Silvia Intxaurrondo, sobre la vida de sus padres en Santurce: «Siempre fueron muy humildes; lo fiaron todo en mi educación y la de mi hermano»
La presentadora de 'La hora de La 1' se crio en una pequeña localidad muy cercana a la ciudad de Bilbao

Silvia Intxaurrondo, en una imagen de archivo. | Gtres
Silvia Intxaurrondo se crio en la localidad de Santurce, a muy pocos kilómetros de Bilbao. Su padre vino al mundo en un pueblo muy pequeño de Vizcaya que, además, ha servido de inspiración para la presentadora de La hora de La 1 para alguna de sus novelas. Mientras tanto, su progenitora nació en Aragón. En las ocasiones en las que Intxaurrondo ha hablado con la prensa, la periodista ha aprovechado para deshacerse en halagos hacia sus padres, a quienes les considera los grandes pilares de su vida. «En mi casa se hizo un esfuerzo tremendo para que mi hermano y yo fuéramos a la universidad. Yo soy la primera generación de universitarios de mi familia, y mis padres lo fiaron todo a nuestra educación», comentó en una entrevista a Vanity Fair.
«Desde el primer momento supe que no podía fallar. Esto es algo que siempre tuve claro. Pero tampoco hizo falta que nadie me dijera: ‘Silvia, no puedes fallar’, yo viví el esfuerzo que se hacía en mi casa», ha relatado. Es más, su familia, proveniente de Baracaldo, siempre ha sido «muy trabajadora» y «humilde», donde se respiraba un ambiente «de mucho respeto». «Lo que soy se lo debo a ese empeño que pusieron en que saliéramos adelante a través del estudio», confesó la propia Silvia.
La infancia de Silvia Intxaurrondo en Santurce
Aunque nació en Baracaldo en octubre de 1979, Silvia Intxaurrondo pasó su infancia y se crió en Santurce (Vizcaya), una localidad costera de fuerte tradición pesquera e industrial que ha marcado profundamente su identidad y sus valores. Para Silvia, el paisaje de su infancia está indisolublemente unido al Cantábrico. Ha recordado en varias ocasiones su niñez rodeada por el mar, el puerto pesquero, las gaviotas y la vida activa de lo que define como «un pueblo humilde que ha trabajado mucho». Este entorno le inculcó desde pequeña un fuerte sentido de pertenencia y arraigo a sus raíces vascas.
Crecer en el seno de una familia trabajadora y humilde moldeó su carácter desde muy temprano. En su casa se respiraba un ambiente de mucho respeto, sencillez y, sobre todo, una cultura del esfuerzo absoluto. Sus padres decidieron apostarlo todo a la educación de Silvia y de su hermano como la mejor herramienta de superación. Al ver los sacrificios económicos que se hacían en su hogar, Silvia asumió una gran responsabilidad desde niña y creció con la firme convicción de que debía aprovechar al máximo los estudios y de que «no podía fallar», como ya contamos en THE OBJECTIVE.
«No podía fallar»
Una figura clave en su niñez fue su abuelo materno, Escolástico Alcaine. Natural de Sástago (Zaragoza), llegó de niño a Santurce buscando oportunidades tras perder a su madre. Su abuelo fue quien le llenó la infancia de relatos nostálgicos sobre el río Ebro y su pueblo natal. Estas conversaciones no solo estrecharon su vínculo con Aragón, sino que sembraron en ella el gusto por escuchar historias y el deseo de superación. Durante gran parte de su niñez, el sueño de Silvia no era ser periodista, sino pediatra. Sin embargo, la realidad internacional terminó cambiando el rumbo de su vida a los 14 años, al final de su infancia: tras quedar profundamente impactada al ver reportajes de televisión sobre la guerra —en pleno conflicto de Bosnia—, decidió que su verdadera vocación era dedicarse al periodismo de información internacional.
La educación que los padres de Silvia Intxaurrondo le dieron estuvo profundamente marcada por la cultura del esfuerzo, el respeto y la confianza ciega en la formación como motor de superación. Para sus padres, los estudios no eran una opción secundaria, sino una prioridad absoluta. «Lo fiaron todo a nuestra educación», ha explicado la periodista en varias ocasiones. Sus padres entendían que la universidad y el conocimiento eran las herramientas definitivas para que sus hijos tuvieran un futuro con mayores oportunidades que las que ellos tuvieron. Por eso, orientaron todos los recursos y esfuerzos económicos de la casa hacia ese objetivo.
Una de las características más particulares de la educación que recibió es que sus padres nunca le exigieron notas altas de forma autoritaria ni la presionaron explícitamente. No hacía falta. El método educativo de sus padres fue el ejemplo diario: al ver el tremendo sacrificio que se hacía en su hogar de Baracaldo y Santurce, Silvia interiorizó la responsabilidad por iniciativa propia. Sus padres le dieron la libertad y la confianza, y ella respondió con autoexigencia.
Una familia «humilde y trabajadora»
Sus padres le transmitieron un ambiente de «mucho respeto» y humildad. A través de la convivencia y de las historias familiares como las raíces aragonesas de su madre o el entorno rural de su padre en Vizcaya—, la educaron en el respeto a sus orígenes, el valor del trabajo y la empatía. Esta base familiar fue la que, según la propia Silvia, moldeó su carácter riguroso, tenaz y comprometido a la hora de ejercer su profesión. Cuando tuvo la edad suficiente, Silvia se marchó a estudiar a Navarra, donde se formó en Periodismo.
Luego, se trasladó hasta Madrid, donde se formó en Filología Árabe, ya entrada la madurez. Comenzó a trabajar haciendo prácticas en la cadena SER, concretamente en Hoy por hoy, que, en ese momento, estaba presentado por Iñaki Gabilondo. Ahí estuvo durante cuatro años. En 2005 pasó a CNN+ para presentar los informativos. También, llevó las riendas del formato de actualidad, Hoy. Desde 2011 hasta mediados de 2012 formó parte de la mesa de trabajo de la W Radio de Colombia en las mañanas. Luego, se marchó, de nuevo, al País Vasco, concretamente a la ETB.
En septiembre de 2015 regresó a Cuatro donde se hizo cargo del programa de debate sobre actualidad, Un tiempo nuevo. Luego, presentó las noticias del fin de semana de Telemadrid. En 2021 se incorporó a la cadena pública y a La hora de La 1 junto a Marc Sala, quien acabó dejando el formato. Desde hace años, Silvia está casada con Farouk, a quien conoció en la universidad y con quien ha fundado su propia agencia de Comunicación. Ambos son padres de dos hijos.
