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La difícil infancia de Mette-Marit: un padre alcohólico y un divorcio como punto de inflexión

La princesa de Noruega siempre ha reconocido que su niñez no fue sencilla debido al alejamiento de su progenitor

La difícil infancia de Mette-Marit: un padre alcohólico y un divorcio como punto de inflexión

La princesa Mette-Marit | Gtres

La princesa Mette-Marit, la futura consorte de Noruega, ha reconocido públicamente en varias ocasiones que su infancia estuvo ensombrecida por una realidad que durante años prefirió mantener en silencio ante sus propios amigos: el alcoholismo que padecía su padre. Según ha explicado la propia Mette-Marit, su padre estuvo presente en lo físico durante su niñez, pero la distancia emocional que generaba su enfermedad hizo que el vínculo fuera frágil desde el principio. Esa figura paterna a la vez cercana y lejana es la que la princesa ha descrito como uno de los factores que modelaron su carácter más reservado e introvertido.

«Siempre sentí que tenía algo que esconder cuando era pequeña porque mis amigos no sabían que mi padre era alcohólico», confesó la princesa en unas declaraciones que han circulado ampliamente. Esa sensación de llevar una carga invisible, de sostener una apariencia de normalidad mientras en casa la situación era muy diferente, dejó una huella que ella misma reconoce que ha condicionado su forma de relacionarse con los demás a lo largo de los años.

Pese a que Mette-Marit siempre muestra cercanía en todas sus apariciones públicas, para ella no ha sido fácil mantener una compostura en la que muestre simpatía y una responsabilidad institucional. Esto es debido a que situaciones difíciles vividas durante su infancia y juventud son las que le han generado dificultades a la hora de relacionarse con los demás: la frialdad. Ella misma lo ha explicado en varias ocasiones. Durante su niñez, su padre, que estuvo ausente en lo emocional, hizo que Mette-Marit se expresase desde la rigidez para mostrar sus sentimientos.

Mette-Marit. Gtres

El divorcio de sus padres y el alejamiento definitivo

Cuando Mette-Marit tenía alrededor de once años, sus padres pusieron fin a su matrimonio. Aquel divorcio supuso un punto de inflexión en la relación con su progenitor: a partir de ese momento, el contacto entre ambos se fue diluyendo progresivamente, y la figura del padre quedó reducida a algo difuso y distante en la memoria de la princesa.

En 2007, su padre falleció tras varios años aquejado de un cáncer de pulmón. A pesar de que la relación entre ambos había sido complicada y discontinua, su muerte sumió a Mette-Marit en un duelo profundo. La pérdida de un padre con quien nunca pudo tener la relación que hubiera deseado añadió una capa adicional de dolor a una pérdida que, en cualquier caso, resultó difícil de sobrellevar.

La princesa Mette-Marit y el príncipe heredero Haakon de Noruega, en un evento público el 9 de septiembre de 2025. | Europa Press

Una llegada a la realeza marcada por la presión y la crítica

Mette-Marit contrajo matrimonio con el príncipe heredero Haakon de Noruega en 2001, en una ceremonia que fue seguida con enorme expectación dentro y fuera del país. Los dos se habían conocido a finales de la década de los noventa, durante el Festival Quart celebrado en Kristiansand, donde amigos en común los presentaron. Desde aquellos primeros encuentros, ambos supieron que entre ellos había algo especial.

Sin embargo, su entrada en la institución monárquica noruega no fue tranquila. El hecho de que Mette-Marit tuviera un hijo, Marius, fruto de una relación anterior con Morten Borg, generó un intenso debate en la sociedad noruega y dentro de los círculos más conservadores de la monarquía. Que el heredero al trono se casara con una mujer con ese pasado fue considerado por muchos un escándalo. El amor, no obstante, se impuso a los prejuicios.

Marius Borg y Mette-Marit. Gtres

La propia Mette-Marit ha hablado sin rodeos sobre lo que supuso aquel período inicial junto a Haakon. En el programa noruego The Kass Furuseth, la princesa reconoció: «Hay algunos períodos en la vida, quizá en mi primera fase con Haakon, en los que todavía no puedo pensar sin tener que vomitar porque fue muy duro, había mucha presión y llegué sin ninguna experiencia». En ese mismo espacio también admitió que llegó a sentir pena por sí misma y que los constantes juicios públicos afectaron seriamente a su autoestima, algo que, según ha reconocido, sigue siendo un asunto sensible para ella hoy en día.

Una enfermedad que avanza y una vida pública cada vez más limitada

Al peso de ese pasado se suma hoy una realidad médica muy exigente. Desde 2018, Mette-Marit padece una fibrosis pulmonar crónica que ha ido limitando progresivamente su capacidad para cumplir con sus obligaciones institucionales. La enfermedad ha avanzado hasta el punto de que la princesa ha aparecido recientemente en actos públicos con un respirador, una imagen que ha evidenciado ante la opinión pública la gravedad de su situación.

Mette-Marit. Gtres

Según informó la Casa Real noruega, Mette-Marit ha sido incluida en la lista de espera para recibir un trasplante de pulmón, un procedimiento que se considera necesario dado el deterioro de su estado de salud. La intervención, de alta complejidad y riesgo, es en estos momentos la principal esperanza para frenar el avance de la dolencia.

La sombra del caso Marius y la conexión con Epstein

El difícil presente de Mette-Marit no se agota en su salud. La princesa atraviesa también uno de los momentos más delicados desde el punto de vista familiar e institucional por el proceso judicial que enfrenta su hijo mayor, Marius Borg Høiby, quien se enfrenta a una petición fiscal de siete años y siete meses de prisión tras ser acusado de 40 delitos, entre ellos cuatro violaciones.

A todo ello se añade que, a principios de año, la princesa decidió apartarse temporalmente de sus responsabilidades institucionales tras salir a la luz informaciones que la vinculaban con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. Una decisión que generó críticas y que, según diversos analistas, ha tenido consecuencias para la imagen de la corona noruega.

Más de dos décadas después de su boda, Mette-Marit sigue siendo una figura que genera tanto admiración como debate. Su disposición a hablar sin filtros sobre su infancia, sus inseguridades y sus miedos la distingue de la mayoría de las consortes reales europeas. Una valentía que nació, precisamente, de haber aprendido desde pequeña a cargar en silencio con lo que otros no sabían.

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