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La Mostra de Venecia aspira a reavivar una industria del cine que «no puede permitirse seguir bloqueada»

La Mostra de Venecia aspira a reavivar una industria del cine que «no puede permitirse seguir bloqueada»

MANUEL SILVESTRI | Reuters

Hace solo dos meses el Festival de Venecia pendía de un hilo por la pandemia. Sin embargo, finalmente resistió y arrancará el miércoles con la ambición de reactivar un sector, el del cine, que «no puede permitirse seguir bloqueado», según explica en una entrevista con Efe el director del certamen, Alberto Barbera. «Hemos decidido celebrarlo de todos los modos porque creemos necesario lanzar una señal de optimismo y solidaridad con la industria del cine. Es hora de reabrir porque no podemos permitirnos permanecer confinados durante mucho tiempo», sostiene a pocos días del comienzo de la Mostra más inédita que se recuerda.

Por qué es importante: el virus no ha logrado detener al festival de cine internacional más antiguo del mundo, instituido en 1932, aunque estuvo a punto, pero lo cierto es que influirá fuertemente en su celebración.

El director, enredado en la vorágine de los preparativos finales, no esconde los desvelos que vivió en las últimas semanas al ver que su festival podría acabar suspendiéndose, siguiendo la suerte de algunos de sus más directos competidores, como el francés de Cannes. En concreto hasta finales de mayo se imponía el pesimismo y todo parecía apuntar que no sería posible. «Solo a finales de mayo, cuando se redujeron las medidas de confinamiento (en Italia) empezamos a comprender que la situación mejoraba», rememora.

La duda entonces era si merecería la pena celebrar este certamen con menos películas y estrellas, habida cuenta del elevado coste organizativo y financiero que conlleva. Y a mediados de junio se apostó por seguir adelante pero, eso sí, aplicando estrictos protocolos de seguridad. Ahora todo está listo y Venecia aspira a lanzar un mensaje de optimismo, dejar claro que se puede seguir disfrutando del cine si se respetan las indicaciones sanitarias al pie de la letra, pues su porvenir depende de cómo se adapte a este contexto imprevisto.

«Creemos que se puede hacer. Esperamos que el festival pueda convertirse en una suerte de laboratorio en este sentido, que sirva como ejemplo para otros, que pueda ser la demostración de que si se respetan todas las medidas y protocolos se puede comenzar a volver al cine y a grabar películas», defiende. Pues el futuro del Séptimo Arte, apostilla, depende también de que logre adaptarse a esta nueva normalidad. Así, la idea es defenderlo y perseverar en celebrarlo justo cuando vive uno de sus momentos más aciagos, con salas cerradas y producciones suspendidas en todo el mundo.

Por lo tanto este año cabe esperar una Mostra «muy diferente a la habitual», adelanta Barbera. La mascarilla, la distancia y por supuesto la desinfección estarán a la orden del día, pero solo así se ha logrado mantener las proyecciones o la alfombra roja. Una de las cuestiones más comentadas es la ausencia de Hollywood, pues no se esperan grandes estrellas en el Lido veneciano como en las ediciones pasadas, siempre impregnadas de glamour.

El director Barbera reconoce que este ha sido un precio a pagar con tal de celebrar el certamen porque las grandes productoras como Netflix prohíben a sus directores y actores viajar por el riesgo de contagio de coronavirus, lo que supondría paralizar los rodajes. Además la incertidumbre sobre la celebración de Venecia hizo que «muchas» películas que aspiraban a competir por el León de Oro dieran marcha atrás y retrasaran su estreno, sobre todo títulos estadounidenses y franceses a la espera de que la tempestad amaine. Es el caso de los últimos trabajos de Sofia Coppola y de los franceses Léos Carax y Emmanuel Carrère, desvela Barbera.

América Latina ha gozado de gran peso en las últimas ediciones del festival pero este año no ha dado muchas propuestas y solo competirá por el máximo galardón el mexicano Michel Franco. Esto se debe, dice, a que el confinamiento en ese continente fue «más duro». En cualquier caso, a pesar de la sonada ausencia de las estrellas del cine, Venecia presume de haber ideado un festival auténticamente internacional, con representación de cincuenta países, más mujeres y una temática «a 360 grados» en sus 64 cintas seleccionadas.

La Selección Oficial, con dieciocho obras, está repleta de nombres de directores jóvenes pero «de gran calidad» que han visto en Venecia un trampolín para sus carreras y que demuestran, sostiene Barbera, que el cambio generacional está más que garantizado. «Es una señal positiva para el futuro del cine porque quiere decir que no está moribundo y que se está renovando, que hay nuevos autores preparados para sustituir a los grandes viejos maestros que poco a poco dejan de hacer películas», alega.

No obstante esta Mostra también contará con grandes figuras como las actrices Tilda Swinton o Frances McDormand y directores de la talla de Amos Gitai, Andréi Konchalovski o Pedro Almodóvar, que estrenará su primera obra en inglés, el corto La voz humana. «Este es un auténtico regalo de Pedro, tener su último trabajo es extraordinario, una señal de gran lealtad y confianza de Pedro hacia el cine de Venecia, además de ser un gesto de optimismo para el cine mundial», concluye agradecido.

 

Una entrevista de Gonzalo Sánchez.

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