El rincón secreto de Marina, hija de Ana Belén y Víctor Manuel, está en Menorca: «Es mi casa»
La pareja de cantantes posee una bonita casa en la isla de la que suelen disfrutar junto a sus hijos y sus nietos

Marina San José, en una imagen de archivo. | Gtres
Marina, la hija de Ana Belén y Víctor Manuel, es una enamorada de Menorca. La actriz se escapa, siempre que puede, hasta la isla para estar junto a sus padres, quienes también pasan largas temporadas allí. Así lo confirmó en una entrevista con Vanitatis en la que afirmo que su destino en el mundo es Menorca porque es «mi casa». Y es que Marina es una enamorada de la infinidad de posibilidades que te ofrece la isla; tanto a nivel gastronómico, como en su naturaleza y sus espectaculares playas y calas.
Como decíamos, San José ha heredado no solo el talento artístico de sus padres, sino también un vínculo emocional inquebrantable con la isla de Menorca. Para ella, la isla no es un simple destino de vacaciones, sino su verdadero «lugar en el mundo». La relación de Marina con Menorca viene de cuna. Sus padres descubrieron la isla hace décadas y establecieron allí su refugio de verano. Marina ha crecido recorriendo las calas del norte y del sur. Para ella, el olor a pino y salitre de la isla es el olor de su infancia. Mientras que la vida en Madrid es frenética debido a su carrera en el teatro y la televisión, Menorca representa la pausa necesaria. Es donde «vuelve a ser ella misma» lejos de los focos.
Menorca, el rincón secreto de Marina San José

Marina es una auténtica foodie y disfruta enormemente de los productos de la tierra. Es habitual verla disfrutando de las fiestas patronales —como las de San Juan en Ciutadella— con una pomada en mano —gin de Menorca con limonada—. Le encanta visitar el mercado de pescado de Mahón y cocinar productos frescos en casa. Ha confesado en varias ocasiones que uno de sus placeres es una buena caldereta de langosta o el queso de Mahón. A diferencia de otros famosos que buscan el lujo de los barcos, Marina vive la isla de forma muy activa. Es una gran aficionada a recorrer tramos del Camí de Cavalls, el sendero histórico que rodea toda la isla.
Su pasión la lleva a caminar bajo el sol para llegar a rincones menos accesibles. Prefiere la tranquilidad de una cala vacía tras una caminata que la comodidad de una playa con hamacas. Aunque es muy discreta con su vida privada, cuando llega el verano, sus redes sociales se inundan de la luz de Menorca. Es más, si echamos un vistazo a su perfil de Instagram, nos damos cuenta que tiene un ojo artístico muy desarrollado y suele compartir instantáneas de las fachadas blancas de Binibeca o los atardeceres en los faros —especialmente el de Cavalleria o Punta Nati—. Sin buscarlo, se ha convertido en una de las mejores embajadores de la isla, transmitiendo siempre un turismo de respeto, silencio y protección del entorno natural.
Sus padres compraron allí una casa donde coinciden con Serrat

Como decíamos, su pasión por Menorca es heredada. Ana y Víctor llegaron a Menorca en una época en la que la isla aún conservaba una virginidad turística que Mallorca e Ibiza ya habían perdido. Buscaban un lugar donde desaparecer del ruido del éxito masivo en España —eran la pareja de oro de la música—. Encontraron en la zona de Mahón y los alrededores de Sant Lluís el equilibrio perfecto: una sociedad discreta que los trataba como a dos vecinos más, permitiéndoles ir a comprar el pan o al mercado sin ser asediados. Poseen una casa que es un auténtico oasis de paz. No es una mansión ostentosa de estilo marbellí, sino una construcción que respeta la arquitectura menorquina —con paredes blancas, persianas verdes o azules—.
Es el lugar donde han criado a sus hijos, David y Marina, y donde ahora disfrutan de su faceta como abuelos. La casa es el centro de operaciones de la familia cada verano. Ana Belén y Víctor Manuel han sido siempre defensores del modelo de isla que es Menorca (Reserva de la Biosfera). Se les ha visto integrados en la vida social de la isla, apoyando el comercio local y la protección del litoral. Además, allí, durante décadas han coincidido con otros intelectuales de la música como Joan Manuel Serrat. Es muy común ver a la familia completa en las fiestas de la Mare de Déu de Gràcia en Mahón. Ana Belén ha confesado en entrevistas que ver los «jaleos» —los caballos saltando entre la multitud— es una de las experiencias que más la conectan con la energía de la isla.

A sus 42 años, Marina San José atraviesa una etapa de plena madurez personal y profesional, consolidada como una de las actrices más respetadas de la escena teatral española, logrando algo que no era fácil: que se hable de ella por su talento y no solo por ser «la hija de Ana Belén y Víctor Manuel». Aunque la hemos visto en televisión —gracias a su papel en Amar en tiempos revueltos o su paso por MasterChef celebrity—, Marina ha centrado su vida actual en las tablas. Está volcada en producciones teatrales de gran calado, alternando clásicos con dramaturgia contemporánea. Se la considera una actriz de pico y pala, que prefiere las giras por teatros de toda España a la exposición mediática vacía.
Marina vive en Madrid, pero mantiene un perfil bajo que roza el anonimato voluntario. Es extremadamente celosa de su intimidad. Se sabe que comparte su vida con su pareja desde hace años, pero huye de las exclusivas y de los eventos de alfombra roja que no tengan que ver estrictamente con su trabajo. Además, en cuanto su agenda teatral se lo permite, huye a la casa familiar en la isla. Allí practica una vida casi contemplativa: largos paseos por el Camí de Cavalls, lectura frente al mar y reuniones con el grupo de amigos que ha mantenido desde la infancia en la isla. En las redes sociales muestra una faceta más natural; le encanta la gastronomía, la decoración y la fotografía.
