Morante de la Puebla pone fin a su matrimonio: del Rolls Royce de su boda al corte de su coleta
El torero se ha divorciado de Elisabeth Garrido, con quien comparte dos hijas y después de 16 años

Morante de la Puebla | Gtres
Morante de la Puebla y su segunda esposa, Elisabeth Garrido, han puesto fin a su matrimonio después de dieciséis años de vida en común y dos hijas en común, María y Lola. La separación, que ha transcurrido con el hermetismo que siempre ha caracterizado la vida privada del torero sevillano, ha salido a la luz de la mano del periodista taurino Vicente Zabala de la Serna en su obra biográfica Memoria de Morante. El adiós y el regreso de un genio herido —Debate—, un libro que recorre en profundidad la trayectoria vital y profesional del diestro, con especial atención a los episodios más duros que ha atravesado en los últimos años.
Es precisamente Zabala de la Serna quien revela el divorcio en las páginas de su obra, con un pasaje que no deja lugar a dudas: «El maestro se ha divorciado de Elisabeth Garrido, con quien tiene dos niñas. La crisis de pareja ha pesado también en su ánimo». El autor precisa, no obstante, que la ruptura pertenece a la estricta intimidad del torero y que, por ese motivo, no entra en más detalles sobre las circunstancias que rodearon la separación.
Las primeras señales: octubre de 2025 y la coleta cortada en Las Ventas
Las alarmas comenzaron a encenderse el 12 de octubre de 2025, cuando Morante de la Puebla tomó una de las decisiones más sorprendentes de su carrera: cortarse la coleta de forma inesperada en la plaza de Las Ventas de Madrid. Aquel gesto, cargado de simbolismo en el mundo taurino, fue solo el inicio de una serie de revelaciones que fueron aflorando en las semanas siguientes.

Según recoge Zabala de la Serna, fue en el Hotel Wellington de Madrid, instantes después de ese corte de coleta, donde la madre del torero, Pepi Garrido, explicó que su hijo debía viajar a Lisboa para reunirse con su psiquiatra de confianza, el doctor Antonio Sampaio, con el objetivo de reajustar el tratamiento que venía siguiendo. Sin embargo, antes de partir hacia Portugal, el diestro haría una parada en La Puebla del Río, su localidad natal en Sevilla, donde tenía pendientes, en palabras del propio libro, «dolorosos asuntos personales por resolver». Era una referencia velada a lo que el autor confirmaría más adelante de forma explícita: el proceso de divorcio.
Dieciséis años de historia en común
Morante de la Puebla y Elisabeth Garrido se conocieron en 2009 en La Puebla del Río, el municipio sevillano del que el torero es toda una institución local. Un año más tarde, el 31 de octubre de 2010, celebraron su boda en una ceremonia civil celebrada en la Hacienda de Los Ángeles, en Alcalá de Guadaíra. La ceremonia fue discreta y contó con aproximadamente 150 invitados, entre los que apenas se encontraban unos pocos compañeros del mundo del toro, como Curro Vázquez y Luis Antonio Gaspar Paulita.

El torero llegó a la finca visiblemente nervioso y con ropa de sport, cambiándose de indumentaria una vez dentro. La novia, que en aquel momento estaba embarazada de tres meses, hizo su entrada en un Rolls Royce junto a su padre, quien también ejerció de padrino. Elisabeth lució un vestido de la firma Rosa Clará, confeccionado en voile de seda natural con cuerpo drapeado y corte imperio, complementado con un velo de encaje y un moño de marcado estilo andaluz.
La llegada de sus dos hijas consolidó el vínculo familiar. María nació en 2011 y Lola en 2013. La familia fijó su vida en La Puebla del Río, lejos de los focos mediáticos, en línea con la discreción que siempre ha buscado el torero en su esfera privada. Esta es la segunda separación matrimonial de Morante de la Puebla, quien anteriormente estuvo casado con Cynthia Antúnez, madre de su hijo mayor, José Antonio Morante júnior, futbolista vinculado al Betis.

Un divorcio sin gran reparto de bienes
Desde el punto de vista económico, la separación parece haberse resuelto sin excesiva complejidad. El único bien que la pareja compartía al cincuenta por ciento era una vivienda de dos plantas y menos de 150 metros cuadrados construidos en La Puebla del Río. El resto del patrimonio del torero ha estado siempre en manos del propio Morante o de sus sociedades, que controlan propiedades en La Puebla del Río, Coria del Río, Madrid y El Rocío, además de varias fincas rústicas y naves industriales.
El gran símbolo de ese patrimonio es la Huerta de San Antonio, una extensa finca cigarrera a orillas del Guadalquivir en la que el torero ha ido construyendo con los años un universo muy personal. En ella se encuentran salones para celebraciones, cuadras para caballos y burros, gimnasio, múltiples dependencias auxiliares e incluso un campo de fútbol de césped artificial. Muchas de las tierras colindantes están arrendadas para explotación agrícola. En el interior de la casa, Morante atesora objetos de gran valor sentimental y taurino, como el despacho original de Joselito el Gallo, adquirido en subasta, o los antiguos aparatos de gimnasia de Rafael de Paula.

La salud mental, el hilo conductor de los últimos años
El libro de Zabala de la Serna no solo desvela el divorcio, sino que traza un retrato honesto y descarnado de la batalla de Morante contra la depresión profunda y el trastorno disociativo, dolencias que han marcado profundamente su vida en los últimos años. El autor describe el difícil equilibrio al que se enfrenta el torero entre la necesidad casi terapéutica de volver a los ruedos y el desgaste emocional que la exigencia de la tauromaquia le provoca al mismo tiempo.
El propio entorno del diestro ha tenido que hacer frente a situaciones de gran preocupación. Su reciente baja en la plaza de Nimes, una cita importante de la temporada francesa, fue anunciada por motivos médicos relacionados con dolores en la caja torácica que le impedían respirar con normalidad. Fue sustituido por Juan Ortega tras el comunicado de la empresa de Simón Casas desde el Hôtel Chouleur. En temporadas anteriores, el torero pasó el invierno en Marinha Grande, en el centro-norte de Portugal, donde recibió un tratamiento que incluyó electrochoques y que, según recoge el libro, afectó a su memoria.
Con todo ese bagaje personal y médico a sus espaldas, la próxima gran cita de Morante está prevista para el 31 de mayo en Aranjuez, en la corrida de San Fernando, junto a Andrés Roca Rey y Pablo Aguado. Un cartel que muchos aficionados ya consideran el mejor del año y que el mundo del toro espera con una mezcla de ilusión e incertidumbre, sabiendo que cada aparición del maestro sevillano es, hoy más que nunca, un acontecimiento irrepetible.
