Alba Carrillo, 39 años: «En mi pueblo de Ávila no tengo rutina; me levanto y voy al huerto a por tomates»
La presentadora de TEN pasa sus veranos en su casa de Nava del Barco, que ella misma compró y decoró hace años

Alba Carrillo, en una imagen de archivo. | Gtres
Alba Carrillo siempre se ha considerado como una mujer sin guion, que improvisa en mucho de los actos de su vida. Aunque eso sí, hay algo inmovible todas las mañanas; su rutina. Desde hace mucho tiempo, la presentadora de TEN mantiene unas rutinas estrictas por el bien de su hijo Lucas, quien ya tiene 14 años y nació de su relación con el expiloto Fonsi Nieto. Como ella misma ha contado, se despierta pronto por la mañana —concretamente a las siete—, desayuna un café —de lo que se ha confesado adicta— y prepara el uniforme. Durante el día, cumple con sus distintos compromisos profesionales, entre los que se encuentran los photocalls y, también, su presencia en el programa de El sótano, en TEN, donde lleva las riendas del formato desde hace algo más de un mes.
«Me levanto a las siete de la mañana, preparo el desayuno, los uniformes y soy un poco sargento. Mi vida es muy de barrio, muy de llevar al niño al cole e ir al mercado», ha contado en alguna que otra ocasión. Para ella, como comentábamos, el ritual del café es algo sagrado. «Sin café no soy persona, necesito ese momento de silencio antes de que empiece el caos», ha comentado. Alba es una apasionada de la cosmética (ha colaborado con varias marcas) y sigue pasos muy estrictos, especialmente para combatir el estrés en la piel también a primera hora de la mañana.
Alba Carrillo y su rutina en su pueblo, Nava del Barco
Aunque eso sí, para ella la clave es irse a dormir con la cara totalmente limpia. «Yo no me acuesto sin desmaquillarme aunque venga de una fiesta en el fin del mundo. Es mi religión», ha explicado. Así, cuando se levanta, lo único que tiene que hacer es «limpieza, sérum de vitamina C y, por favor, protección solar. Si no te pones protección, lo demás no sirve para nada». Durante el día, además, Alba suele cuidar bastante lo que come. «Como de todo, no me privo. Me encanta cocinar, sobre todo platos de cuchara. Mi madre me ha enseñado que una buena lenteja te arregla el día», ha relatado alguna vez. Sí que es cierto que tiene un pecado; el chocolate. «A mí que no me quiten el chocolate. Soy una ansiosa del dulce cuando tengo estrés», comentó en una ocasión.
A diferencia de otros perfiles de Instagram, Alba ha sido muy honesta sobre su pereza para el gimnasio, aunque ahora lo integra por bienestar. Y es que, para ella, entrenar su cuerpo no es algo que le motive y lo hace solamente «porque lo necesito para la cabeza, para soltar adrenalina. Pero no me verás haciendo pesas con una sonrisa, voy porque sé que después me siento mejor». Y es que su verdadera rutina es «andar por el monte, ahí es donde quemo lo que me sobra de la mente». Sí que es cierto que lo que más ocupa su día a día es la lectura.
«Me levanto, me pongo las botas y voy al huerto de mi madre»
Es más, ha admitido que su momento favorito es «cuando Lucas ya está dormido. Me meto en la cama con un libro y desconecto del móvil. Necesito silencio total». En todos estos años, además, por su trabajo ha aprendido a «priorizar el descanso. Antes trasnochaba más, pero ahora si no duermo mis horas, al día siguiente soy un monstruo». Aunque eso sí, lo que más le apasiona es su rutina de pueblo. «Allí mi rutina es no tener rutina. Me levanto, me pongo las botas, voy al huerto de mi madre, cojo cuatro tomates y soy la mujer más feliz del mundo. El lujo no es un bolso, es poder estar en pijama en el pueblo», ha añadido.
Alba ha pasado la mayor parte de su vida en Nava del Barco, un bonito pueblo de Ávila de donde es su familia. Está situado en plena Sierra de Gredos, cerca de la zona de El Barco de Ávila. Es un paisaje de montaña, verde y frío, famoso por sus aguas cristalinas y su aire puro. Además, está rodeado de gargantas naturales y charcas de agua helada donde Alba suele bañarse en verano, algo que ella describe textualmente como «una limpieza de alma». Uno de los hitos más importantes para Alba fue comprarse su propia casa en el pueblo hace un par de años. Ella misma se encargó de la decoración, buscando un estilo rústico pero chic —a través de papeles pintados con flores, muebles de madera recuperados y mucha luz—.

La casa tiene acceso a zonas donde ella y su madre, Lucía Pariente, cultivan sus propios productos. Es muy habitual verla en redes sociales orgullosa de sus calabacines, tomates y manzanas. Para Alba, Nava del Barco no es un lugar de vacaciones, es su terapia. «En el pueblo soy simplemente Alba, la nieta de mi abuela. Allí nadie me juzga por lo que digo en televisión ni me preguntan por mis ex», ha confesado. También ha destacado la importancia de que su hijo Lucas crezca con esos valores. «Quiero que mi hijo sepa lo que es subirse a un árbol, mancharse de barro y saber que la comida no sale de un supermercado, sino de la tierra», ha comentado.
Alba ha hecho tanto por promocionar la zona que muchos de sus seguidores han empezado a visitar la Sierra de Gredos gracias a ella. Ella se siente una especie de embajadora del turismo rural, defendiendo siempre que «la verdadera calidad de vida está donde el móvil no tiene cobertura». En el pueblo, su madre, Lucía, es casi más famosa que ella. Lucía es una mujer de campo, muy práctica, y es quien realmente lleva el mando de las tareas más duras de la casa y el huerto, mientras Alba se encarga de la parte más estética y de disfrutar del silencio.
Así es Nava del Barco

Nava del Barco está situado a unos 1.143 metros de altitud, lo que le otorga un paisaje de alta montaña espectacular, pero también un clima duro —especialmente en invierno—. El pueblo es famoso por sus gargantas. La más conocida es la Garganta de Galín Gómez —o de los Caballeros—, que forma piscinas naturales heladas donde Alba suele bañarse. Desde el pueblo salen rutas hacia la Laguna de la Nava, un paraje de origen glaciar que es un espectáculo visual.
En invierno reina el silencio absoluto, pero en verano se transforma. Alba siempre destaca que allí es «una más» y que se siente protegida por la comunidad, donde todos se conocen por el nombre o el apodo familiar. La gastronomía también es otro de sus puntos fuertes. Las judías de El Barco son el producto estrella con Indicación Geográfica Protegida. La zona es rica en frutales. De hecho, Alba suele compartir fotos recogiendo manzanas directamente del árbol en el huerto de su madre. Alba no solo va a descansar, se integra en las fiestas como las de San Bartolomé, que se celebran el mes de agosto.
