciar ese trabajo del modus vivendi?

R.- Pues no está claro, pero probablemente no está lejos y tenemos que estar preparados para enfocarlo sin la regla de la unanimidad, porque en ese caso no llegaremos a un acuerdo con ella ni con nadie. 

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