Aldo Comas, sobre su última polémica: «Me sorprende que haya sido 'trending topic' por decir 'Viva España'»
El polifacético artista repasa su vida en una entrevista con ‘Semana’ donde habla de su casa y el amor con su mujer

Aldo Comas y Macarena Gómez | Gtres
Aldo Comas, pintor, músico, empresario y paracaidista profesional, ha encontrado en el lienzo el lugar donde todos sus mundos convergen. Con motivo de su última exposición, Conexión – Desconexión, SEMANA ha hablado con él sobre sus orígenes, sus contradicciones y la vida que ha elegido construir junto a la actriz Macarena Gómez en un molino del siglo XVI perdido entre bosques.
Un legado heredado de su abuela
La semilla del arte la plantó, sin saberlo, una mujer que nunca se atrevió a exponerlo públicamente. La abuela de Aldo Comas fue el pilar fundamental de su infancia, el referente afectivo en una familia donde los padres —muy jóvenes— vivían volcados hacia fuera: el trabajo, los viajes, la vida social. Mientras ellos estaban más ausentes que presentes, fue la abuela quien lo cuidó, quien lo acompañó y quien, sin pretenderlo, le transmitió una pasión que él sí se ha atrevido a llevar hasta las galerías.
«Ella no se atrevió a exponer. Ha sido una manera de honrarla», explica el artista, que recuerda cómo de pequeño ya dibujaba y pintaba con frecuencia. Sin embargo, el camino hasta convertir esa afición en una dedicación seria estuvo lleno de desvíos. El cine, el paracaidismo y el mundo empresarial ocuparon años de su vida antes de que la pintura volviera a reclamarlo.

La pandemia como punto de inflexión
Fue la crisis del covid-19 la que, paradójicamente, lo devolvió a los pinceles. Antes de la pandemia, Aldo había puesto en marcha un negocio relacionado con el mundo del paracaidismo: un túnel del viento. El confinamiento y las restricciones que vinieron después obligaron al cierre de la instalación, y con ello llegó la ruina económica. Fue entonces cuando tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: dedicarse por completo a la pintura.
Su estilo, que los entendidos encuadran dentro del neoexpresionismo figurativo, bebe de fuentes muy personales. La belleza, la infancia y la búsqueda de luminosidad en los espacios más sombríos son los motores de su obra. Últimamente, sus lienzos se han llenado de selvas, bosques, flores y vegetación exuberante: una metáfora de esa jungla interior que, según él, todos llevamos dentro. «Al final, somos todos muy naturaleza», reflexiona.

Vivir en un molino del siglo XVI con alpacas y lamas
La conexión con la naturaleza no es solo estética ni filosófica: es literal. Aldo Comas vive con su familia en un antiguo molino del siglo XVI enclavado en el Alto Alpurdán, una construcción histórica que en otro tiempo sirvió para elaborar el pan del pueblo y que hoy es su hogar y su taller. En torno a la finca conviven alpacas, caballos, lamas, un cerdo, un loro y burros: un pequeño ecosistema doméstico que Comas describe con evidente orgullo.«No volvería a una ciudad», sentencia.
Este entorno privilegiado es también el escenario en el que está creciendo su hijo. Y es precisamente ahí donde el artista encuentra uno de sus mayores motivos de satisfacción personal: poder ofrecerle a su hijo la infancia que él mismo no tuvo. Rodeado de animales, con libertad para explorar el campo y absorber el ambiente creativo de dos padres artistas. «Somos bastante artistas, tanto Macarena como yo. Yo creo que él estará absorbiendo eso; luego, lo que él decide hacer o ser es cosa suya», señala, dejando claro que no tiene intención de empujar al niño en ninguna dirección concreta.
Diez mil saltos en paracaídas y cuadros en cuatro continentes
La faceta artística de Aldo Comas convive con una actividad que desafía cualquier clasificación convencional del perfil de un pintor: el paracaidismo. Con casi diez mil saltos a sus espaldas, organiza eventos y se mueve con soltura en ese mundo como si se tratara de otro estudio abierto al cielo. Es, según él mismo admite, el único deporte que practica con verdadera maestría.
Su obra pictórica, mientras tanto, ha cruzado fronteras de manera orgánica. Cuadros suyos cuelgan en ciudades como Nueva York, Dubái, Abu Dabi, República Dominicana, Londres, Texas y Francia. Gran parte de estas ventas las ha gestionado él mismo a través de Instagram, sin depender de galerías ni intermediarios, aunque reconoce que el mundo del arte tiene su propia inestabilidad: cuando los tiempos son convulsos, la gente compra menos arte.
«Viva España» y un trending topic inesperado
Aldo Comas también ha dado de qué hablar recientemente fuera de los círculos artísticos. Unas declaraciones suyas durante la gala de los Premios Goya se convirtieron en tendencia en redes sociales de una manera que él mismo no anticipó. El hecho de que pronunciar «Viva España» generase semejante revuelo le resultó llamativo, aunque se mantuvo firme en su postura. «Me alegro porque la gente ha visto que hay opiniones distintas y no pasa nada por decirlas», afirmó, ratificándose en cada una de sus palabras.
El verdadero Aldo: TDAH, hipersensibilidad y muchas contradicciones
Detrás de la imagen pública de un personaje irreverente y llamativo, Aldo Comas describe una realidad interna mucho más compleja y vulnerable. «El verdadero Aldo Comas es un tío con TDAH supersensible, un chico que llora mucho», confiesa. Apasionado hasta el extremo, dice enamorarse fácilmente de las cosas, del mundo y de las personas que lo rodean. La dificultad, reconoce, está en reconciliar esa hipersensibilidad con su tendencia natural a la provocación: dos fuerzas que parecen opuestas y que sin embargo conviven en él.
Con el tiempo y la madurez, está aprendiendo a que el ángel y el demonio que cohabitan en su carácter no se destruyan mutuamente, sino que logren cierto equilibrio. Una tensión interna que, en cierto modo, también puede leerse en el título de su última exposición: Conexión – Desconexión.
17 años junto a Macarena Gómez: la admiración como pilar del amor
Uno de los aspectos que más llama la atención de la vida de Aldo Comas es la solidez de su relación con la actriz Macarena Gómez, con quien lleva 17 años construyendo una vida en común. Cuando se le pregunta por la clave de esa estabilidad en un entorno —el del mundo del espectáculo— poco propicio para la permanencia, su respuesta es clara y directa: la admiración mutua.
«Nos admiramos y estamos orgullosos de lo que hace el otro», asegura. Pero añade algo más: la conciencia de que en toda relación larga hay momentos difíciles, y que la clave está en no perder de vista el horizonte. Él lo visualiza así: llegar a los 95 o 100 años tomados de la mano, y morir juntos. Cuando ese es el plan final, todo lo que ocurra en el camino —las discusiones, las crisis, las etapas complicadas— queda relativizado.
También habla de su paso por el programa de televisión Hasta el Fin del Mundo como una de las experiencias más impactantes de su vida. Llegó escéptico y distante, y se fue siendo, según sus propias palabras, una de las personas más felices del mundo. Una experiencia que, como la pintura, como el campo y como la paternidad, parece haber abierto en él una nueva forma de mirar.
