
Cristo era una lesbiana con barba
Decía Gloria Fuertes en uno de mis poemas favoritos que por la tarde le crecía la barba de tristeza. “La gente no nota nada. / ¡Qué alegre es Gloria!- dicen al paso. / Sólo mi espejo sabe que tengo / pena de Cristo / barba de Cristo resucitado”. Yo de pequeña iba a una escuela de educación infantil que se llamaba Gloria Fuertes y pensaba que era una santa, viendo ahí su foto por todos lados, como una hembra cándida e imposible. Después, cuando llegué a Maristas en primaria, me encontré con otra mirada que salía de las paredes: la de Marcelino Champagnat, que aún era beato. Un día, la profesora de Francés nos contó que Marcelino en realidad era feo, pero que lo habían pintado atractivo porque sino dime tú a mí qué hacemos con todas las agendas, las sudaderas y los pósters impresos con la cara de un tío horripilante. Se nos habrían quitado las ganas de hacer el bien.






























