La inauguración de los Gay Games en Valencia aleja a PP y Vox en su frente contra la izquierda
La cita deportiva que arranca hoy evidencia las diferencias en la derecha política sobre la gestión de la agenda identitaria

Inauguración de los Gay Games celebrados en París en agosto de 2018. | Sadak Souici / Le Pictorium / Zuma Press
La inauguración de los Gay Games este sábado en Valencia no solo abre una competición internacional con más de una semana de deporte, cultura y actividades paralelas. También dejará una fotografía política difícil de imaginar cuando la ciudad logró la sede en 2021 bajo el anterior Gobierno de izquierdas. El evento, que se celebrará desde este sábado al 4 de julio, llega con el PP convertido en principal soporte institucional, con Vox al margen de la cita y con la izquierda municipal ausente de la ceremonia inaugural.
La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, sí acudirá al acto de apertura, previsto en el Estadio Ciudad de Valencia a partir de las 19.30. La ceremonia contará con el desfile de delegaciones internacionales, el encendido de la llama oficial y actuaciones de Mónica Naranjo, Soraya Arnelas, Fruela, Suri DJ y Choriza May, encargada de conducir la gala. La organización maneja cifras de más de 10.000 inscritos, participantes de más de 80 nacionalidades, cientos de voluntarios y una programación deportiva con cerca de 40 disciplinas distribuidas por distintas sedes de la ciudad.
El contraste político es evidente. Catalá estará en la inauguración, pero no lo harán los representantes de Vox, socio de Gobierno del PP en el Ayuntamiento. Tampoco acudirá la oposición municipal de izquierdas. Ni Compromís ni el PSOE valenciano participarán en la apertura. La ausencia más llamativa será la de Pilar Bernabé, actual delegada del Gobierno y concejal de Deportes cuando Valencia consiguió la sede de los Juegos. La dirigente socialista, una de las caras políticas de aquella candidatura, tampoco asistirá al considerar que el actual Gobierno municipal ha desnaturalizado el proyecto.
Catalá llama a la unidad
La alcaldesa intentó este jueves rebajar la tensión política y reivindicar el carácter institucional del evento. Catalá defendió su presencia en la inauguración y apeló a una imagen de ciudad abierta y cohesionada. «Me gustaría que la imagen fuera la de una Valencia que sabe unirse», afirmó, en un mensaje dirigido tanto a los grupos políticos como a los colectivos que han decidido desmarcarse de los juegos.
El PP sostiene que, una vez adquirido el compromiso internacional por parte de la ciudad, el deber del gobierno municipal es garantizar que el acontecimiento salga adelante. Desde esa perspectiva, los Gay Games ya no son solo un proyecto impulsado por el anterior ejecutivo de Compromís y PSOE valenciano, sino una cita que afecta a la proyección exterior de Valencia, a su capacidad organizativa y a su estrategia de grandes eventos.
Esa posición explica la evolución del PP. En los primeros meses del mandato, la izquierda reprochó a Catalá una supuesta frialdad con los juegos, especialmente después de que ningún representante político acudiera a Guadalajara para recoger el testigo de la anterior edición. Sin embargo, el Gobierno municipal ha terminado asumiendo la organización y reforzando la programación cultural paralela, con exposiciones, actividades, festivales y propuestas vinculadas al evento.
Vox mantiene su rechazo
La posición de Vox, en cambio, ha sido mucho más lineal. La formación no ha cambiado sustancialmente de criterio desde el principio con su total rechazo a este evento. También en noviembre de 2023, cuando votó en contra de solicitar la declaración de los Gay Games como Acontecimiento de Interés Público Excepcional. Aquella votación ya mostró la división dentro del Gobierno municipal: a los votos del PP se sumaron los del PSOE y Compromís, mientras los cuatro concejales de Vox se opusieron.
El entonces portavoz municipal de Vox, Juan Manuel Badenas, justificó su rechazo con argumentos económicos, deportivos e ideológicos. Sostuvo que las ediciones celebradas en Guadalajara y Hong Kong apenas habían tenido repercusión. «¿Saben por qué no ha salido en ninguna parte? No tiene verdaderamente repercusión», precisó. También defendió que «quienes verdaderamente se enriquecen con este tipo de actividades no son los ciudadanos de las ciudades», sino quienes participan en la organización. Su frase más rotunda fue otra: «Con la tendencia sexual de las personas no se debe hacer negocio».
Badenas insistió entonces en que Valencia debía aspirar a atraer «verdaderos juegos deportivos» con «verdadero interés económico y deportivo». La posición de Vox volvió a quedar clara en febrero de 2025. Badenas reiteró públicamente que Vox Valencia se desvinculaba «de cualquier acto que se apoye desde el Ayuntamiento de Valencia a favor del lobby LGTBI». Y añadió sobre los Gay Games que su «opinión [seguía] siendo la misma: no es necesario poner etiquetas, ya existen competiciones deportivas para todos».
Dos formas de estar en el Gobierno
Ahí reside la diferencia de fondo entre PP y Vox. Para los populares, la institución debe representar a toda la ciudad y cumplir los compromisos adquiridos, incluso cuando proceden de un Gobierno anterior y aunque el evento tenga una carga simbólica que no forma parte de su agenda política. Para Vox, por el contrario, la neutralidad institucional consiste precisamente en no avalar actos que considera asociados a una agenda ideológica concreta.
La inauguración de este sábado aleja así a los dos socios en uno de los terrenos donde más claramente se distinguen sus prioridades. El PP se mueve en la lógica de la gestión y de la imagen institucional de Valencia. Vox mantiene la lógica de la batalla cultural y prefiere no aparecer en una cita que considera innecesariamente identitaria.
La paradoja es que esa discrepancia se produce en un evento alentado por la izquierda cuando gobernaba. Los Gay Games fueron presentados entonces como un hito para una Valencia diversa, inclusiva y abierta al mundo. Cinco años después, quienes trajeron la cita a la ciudad no estarán en la inauguración, mientras el PP ejerce de anfitrión institucional y Vox mantiene su rechazo.
Los colectivos también se descuelgan
La situación se ha complicado todavía más por el enfrentamiento entre el actual gobierno municipal y una parte relevante del movimiento LGTBI. Colectivos como Lambda, Samarucs o Dracs han denunciado que el evento ha quedado «vacío de valores» y «secuestrado por las derechas». También han criticado los cambios en el comité organizador y las reformas impulsadas por PP y Vox en materia de legislación trans.
Compromís y el PSOE valenciano han hecho suyo ese discurso y han acusado al gobierno de Catalá de utilizar los Gay Games como una operación de imagen. La izquierda sostiene que el Ayuntamiento ha convertido una cita con vocación reivindicativa en un producto turístico y promocional. Por eso, pese a haber impulsado la candidatura, ha decidido desvincularse por completo.
El resultado es una fotografía política casi imposible: el PP defiende institucionalmente un evento heredado de la izquierda; Vox se mantiene fuera por coherencia con su posición inicial; la izquierda que lo impulsó se ausenta en solidaridad con los colectivos críticos; y parte del movimiento LGTBI llama al boicot de los juegos que en su día ayudó a traer a Valencia.
Una cita deportiva con lectura política
Los Gay Games reunirán durante ocho días competiciones de natación, atletismo, fútbol, tenis, voleibol, baloncesto, rugby, pádel, vela, golf, triatlón, petanca, deportes acuáticos y modalidades autóctonas como la pilota valenciana y el colpbol. La organización defiende que se trata de un evento abierto a todos, basado en la inclusión, la participación y la superación personal.
Sin embargo, en Valencia la competición llega inevitablemente atravesada por la política. No tanto por el contenido deportivo como por lo que revela sobre los distintos modos de entender el Gobierno. La inauguración de este sábado no amenaza la estabilidad del Gobierno municipal, pero sí marca una distancia visible entre sus socios. En su frente común contra la izquierda, PP y Vox suelen coincidir en diagnósticos, prioridades y objetivos. Los Gay Games, en cambio, muestran que no siempre comparten la misma respuesta cuando la gestión institucional se cruza con la batalla cultural y los símbolos.
