El lado personal de Antonio Maíllo: superó un cáncer, nació en Lucena y un desamor que le marcó
El candidato no oculta su orientación sexual y abandonó la carrera de Derecho para estudiar latín y griego

Antonio Maíllo | Gtres
Antonio Maíllo, candidato de Izquierda Unida —IU— a presidir Andalucía, tras años alejado de la primera línea por motivos de salud, tiene una historia de vida que va mucho más allá de los mítines y los escaños: una familia artesana en un pueblo cordobés, una carrera universitaria abandonada a última hora, un cáncer superado, una ruptura sentimental y una identidad sexual que siempre ha llevado con absoluta naturalidad.
De Lucena a las lenguas clásicas: una vocación que desafió a sus padres
Maíllo nació el 2 de noviembre de 1966 en Lucena, en la provincia de Córdoba. Procede de una familia de tradición artesana, dedicada a la fabricación de aparejos para los animales de campo. Fue educado en la religión católica y creció en un entorno en el que sus padres albergaban la esperanza de verle convertido en abogado. Él, sin embargo, tomó otro camino: en el último año de la carrera de Derecho lo dejó todo para entregarse al estudio del latín y el griego. Una decisión que, según ha reconocido en más de una ocasión, le causó disgusto en casa pero que, a la larga, le hizo «muy feliz».
Se licenció en Filología Clásica por la Universidad de Sevilla y con 23 años aprobó las oposiciones de profesor de Educación Secundaria. Desde 1990 imparte latín en institutos públicos andaluces, una labor que nunca ha llegado a interrumpir del todo, ni siquiera en sus etapas de mayor actividad política. Domina además el inglés y el italiano, y ha participado en proyectos europeos con estancias académicas en Finlandia, Bulgaria e Italia. Su refugio personal está en Aracena, donde tiene su casa y donde, según él mismo ha contado, construye poco a poco una biblioteca que no faltará en clásicos.
Su capacidad como orador es uno de los rasgos que más le han diferenciado dentro de la política andaluza. Quienes le han visto actuar en el Parlamento de Andalucía destacan su dominio de la palabra y su solidez argumentativa, virtudes que probablemente arrancan de su formación en las lenguas clásicas. Se define a sí mismo como «senequista y aristotélico», con una visión optimista de la vida y una marcada estética personal. «Soy muy esteta. La belleza es mi gran pasión en toda su extensión», ha declarado.
El primer candidato gay a la presidencia de la Junta de Andalucía
Maíllo nunca ha ocultado su orientación sexual. En una entrevista con Vanitatis, el político cordobés habló con total normalidad de su condición homosexual y del papel que eso ha tenido en su trayectoria pública y privada. Es el primer candidato abiertamente gay a la presidencia de la Junta de Andalucía y, lejos de convertirlo en un asunto de debate, siempre lo ha tratado como algo que sencillamente forma parte de quién es.
«En Andalucía es un acto de normalidad que yo diga abiertamente que soy gay», afirmó en aquella entrevista. Y añadió que el mejor indicador de normalización es afrontarlo «como algo que forma parte de la vida», sin darle más protagonismo del que merece. Tampoco lo ocultó a los padres de sus alumnos, de quienes siempre se sintió, según sus propias palabras, «muy querido». Algunos estudiantes con una orientación sexual diferente a la mayoritaria le han reconocido como un referente, algo que él valora con emoción: «Para mí fue complicado decirlo en su día. Pero ahora lo vivo con gozo».
Maíllo señaló que pertenecer a una minoría le ha dado una perspectiva particular: «El saberte en minoría te hace desarrollar otros aspectos. Desarrollar más la tolerancia. Ser de minorías nos hace tener otra percepción, que no es ni de ostentación ni de ocultación». Su sueño, expresado con sencillez, es que en los institutos los jóvenes puedan darse la mano y besarse con naturalidad, independientemente de su identidad o la de su pareja. «Cuando llegue ese momento estaremos hablando de igualdad en lo cotidiano», sostuvo.
En cuanto a la derecha, Maíllo fue directo: consideró que a los políticos conservadores les resulta más difícil salir del armario por los tabúes de su entorno ideológico, y que eso genera «una cierta doblez moral» de la que, a su juicio, deberían liberarse.
El desamor y la vida sentimental
En el momento de aquella entrevista con Vanitatis, Maíllo acababa de romper una relación de cinco años. Lo contó sin rodeos y con una honestidad que le es característica. «El desamor es una frustración. Uno se empeña en dedicarle su mejor energía a un proyecto común y cuando no sale queda el desencanto. Forma parte de la vida», reflexionó. No mostró amargura, sino una actitud madura ante la ruptura: «No me arrepiento de haber formado parte de esa vivencia. Saldrán otros amores».
Quienes le conocen describen a Maíllo como una persona de carácter «mimosón», reflexiva y comprometida con causas sociales. Lejos de la imagen del político distante o calculador, se muestra como alguien que valora el contacto cercano, el debate honesto y la pasión por lo que hace. «A mí se me nota mucho cuando me creo algo. Soy muy apasionado y a los retos les dedico mucha pasión», reconoció.
La batalla contra el cáncer y el regreso desde las aulas
En 2016, mientras seguía activo en la política andaluza, Maíllo recibió un diagnóstico de cáncer de estómago. Durante años compaginó el tratamiento con sus responsabilidades públicas hasta que en 2019 tomó la decisión de apartarse. Lo explicó con claridad: «La política tiene que ser compatible con la vida». Dejó su cargo como coordinador de IU en Andalucía y su escaño como diputado autonómico para dedicarse a cuidarse y retomar su plaza como profesor de secundaria.
Fue un periodo de recogimiento, lejos de los focos. Durante esos años ejerció en institutos de Aracena y Sevilla, donde ocupó el cargo de Jefe del Departamento de Lenguas Clásicas y, más tarde, el de Jefe del Departamento FEI en el IES Martínez Montañés de la capital andaluza. En 2021 anunció que había superado definitivamente la enfermedad. Fue entonces cuando empezó a plantearse, de forma paulatina, la posibilidad de regresar a la primera línea.
Su regreso no fue precipitado. Cuando en 2024 se abrió el proceso interno para elegir al sucesor de Alberto Garzón al frente de IU, Maíllo se presentó con un discurso de integración y arraigo territorial. Ganó con claridad. Y en 2025, compatibiliza las últimas semanas del curso escolar con la campaña electoral, sin que ninguna de las dos actividades parezca restarle intensidad a la otra. Aún figura en su perfil de LinkedIn como profesor de latín de educación secundaria. Quizá porque, para él, las aulas y la política nunca han sido mundos opuestos, sino dos maneras distintas de construir lo mismo.
