Marlaska: «Mi infancia fue la de un niño de una familia media; mi padre era policía municipal en Bilbao y un hombre serio, pero muy protector»
El ministro de Interior escribió su propio libro 'Ni pena ni miedo', donde relató cómo fueron sus primeros años de vida

Marlaska, en una imagen de archivo. | Reuters
Fernando Grande-Marlaska captó, este mismo viernes, la atención de los medios de comunicación. El ministro del Interior atendió a la prensa para refundar su apoyo a la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, quien sí que se reunió con Leire Díez, a pesar de todas las veces que lo negó en estos últimos años. El político ha admitido que para él, lo importante es que Mercedes «no tuvo ningún contacto con Leire». Lo cierto es que, los últimos meses, se han desarrollado distintas polémicas que han puesto a Marlaska en el punto de mira de la polémica; de la muerte de los guardias civiles en nuestras costas a la devolución en caliente en la valla de Melilla. Pero ¿qué sabemos de su lado más personal?
Fue hace unos diez años cuando el ministro publicó su propio libro, Ni pena ni miedo, que vio la luz en 2016. Allí narra su lado más personal, su infancia y distintos detalles de su vida de los que casi no ha hablado en público. Marlaska nació en Bilbao a principios de los años 60, en el seno de una familia de clase media-trabajadora. Su padre trabajaba como policía municipal. «Mi infancia fue la de un niño de una familia media de los años sesenta y setenta, con un orden muy establecido. Vivíamos con comodidades básicas, pero sin ningún tipo de lujos. Lo importante en casa era estudiar», confesó en sus memorias.
La infancia de Marlaska en Bilbao

Su padre, Avelino, marcó su concesión del deber y el respeto por la ley. «Mi padre era policía municipal en Bilbao. De él aprendí el sentido de la responsabilidad, el respeto a las normas y el valor del trabajo diario. Era un hombre serio pero muy protector», relató. Además, sus primeros años de vida también estuvieron marcados por el colegio donde estudió, de los Jesuítas. «Aquello me dio una disciplina y una estructura mental que me han acompañado toda la vida. Tengo un gran recuerdo de mis años de colegio, allí fragüé mis primeras lecturas y mis grandes amigos de la infancia», contó.
En su infancia y en su adolescencia nunca hubo «referentes». «Crecías pensando que lo que te pasaba a ti no le pasaba a nadie más, o que era algo que debías ocultar. Tardé tiempo en verbalizarlo, sobre todo por el miedo a defraudar a mis padres, a los que adoraba», escribió en su libro. En un momento en el que también le marcó mucho el Bilbao de la época que era «una ciudad industrial, gris y severa», muy distinta «a la joya que es hoy». «Pero para mí tenía el encanto de los juegos en la calle y la ría. Guardo los olores y el sirimiri de aquella época clavados en la memoria», ha recordado.
«Mi padre era policía municipal en Bilbao»
Hijo de un policía municipal y una costurera, Marlaska se licenció en Derecho Económico por la Universidad de Deusto e ingresó en la carrera judicial en 1987. Tras pasar por juzgados de Santoña y Bilbao, su gran salto profesional se produjo en 2004, cuando se trasladó a Madrid. Sustituyó de forma interina a Garzón en el Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional, lo que le dio una enorme proyección pública. Su firmeza en la instrucción de causas contra el terrorismo y el entorno de ETA le convirtieron en un objetivo prioritario de la banda. En 2008 se descubrió que un comando operativo tenía órdenes de atentar contra él de forma inminente en su residencia de vacaciones.
Llegó a presidir la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y en 2013 fue elegido vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a propuesta del Partido Popular. En junio de 2018, de forma totalmente inesperada, el presidente Pedro Sánchez lo fichó como ministro del Interior. Al frente de una de las carteras más complejas del Gobierno, ha gestionado desafíos de alta sensibilidad como la política penitenciaria —el acercamiento de presos de ETA—, el control migratorio en las fronteras de Ceuta y Melilla, y la seguridad ciudadana durante la pandemia.

Marlaska se convirtió en un referente de los derechos civiles al ser uno de los primeros altos magistrados de España en visibilizar abiertamente su homosexualidad. Sin embargo, el camino no fue sencillo. «Con 35 años le dije a mi madre y a mis hermanas que era gay. Mi madre estuvo 15 días sin salir de casa y 6 años sin hablarme porque no aceptaba a mi marido Gorka», contó el propio ministro. Conoció a su marido, que es filólogo, en un bar de Bilbao en 1997. La atracción fue tan inmediata que a la semana ya vivían juntos. Se casaron en 2005, el mismo año en que se aprobó el matrimonio igualitario en España.
Su libro autobiográfico
Antes de conocer a Gorka, Marlaska había iniciado en solitario un proceso de adopción. Sin embargo, al formalizar su relación, decidió renunciar a su deseo de ser padre porque su pareja no quería tener hijos. En 2006, una extensa e íntima entrevista concedida a la escritora Rosa Montero en El País Semanal supuso su confesión definitiva a nivel nacional, convirtiéndose desde entonces en una cara visible del activismo y de campañas de concienciación social. Apasionado del deporte, amante de los animales —tiene perros y es un firme defensor de sus derechos— y residente del céntrico barrio madrileño de Chueca, plasmó todas estas vivencias en su libro autobiográfico de 2016, cuyo título define su filosofía vital: Ni pena ni miedo.

Su marido Gorka es licenciado en Filología y ha ejercido como profesor. Siempre ha mantenido un perfil profesional y personal extremadamente discreto, totalmente alejado del foco mediático y de la actividad política de su esposo. Como decíamos, se conocieron en un bar de Bilbao en el año 1997. Según ha relatado el propio ministro en varias ocasiones, el flechazo fue tan intenso que apenas una semana después de conocerse ya se habían ido a vivir juntos. Se casaron en octubre de 2005, pocos meses después de que en España se aprobara la histórica ley del matrimonio igualitario bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Fue una ceremonia íntima.
Su relación provocó inicialmente un fuerte distanciamiento entre Marlaska y su madre, quien tardó más de seis años en aceptar la homosexualidad de su hijo y su relación con Gorka, un proceso doloroso que el ministro plasmó en sus memorias. Con el tiempo, la situación se recondujo y Gorka acabó siendo uno más en la familia. Residen en Madrid junto a sus perros. Quienes los conocen describen a Gorka como el gran pilar emocional, el ancla a la realidad y el refugio de Marlaska para desconectar de la altísima presión que exige el Ministerio del Interior.
