El petróleo y EEUU ayudan a la economía en Venezuela (y al chavismo)
Petroleras de talla mundial y firmas medianas exploran oportunidades de inversión, mientras llegan a Caracas

Delcy Rodríguez. | EP
Venezuela vive hoy una nueva fiebre de inversiones que prometen abrir una nueva era en el negocio de los hidrocarburos, justo cuando el mundo necesita más petróleo y gas y el chavismo busca aferrarse al poder.
Petroleras de talla mundial y firmas medianas exploran oportunidades de inversión, mientras sus ejecutivos llegan a Caracas para firmar acuerdos con el gobierno de Delcy Rodríguez. Ingenieros y técnicos visitan y evalúan las tradicionales zonas petroleras que han estado olvidadas o trabajando a media máquina desde 2013.
Desde la salida de Maduro del poder, Delcy, ficha de Washington, ha accedido a abrir de nuevo la industria petrolera, facilitar inversiones privadas internacionales y nacionales, flexibilizar el régimen tributario y de regalías y a darle prioridad a empresas de Estados Unidos y Europa.
«Transmitan al presidente Trump, que es un hombre de acción, díganle que aquí hay hombres y mujeres de acción, pero también de palabra. Nosotros hemos empeñado nuestra palabra en construir bases sólidas en relaciones a largo plazo entre Estados Unidos y Venezuela», dijo Delcy esta semana en un acto en el palacio de gobierno de Miraflores, donde abrazó a más ejecutivos petroleros que firmaron ambiciosos acuerdos de inversión.
Delcy recibió a Jarrod Agen, director ejecutivo del Consejo Nacional de Dominio Energético de la Casa Blanca. Según Agen, estas inversiones en petróleo, gas y minería se están moviendo «a la velocidad de Trump» para que se concreten. Firmaron nuevos acuerdos en petróleo y gas para proyectos en el estado oriental de Monagas y en el sureño Barinas, entre la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y las firmas Overseas Oil Company y Crossover Energy Holding, por valor de 2.000 millones de dólares.
Una nueva reforma a la Ley de Hidrocarburos fue aprobada a las prisas a finales de enero, cuando todavía casi eran visibles los restos humeantes de los bombardeos de la operación militar de Donald Trump para capturar a Maduro. El heredero de Hugo Chávez había dado continuidad a políticas socialistas estatizadoras, controladoras y nacionalistas que aceleraron la caída de la economía hasta hacerla perder tres cuartas partes de su tamaño.
Durante los últimos años también hundieron a PDVSA, que era el motor de la economía nacional y hasta la llegada de Chávez al poder era la cuarta mayor empresa petrolera del mundo, según índices compuestos de la época, como el de Petroleum Intelligence Weekly. El chavismo la convirtió en la caja chica del régimen populista; el propio Chávez despidió a unos 18.000 empleados, incluyendo gerentes, ingenieros y técnicos de los más capacitados cuando la empresa se levantó en su contra.
Después serían designados militares sin preparación en la dirección de PDVSA; gestiones plagadas de ineficiencia y corrupción determinarían que cinco de sus seis expresidentes fueron procesados por cargos de presunta corrupción.
Chávez expulsó a grandes petroleras que habían regresado al país en los años 90 y frustró una apertura que había incluido licitaciones de promisorias áreas con yacimientos de crudo y gas; también se habían construido refinerías, llamadas mejoradores, para hacer comercial el extra pesado crudo del oriente del país.
La debacle se completó por la falta de inversiones para compensar la declinación natural de los yacimientos, ni se diga para aumentar la producción; graves accidentes en instalaciones, derrames de crudo en mar y tierra y falta de personal capacitado hundieron a Pdvsa, que hoy solo produce poco más de la mitad del crudo venezolano.
El resto está en manos de firmas como Chevron, y más lejos Repsol, ENI y varias firmas desconocidas que firmaron acuerdos con el chavismo desde antes de la caída de Maduro.
La honda crisis energética del país, con escasez de combustible y cortes constantes de electricidad, ha maniatado a toda la industria petrolera y las sanciones -que desde hace 10 años ha impuesto Estados Unidos– se han sumado en esta concatenación de hechos que hundieron a la industria petrolera y a toda la economía venezolana.
Ahora el propio Trump promete revertir esta debacle con inversiones masivas de empresas estadounidenses. Maduro había recurrido a sus bien dispuestos aliados ideológicos: Irán, China y Rusia para remendar la industria, pero estas alianzas apenas lograron atenuar la escasez de gasolina y diésel y nunca elevaron mucho la producción.
Desde que derrocó a Maduro y estableció un gobierno tutoreado, EEUU emite licencias para operar en la industria petrolera venezolana y prohíbe inversiones de empresas de esos países adversarios.
Nueva fiebre petrolera en Venezuela
En otro acto esta semana, Delcy también firmó con ENI, de Italia, lo que calificó como «el acuerdo productivo petrolero más auspicioso que se haya firmado con empresa alguna en nuestra historia». Recibió al presidente ejecutivo de ENI, Claudio Descalzi, y anunciaron que la firma italiana ampliará sus operaciones en el campo Junín-5, que tiene reservas por 35.000 millones de barriles y de donde se propone extraer 75.000 bpd en el corto plazo.
ENI además es socia en Venezuela de Repsol en un gigantesco campo de gas natural en aguas del occidental estado Falcón, y tiene intereses en una planta de metanol. La sucesora de Maduro también firmó acuerdos con la British Petroleum, que regresa para explotar campos de gas natural en la plataforma del oriental estado de Delta Amacuro, frente a aguas de Trinidad.
El día 30 en una autopista de Caracas ante unos centenares de seguidores la encargada cerró una «peregrinación» que con visos de campaña electoral anticipada la llevó a recorrer el país desde el 19 de abril, junto a su hermano Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional) y el poderoso ministro del Interior, Diosdado Cabello.
El llamado oficial de ese recorrido ha sido pedir el fin definitivo de las sanciones de Estados Unidos (impuestas durante varios años en represalia a los alegados atentados contra la democracia y los Derechos Humanos). Pero todos saben que Delcy está en campaña electoral, aunque esta semana respondió a periodistas de medios de EEUU, que viajaron con los petroleros, «no sé, algún día», cuando le preguntaron cuándo habrá elecciones presidenciales.
Mientras, los partidos de oposición y organizaciones de la sociedad civil elevan sus presiones para que haya un proceso electoral inmediato, pues alegan que hay una ausencia absoluta en la presidencia, no solo porque Maduro no está, sino porque el origen de su cargo era ilegítimo tras el denunciado fraude electoral de julio de 2024. En esta caravana por el país y en todos los actos de masa, ya el chavismo ha desterrado el sangriento rojo de la revolución bolivariana, escasean las imágenes de Chávez así como las pancartas y coros por la liberación de Maduro.
«Con la verdad en la mano, con los trabajadores petroleros, petroquímicos y gasíferos, podamos decirle a Venezuela, aquí vamos, nunca nos rendimos, nunca desistimos», proclamó Delcy el 30 de abril, cuando en medio de presiones de empleados públicos ordenó elevar el ingreso mínimo de los trabajadores a 240 dólares por mes y las pensiones a 70 dólares.
También afirmó, en una reunión con los ejecutivos petroleros de EEUU, que a finales de este año la producción de petróleo alcanzará 1,4 millones de barriles por día. Sería un salto espectacular, comparado con los 943.000 bpd que, según las fuentes secundarias recabadas por la OPEP, produjo el país al cierre de 2025. Esto le dará más caja al gobierno en momentos de fuertes alzas en los precios mundiales del crudo.
Ahora todo dependerá de la velocidad en que se concreten estos anuncios y llegue el dinero, en una apertura que según ejecutivos de la industria es la más ambiciosa de la historia reciente de Venezuela, incluso más amplia que la de los años 90.
